CADIZ: LA LUZ DEL ATLÁNTICO

Recorrer los 120 km de la costa Atlántica de Cádiz es descubrir playas maravillosas, bonitos pueblos, lugares históricos, rica gastronomía y sobre todo esa luz que a tantos visitantes ha dejado enamorados.

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Nuestro viaje se inicia en Tarifa, ese lugar emblemático donde se encuentra el punto más meridional de la Península Ibérica, la Punta de Tarifa, que marca la divisoria de aguas entre el mar Mediterráneo y el océano Atlántico a través de los 14 km del Estrecho de Gibraltar, la menor distancia entre Europa y África.

El pueblo de Tarifa tiene su atractivo, tanto el casco antiguo como sus extensas playas, como los Lances y Valdevaqueros, azotadas constantemente por el viento y que actualmente son el paraíso de los surfistas y especialmente del kitesurf. 

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A unos 25 km de Tarifa y aún en su término municipal, encontramos la que quizá sea la mejor playa de toda la costa gaditana, la Ensenada de Bolonia, un extenso arenal con una inmensa duna de unos 40 m de altura y 200 m de profundidad, que acaba comiéndose un extenso pinar y que está catalogada como Monumento Natural de la Duna de Bolonia.  Subir a la cresta de la duna y contemplar el paisaje desde arriba es un entretenimiento que deja un recuerdo imborrable.

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Seguimos avanzando, pasando por las espléndidas playas de Zahara de los Atunes y llegando a la población de Barbate, conocida por su marisma en la desembocadura del río Barbate, junto al mismo pueblo, pero sobre todo conocida por su actividad pesquera y su importancia en la captura del atún rojo, el más preciado de todos, por el tradicional método de la pesca de almadraba.   Los atunes, acuden desde las aguas abiertas del Atlántico hasta la zona del estrecho a desovar y es cuando son capturados.  Es una actividad regulada y solo se pueden capturar los ejemplares grandes, los que pesan mínimo 250 kg.

En Barbate es obligatorio disfrutar de alguno de los numerosos restaurantes que preparan el atún de mil y una maneras, todas buenísimas y si puede ser, la época ideal es en mayo-junio, cuando se pescan los atunes.

Entre Barbate y nuestro siguiente destino, Caños de Meca, encontramos la única zona accidentada de todo este litoral.  Es el Parque Natural de la Breña, unos 8 km de pequeños acantilados colonizados por una densa vegetación, con los pinos llegando hasta la misma orilla del mar.  Es muy recomendable, como así lo hicimos nosotros, realizar este trayecto a pie.  Es fácil y está perfectamente señalizado, siendo la mejor manera de disfrutar de las impresionantes vistas del océano y del litoral.

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Caños de Meca es un lugar ideal para pasar alguna de las noches de nuestro viaje.  Es un pequeño pueblo con muchos y variados atractivos.  Podremos disfrutar de sus agradables playas, de su gastronomía, del ambiente vespertino y nocturno de su zona de bares y restaurantes, y sobre todo de las maravillosas puestas de sol que podremos contemplar desde uno de sus lugares icónicos, el Cabo de Trafalgar (foto de la portada), que dos siglos atrás contempló la legendaria batalla naval en la que los ingleses, al mando del almirante Nelson, derrotaron a la coalición franco-española del imperio napoleónico.

Seguimos avanzando hacia el oeste y seguimos encontrando inmensas playas de arena dorada y zonas turísticas y urbanizadas como Conil de la Frontera, las playas de Vejer de la Frontera o Sancti Petri, hasta llegar a la zona más emblemática de este litoral, la Bahía de Cádiz.   

Cádiz, la antigua Agadir de los Fenicios, fundada hace más de 3000 años y que actualmente es una de las ciudades pobladas más antiguas de Europa y desde luego la más antigua de España.  Siempre fue escala marítima fundamental en el comercio con América y tuvo su esplendor en el siglo XVIII, cuando obtuvo el monopolio de ese comercio.

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Cádiz, la llamada “tacita de plata”, por como la luz y el océano hacen brillar sus coloridas casas del casco antiguo.  Hay que pasear por sus estrechas calles y contemplar su maravillosa Catedral Nueva, la torre de Tavira, que con sus 45 m de altura era la vigía del puerto, la Alameda de Apodaca y su emblemática playa urbana, la Playa de la Caleta.  Un paisaje urbano que muchos asocian con la cubana La Habana, ciudad con la que está hermanada.  Lo dice la habanera que cantaba Carlos Cano: “La Habana es Cádiz con más negritos, Cádiz, La Habana con más salero”.

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Justo al otro lado de la bahía, está El Puerto de Santa María, la patria chica del poeta Rafael Alberti, hijo predilecto de la ciudad.  Vale la pena pasear por su sobrio casco urbano, lleno de antiguos palacios, iglesias y plazas acogedoras.  También es recomendable darse un baño en alguna de sus playas de arena fina, en las aguas cristalinas de la bahía, con la inmejorable vista al frente de la ciudad de Cádiz.  Tierra de vinos, las importantes bodegas Osborne tienen aquí su origen y residencia principal.

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Siguiendo por el litoral, llegamos al último enclave de nuestro recorrido, Sanlúcar de Barrameda, situada en la amplia desembocadura del Guadalquivir.  Precisamente al otro lado del río se puede contemplar y visitar si se toma un barco para tal efecto, una de las marismas más extensas e importantes de Europa, espacio fundamental en el trasiego migratorio de numerosas aves, el Parque de Doñana.

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Sanlúcar tiene a lo largo de esa orilla del río su importante y animada zona costera, con la conocida playa de Bajo de Guía, que acoge en agosto las populares carreras de caballos sobre la misma arena.  La parte interior de la ciudad alberga su bonito y también animadísimo casco antiguo, lleno de buenos bares y restaurantes donde degustar los productos típicos de la zona y probar la bebida de Sanlúcar, la Manzanilla, denominación de origen de “vino oloroso” que se produce exclusivamente en Sanlúcar de Barrameda.

Aunque no está en la costa, sino unos 30 km tierra adentro, vale la pena visitar Jerez de la Frontera, que junto con Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda, forman el llamado “triángulo del vino”, donde se cultivan y elaboran los vinos olorosos, los afamados “sherry” o vino de jerez, conocidos popularmente como “finos”.  

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Jerez de la Frontera es una importantísima ciudad en la que destacan sus palacios y casas señoriales y sobre todo una gran cantidad de bodegas, muchas de las cuales ofrecen visitas en las que enseñan cómo se elaboran estos especiales caldos.  También, por supuesto, se pueden realizar degustaciones para tomar conciencia de la bondad de estos vinos. Es lo recomendable, desde luego.

Playas, cultura, historia, gastronomía y vino, pueblos y ciudades maravillosas bañadas por las olas y la luz del Atlántico.  Así es la costa de Cádiz, un tesoro por descubrir.

Gabo
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Gabriel Rull, médico, con tiempo para dedicarme a mis aficiones, la montaña, los viajes, el deporte, además de a la familia y los amigos. Colaboro con Puaweb escribiendo sobre viajes y haciendo todo lo que se me pida.

3 comentarios en «CADIZ: LA LUZ DEL ATLÁNTICO»

  • el lunes, 25 de abril de 2022 a las 3:10 pm
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    Gabi, fantástica salida de unos cuantos días por esas tierras.
    Como bien te dije, siguiendo tus instrucciones personalizadas y pormenorizadas, esta Navidad nos estrenaremos con la camper van visitando esos parajes.
    Gracias por este atractivo y atrayente artículo. 😀👍👏

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  • el lunes, 2 de mayo de 2022 a las 11:21 am
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    Gabi, ¡cuántos recuerdos me ha traido tu entrada! A mi me tocó en 1981 hacer la mili, primero en Cerro Muriano (¡un horror!), luego un mes en Sevilla (más de lo mismo) y finalmente casi un año en el Hospital Militar de Algeciras.
    Así que conozco bien toda esa zona. ¡La odio y la amo a partes iguales, jajaja, por culpa de la p. mili!
    Recuerdo que los de Algeciras aseguraban que los tarifeños estaban todos majaras, por culpa del viento furibundo que sopla alli todo el año, ja,ja,ja.
    Recuerdo tambien que estuve voluntario – enchufado por el anestesista del Hospital Militar – en algunas guardias en la Residencia Punta Europa, la pública, situada en un alto con unas fantásticas vistas sobre el estrecho. En una de esas guardias recuerdo que apareció un tipo con un “P10” (¿os acordáis de ese “multiusos”?) que decía: “Disfagia por raspa de chanquete”. Ja,ja,ja. No se me olvida.

    En fin, pues eso, que si Bolonia “quita el sentío”, los atardeceres en Caños de Meca ya ni te cuento. Lo sé. De Sotogrande a Sanlucar lo tengo bien “peinao”.
    Gazpachito y cañita, pescaíto y ortiguillas rebozás, cañaillas y manteca colorá. Ja,ja,ja.
    Luego he vuelto varias veces, acompañado, e incluso en una ocasión una semana solo, atravesando toda la piel de toro – Barcelona-Caños- de una tacada.

    ¡Una “jartá” de recuerdos! ¡Algeciras Mare!

    (Amigo Gabi, en agradecimiento te mando un tema musical curioso, regalo de un cantante famosete (ya lo verás) a la ciudad de Algeciras. A él no le trago, pero la cancioncilla es bien bonita: “Adivinalo, adivinalo, de que pueblo soy…”). (Luego he recordado que también Paco de Lucia, su hijo más ilustre, le dedicó a Algeciras su famoso Entre dos aguas; es más, desde el verano de 2021, en el reloj de su Ayuntamiento, a las 6 y a las 12…¡suena la guitarra del maestro tocando el tema!)

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  • el sábado, 7 de mayo de 2022 a las 3:11 pm
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    Deliciosa tierra i deliciosa entrada, Gabi. La provincia de Cádiz, tanto la costa que tan bien detallas, como la capital y el interior son preciosos. Ademas, con los vinos, las gambas y el pescadito todavía te enamora más. Un destino muy a propósito para púas. Después de leer tu artículo tengo más ganas de volver y conocer lugares pendientes como el parque de Doñana. No estaría mal hacer una excursión por esa zona que seguro capitaneabais de manera excelente los más conocedores del terreno.
    Gracias y un abrazo.

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