STABAT MATER. PERGOLESI

Así como Roma era la capital cultural de la Europa del S XVIII, Nápoles era una de sus capitales musicales. En aquel entonces Nápòles llenaba todo el continente con su música y sus músicos. Este milagro era posible gracias a un sistema pedagógico entre los más complejos y eficaces nunca elaborados. Contaba, nada más ni nada menos, con cuatro conservatorios que garantizaban la formación de músicos, instrumentistas y cantantes. Dado el alto número de alumnos inscritos, los mejores alumnos impartían al mismo tiempo la enseñanza básica a los recién llegados y sólo cuando un estudiante alcanzaba un nivel superior accedía a estudiar con los grandes maestros: Provenzale, Greco, Durante, Leo…

Asimismo, los conservatorios organizaban conciertos en los que tanto los jóvenes intérpretes como los aprendices de compositor tenían la posibilidad de poner a prueba sus cualidades. De esa manera, el sistema didáctico se alimentaba a sí mismo y de paso llenaba la ciudad de innumerables citas musicales. Algo parecido a lo que sucede en Praga en la actualidad. Las grandes familias aristocráticas no perdían de vista a los mejores alumnos para hacerse con sus servicios una vez concluían sus estudios. Todo el que destacara tenia trabajo asegurado en Nápoles o en otra ciudad.

A lo largo de las épocas y en especial durante el S XVIII, Nápoles fue capaz de exportar fuera de sus confines una imagen y un estilo propios. Los viajeros quedaban fascinados por el bullicio de sus calles y la disposición caótica de sus barrios  y el descuido en que se encontraban sus edificios no hacían sino realzar la extraordinaria vitalidad de su población.

Si Roma subyugaba al visitante con la majestuosidad de sus monumentos, con el peso de una historia patente en cada rincón, Nápoles lo hacía con el carácter de sus habitantes y la amalgama de sonidos de la ciudad. Sonatas, cantinelas, gritos y la música que escapaba de los conservatorios, iglesias y salas de concierto se entremezclaban en un torbellino frenético que para ellos era lo más cercano a la vida.

Pese a que la introducción de la ópera en Nápoles fue más tardía que en otras ciudades italianas, a finales del S XVII constituía junto con Venecia uno de los centros operísticos más activos e influyentes. Los primeros melodramas de Provenzale (1624-1704) mantenían un pie en la tradición veneciana de Monteverdi y Cavalli, al mismo tiempo que la enriquecían con melodías cargadas de aromas populares y una comicidad por momentos desbordante.

En los años siguientes la ciudad napolitana marcaría la vanguardia del desarrollo operístico.  Otro notable compositor, Alessandro Scarlatti (1660-1725), impuso el modelo de aria con da capo (aria de estructura tripartita en la que la tercera parte es una repetición de la primera) adaptado después por los compositores dentro y fuera de Italia.

Nuestro protagonista, Giovanni Battista Pergolesi (Iesi, Estados Pontificios 1710-Nápoles 1736), compositor, violinista y organista, representa la tercera generación de la escuela napolitana tras la de Provenzale y Scarlatti. Junto a otros contemporáneos de los conservatorios napolitanos contribuyó a difundir por los escenarios italianos y europeos un nuevo estilo caracterizado por una rítmica más ágil y ligera y por un gusto melódico más suave y tierno que el de sus predecesores. Su obra sirvió como prototipo por antonomasia de la ópera italiana, confrontando el gusto estético derivado de la ópera seria francesa y el de los partidarios de la nueva ópera bufa italiana.

Pergolessi contaba 12 años cuando ingresó en el Conservatorio de los Pobres de Jesucristo en Nápoles, gracias a la ayuda del marqués Pianetti. Con apenas 22 años pasó a convertirse en maestro de capilla del caballerizo mayor del virrey de Nápoles y por el prestigio de este cargo fue requerido por varios escenarios de la ciudad y por el cabildo de a iglesia de Santa María della Stella para componer una serie de obras religiosas. En 1734, con 24 años, ya recibió el nombramiento de maestro suplente de la Capilla Real y trabajó para el duque de Maddaloni.  El prestigio profesional de Pergolessi siguió aumentando, trascendiendo más allá del ámbito cortesano, sobre todo como compositor teatral. Por desgracia, a mediados de 1735 su salud se quebró y se recluyó en el monasterio franciscano de Pozzuoli, donde falleció el 13 de marzo de 1936, presuntamente de tuberculosis.

Pergolesi vivió solo 26 años, pero su breve vida le permitió dejar para la posteridad dos obras capitales convertidas en gran modelo del barroco italiano, una religiosa, el Stabat Mater y otra profana, La seva padrona (La criada patrona), aunque también compuso óperas bufas, oratorios, cantatas y otras obras religiosas y piezas exclusivamente instrumentales.

La seva padrona es un intermezzo  (una partitura corta de carácter cómico para dos personajes y normalmente un tercero que no hablaba ni cantaba que se representaba en los intermedios de una ópera de contenido serio) y sobrepasó los límites del escenario para convertirse en un fenómeno social que dio lugar a la “Querella de los Bufones”, enfrentando encarnecidamente en 1752 a los intelectuales franceses partidarios de la de la viveza y naturalidad de las óperas cómicas italianas, generalmente asociados a los sectores ilustrados encabezados por Jean-Jaques Rousseau, frente a los defensores de la pomposa parafernalia lírica francesa representada por compositores como Rameau y Lully. Pergolesi fue considerado como modelo del estilo italiano durante esta controversia que dividió a la comunidad musical de París durante 2 años.

A pesar de la  repercusión de Pergolesi en la evolución operística, su obra mas famosa es el Stabat Mater, composición pensada para dos voces femeninas y orquesta de cuerda, estrenada el 23 de marzo de 1736, siete días después de la muerte de su autor.  Las veinte estrofas del texto se distribuyen en doce números que corresponden a cuatro arias, dos para la soprano y otras dos para la mezzosoprano y ocho dúos donde el compositor combina hábilmente el estilo religioso heredado de la tradición más convencional  y las formas profanas propias del género operístico. Inmediatamente la pieza fue objeto de centenares de copias, difundiéndose por Italia y el resto de Europa. Su gran éxito favoreció todo tipo de adaptaciones y cambios en el apartado vocal. Hay que tener en cuenta que el Stabat Mater iba destinado a una ejecución eclesiástica y en el S. XVIII la Iglesia prohibía a las mujeres exhibirse y por ende cantar y originariamente fue interpretado por dos castratis que en el Nápoles de entonces monopolizaban los papeles solistas. Tras la afortunada  desaparición de los castratis  fueron reemplezados por voces femeninas. Más recientemente la parte de contralto es en ocasiones interpretada por contratenores, voces masculinas que cantan en falsete, o por el coro en determinados números de la obra.

El Stabat Mater fue un poema de veinte estrofas escrito en el S XIII por un fraile franciscano, Jacopone de Benedetti, mas conocido como Jacopone Todi. Ya en esa época y en los siglos posteriores se cantó con varias voces y melodías, pero la versión más conocida, interpretada y admirada es la de Pergolessi, a pesar de las creaciones inspiradas en el poema de músicos posteriores de la talla de Haydin, Schubert, Liszt, Rossini, Dvorák y Arriaga. Incluso Bach adaptó su música a una parodia.

El mérito de Pergolesi y que le ha hecho inmortal, fue su capacidad de investir la aflicción de la Virgen contemplando a su hijo muerto que relata el poema con una música rebosante de un sentimiento y una emoción tan soberbios que son capaces de enternecer e impresionar a cualquiera.   

Pero mejor dejemos atrás las palabras y empecemos a escuchar y sentir el Stabat Mater de Pergolesi. 

Cinta
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Cinta

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7 comentarios en «STABAT MATER. PERGOLESI»

  • el domingo, 6 de diciembre de 2020 a las 1:14 pm
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    Que bien Cinta, aparte de escuchar la magnífica obra de Pergolesi, me encanta leer todo el relato lleno de datos y erudición y personalmente lo valoro muchísimo, sobre todo porque me sirve para aprender y darme cuenta de que las 500 cosas que sabemos no son nada comparadas con los 500 millones de cosas que no sabemos. Gracias

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    • el martes, 8 de diciembre de 2020 a las 9:24 pm
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      Gracias a tí Gabi. Mientras tengamos ganas de aprender estaremos ilusionados por vivir.

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  • el domingo, 6 de diciembre de 2020 a las 6:26 pm
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    Cinta, jo soc una veritable pedra amb tot aquest món de la música culta. Si no ho sabies, ara ho confesso. Em fa una mica de vergonya (no massa) però és així. Be, doncs et volia dir que he estat fascinat amb aquest suggeriment que has fet. M’he empassat tres quarts d’hora gaudint de l’espectacle sonor. (la mezzosoprano m’ha ajudat una mica).
    Ara en serio, moltes gràcies per la recomanació. Excel·lent
    Manel

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    • el martes, 8 de diciembre de 2020 a las 9:22 pm
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      Gracias Manel. Celebro que hagis gaudit del Stabat Mater. La música ens crea sentiments sense necesitat de saber la técnica. Només ens cal sensibilitat.

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  • el domingo, 6 de diciembre de 2020 a las 7:18 pm
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    Gran reseña par ilustrar un maravilloso recital que me ha acompañado esta tarde de domingo despu´s de un día de huerto, desbrozadora y paseos por el campo invernal. Mucha paz y emoción. Gracias

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    • el martes, 8 de diciembre de 2020 a las 9:13 pm
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      Gracias a tí Pepe. La mayor satisfacción es poder aportar algo que os resulte agradable y más con este tiempo ya invernal.

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  • el miércoles, 9 de diciembre de 2020 a las 11:30 pm
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    Cinta, magnífica aportació.
    Una obra que ha perdurat en el temps.
    Tinc entès que és una de les obres més interpretades de la música barroca, d’una gran calitat.
    Escoltar-la, està a l’abast de tothom, però sentir-la, és un dò.
    Gràcies.?

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