NADA ¿O TODO? (Parte 3)

Tras unas semanas de interrupción, por motivos bien conocidos, voy a finalizar mi particular homenaje a Carmen Laforet en el centenario de su nacimiento. Como ya os advertí en la primera entrega, la efemérides ha dado origen a múltiples iniciativas : programas, exposiciones, clubes de lectura y, fundamentalmente, reediciones de sus obras y aparición de otras nuevas como la que Pedro R. me recomendó y de la que ya dispongo.

Se trata de un precioso libro titulado “El libro de Carmen Laforet vista por sí misma” con edición y textos de su hijo Agustín, y que os animo a leer a quienes queráis profundizar en esta singular escritora. Se trata del mismo hijo que afirmó en una entrevista “Mi madre fue una autora muy completa : su obra no es excesiva, como pasa en otros muchos casos, pero es de una gran coherencia. Sus grandes temas fueron la niñez, la amistad, la mujer, la naturaleza y la idea del espejo. Un espejo entendido desde una doble perspectiva: cómo te ves a ti mismo y cómo crees que te ven los demás”.

Y vamos con la última parte que, como adelanté, se centrará en su vida personal.

Manuel Cerezales no solo fue quien la descubrió literariamente sino quien acabaría casándose con ella y creando una familia numerosa –cinco hijos– que terminó, también, agobiándola, hasta separarse de su marido en 1970. Se conocieron en Madrid, a través de una amiga común y la autora, que lo ve un hombre seguro de sí mismo, atractivo y solícito que, además, parece ser relativamente influyente, se enamora. Es todo lo contrario de lo que es ella, porque Carmen Laforet tenía un fondo bohemio y libre, pero también era sensible a la vida burguesa y ordenada, de la que procedía. Esta parte de su carácter sujetaba a la otra y viceversa.

Pero el matrimonio supuso, en poco tiempo, una decepción. Una anécdota de esa etapa (Fiesta del Albariño de 1962) explica que con Álvaro Cunqueiro, por ejemplo, tenía una gran complicidad que les podía venir por el sentido del humor. El escritor era un hombre divertidísimo contando historias y a ella le encantaba reír y, seguramente, conjurar con la risa la parte sombría de la vida. Cerezales, por el contrario, no tenía ningún sentido del humor. Su marido era un hombre con una sólida formación intelectual que, sin embargo, hizo una carrera profesional con muchos altibajos, un excelente lector, de ideología requeté en su juventud y temperamento retraído porque su formación transcurrió lejos de la familia. Un hombre discreto, distante, profundamente católico y enamorado del periodismo.

La autora lo respetaba mucho pero no podían ser más distintos y aunque las obligaciones familiares contraídas los sujetaban y la época era la que era, tras periodos de separación física cada vez más largos (Cerezales estuvo más de tres años de director de “El Faro de Vigo” y ella prácticamente no le visitó), acabaron separándose legalmente. Entre las cláusulas de la separación se encontraba el compromiso de no revelar en sus novelas aspectos de su vida conyugal y es uno de los motivos a los que se atribuye la escasa producción novelística posterior de una escritora que se inspiraba tanto en sus propias vivencias. Además de que, ya con 50 años y en aquellos tiempos, lograr la separación fue para ella un desgaste emocional importante y un riesgo en toda regla .

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A partir de los años setenta la escritora se dedica fundamentalmente a viajar. Escribe relatos y novelas cortas, artículos periodísticos y mantiene una nutrida correspondencia que, aunque perdida en gran parte, ha dejado cartas tan interesantes como las que envió y recibió de Ramón J Sender (exiliado en EEUU desde 1942) y con el que llegó a mantener una gran amistad. Esta correspondencia, junto a la que mantuvo años antes con la también escritora Elena Fortún, han sido publicadas con los títulos respectivamente de “Puedo contar contigo. Correspondencia” (2019) y “De corazón y alma” (2017).

Pero el bloqueo narrativo de la autora es ya crónico y no dará por bueno ninguno de sus manuscritos. Con el tiempo deja de conceder entrevistas y descuida, cada vez más, su correspondencia. La novela “Al volver la esquina”, aunque publicada en 2004 (el año de su muerte) había sido escrita en los años sesenta y revisada durante el resto de su vida, y la última de la trilogía titulada “Jaque Mate” no se encontró y se ignora si llegó a escribirla.

En sus textos de comienzos de los setenta ya empiezan a aparecer algunos indicios de su declive cognitivo, la autora menciona su “enmohecimiento” al que pronto empezará a llamar grafofobia. También aparecen “interesantes y misteriosas reflexiones sobre los juegos de la memoria”, señala su hijo Agustín. Se etiquetó en un principio de depresión y, posteriormente, de enfermedad de Alzheimer como causa o excusa a sus silencios y espaciadas publicaciones.

Pero parece que lo que padeció, probablemente, fue el Síndrome de Mesulam o afasia progresiva primaria, una patología que se manifiesta paulatinamente y de forma muy prolongada en el tiempo. Empieza con dificultades y episodios de afasia en el habla o en la escritura y puede afectar a los mecanismos de la memoria, pero respeta la capacidad intelectiva y la capacidad afectiva (explicación de su hijo Agustín, Cinta nos corregirá en su caso).

Carmen Laforet falleció en 2004, a los 82 años de edad, totalmente aislada de la vida pública y completamente privada del habla. El libro “Música blanca” de su hija Cristina Cerezales sobre dicha etapa, “nos asoma a un periodo asfixiante: a la vejez de la escritora, a la enfermedad y al deterioro” en palabras de Rosa Montero.

Pero como ocurre en el caso de todos los grandes escritores, y así la conceptuó yo, siempre nos quedará su obra, adelantada a su época y valiente como ella misma (a pesar de que la autora se lamentara de no haberlo sido más). Vivió siempre en cierta forma estigmatizada y la enfermedad que padeció contribuyó aún más a ello (¡no poder escribir y ser censurada por no hacerlo!). Por eso considero tan importante el movimiento de reivindicación que se está produciendo con motivo de su centenario y he querido sumarme al mismo.

Maite
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Maite

Soy médico forense y una loca de la novela negra con poca truculencia en las muertes y mucha complejidad psicológica. De todas formas leo de todo y me encantan también las películas de cualquier género y los cantautores.

8 comentarios en «NADA ¿O TODO? (Parte 3)»

  • el domingo, 21 de noviembre de 2021 a las 12:38 pm
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    Maite, después de leer tu 3ª entrega de Nada ¿o todo? (gran título), he vuelto a leer complacida las dos entregas anteriores. En toda la narración se palpa tu admiración por Carmen Laforet, ese tipo de vínculo que solo consiguen aquellos escritores que inician nuevos caminos en nuestras mentes y arrojan luz sobre ellos. Confieso que no he leído nada de Carmen Laforet y por tu magnífico relato veo que es imperdonable. Tomo nota. Cuando lo haga seguro que lo haré con una mirada distinta de lo que lo haría sin conocer tus impresiones; estarás flotando en esa relación tan íntima que se establece entre el escritor y el lector.
    Gracias y un abrazo.

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  • el lunes, 22 de noviembre de 2021 a las 2:51 pm
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    Amiga Maite, no conocia a Carmen Laforete, pero leyéndote, a la que tenga una oportunidad iré a su encuentro,
    “Nada”, un título muy sugerente, lleno de existencialismo, de soledad, de vacío, pero al mismo tiempo de grandeza intelectual.
    Gracias por acercarnos a esa autora y mujer.
    Besos y salut.

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  • el lunes, 22 de noviembre de 2021 a las 5:51 pm
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    Maite. Después de haber leído tus interesantes escritos sobre Carmen Laforet, decidí leer Nada, libro que aun no había leído y que estoy disfrutando leyéndolo ahora. Muchas gracias por tus excelentes escritos sobre literatura.

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  • el martes, 23 de noviembre de 2021 a las 7:45 pm
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    Maite, es cierto que la división de la historia que describes en tres partes nos podría debilitar un poco la fuerza y el maravilloso espíritu de tu escrito y tu escritura, pero en mi caso me quedó tan grabada la vida y la literatura que has ido desgranando que desearía una cuarta entrega sin duda.
    Queda la obra de Carmen entre los primeros libros pendientes y compraré en cuanto pueda.
    Se lamentó de no ser más valiente, pero de eso nos lamentamos todos en mayor o menor grado.
    Un ejemplo maravillosamente redactado.
    Gracias amiga…nunca fallas y no nos abandones

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  • el viernes, 26 de noviembre de 2021 a las 7:37 pm
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    Muy bien Maite, han sido tres capítulos para conocer con tranquilidad y sosiego a una autora “conocida” pero a la vez “desconocida”en el verdadero sentido que se debe conocer a un escritor, habiendo leído su obra, cosa que seguro iré haciendo en un futuro próximo.
    Decirte que tu artículo sobre ella con motivo de los 100 años de su nacimiento, tiene la virtud de trasmitir, al menos a mí, admiración por su vida e interés por sus novelas.
    Te felicito y te lo agradezco.
    Un abrazo.

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    • el domingo, 28 de noviembre de 2021 a las 2:04 pm
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      Gracias a todos por vuestros afectuosos comentarios pero aprovecho la respuesta para entonar un “mea culpa”. No hay que hacer tantas entregas, por lo menos de un autor o de un libro, distinto es hacerlo de un género literario u otro tipo de temática. En el caso del autor, ahora que la publicación es quincenal y siempre surgen imprevistos como se ha visto en este caso, se pierde el hilo o se diluye el interés o al menos a mí me pasaría u fui muy consciente en esta tercera entrega.
      Pero me lo tomo como un sano aprendizaje de todo lo que se está enseñando esta web.
      Muchos besos a todos.

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  • el domingo, 28 de noviembre de 2021 a las 7:28 pm
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    Maite, me ha encantado toda la “serie” de Todo o nada

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  • el domingo, 28 de noviembre de 2021 a las 7:34 pm
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    ¡Maite, Enhorabuena! Era un centenario que muy sabiamente no has dejado pasar, pero además le has rendido un homenaje precioso, hecho desde la admiración y el amor a Laforet como autora y como persona excepcional.
    En cuanto a las tres entregas, quiza tengas razón, pero yo al menos las he seguido muy interesado de principio a fin. Gracias
    Un abrazo.

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