LOS PRERRAFAELISTAS

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Figura de la entrada: Isabella. John Everett Millais, 1849. Óleo sobre tela; 100 x 142 cm. Walker Art Gallery. Liverpool, UK.

CONCURS CERCANT L’ART IV (nº5, maig):

SOLUCIÓN: Sol ardiente de Junio. Frederic Leighton, 1895. Óleo sobre lienzo; 119 x 119 cm. Museo de Arte de Ponce. Puerto Rico.

ACERTANTES (por orden alfabético): Pepe Ruiz, Pere Ramírez y Pere Sánchez.

COMENTARIO

Dicen que la huida debe ser siempre hacia delante, pero hay quien lo hace hacia atrás. Ese fue el caso de siete estudiantes británicos que en 1848 formaron una sociedad secreta bautizada con el nombre de Hermandad Prerrafaelista, cuya motivación era intentar un renacer del arte medieval al que consideraban más libre y experimental que el de su propia época.

La sesión inaugural de la Hermandad tuvo lugar en 1848 en la casa de los padres de John Everett Millet (1829-1896) y a ella acudieron William Holman Hunt (1827-1910) y Dante Gabriel Rosetti (1828-1882), considerados los fundadores del grupo.

En otoño de ese mismo año se añadieron a la Hermandad otros cuatro miembros: William Michael Rosetti (1829-1919), hermano de Dante Gabriel, Thomas Woolner (1825-1892), Frederic George Stephens (1828-1910) y James Collinson (1825-1881).

El grupo de amigos rechazaban el arte académico predominante en la Inglaterra del siglo XIX y centraron sus críticas en Sir Joshua Reynolds (1723-1792), fundador de la Royal Academy of Ars de Londres, cuyos dictados seguían estando vigentes. Querían huir de las paletas cromáticas sombrías, los temas prefijados y las rígidas convenciones.

Desde su punto de vista, la pintura académica imperante no hacía sino perpetuar el manierismo de la pintura italiana posterior a Rafael y Miguel Angel con composiciones elegantes, pero vacuas y carentes de sinceridad. Por esa razón, ellos propugnaban el regreso al detallismo minucioso y al luminoso colorido de los primitivos italianos y flamencos, anteriores a Rafael —de ahí el nombre del grupo—, a los que consideraban más auténticos.

Los artistas anteriores a Rafael pintaban con una asombrosa fidelidad a la naturaleza y a menudo elegían como temas romances medievales, siendo estas las características principales de la nueva tendencia.

Millais. Ophelia
Ofelia. John Everett Millais, 1852. Óleo sobre tela; 76 x 112 cm. Tate Britain. Londres.

La fascinación de la Hermandad por la Edad Media y su querencia por la esencia espiritual del arte les alejó del realismo francés coetáneo, más materialista en sus postulados y con una interpretación más independiente de la naturaleza.

En la representación de la naturaleza de los prerrafaelistas influyeron la democratización de la ciencia y la gran expansión del interés por la historia natural a mediados del siglo XIX. La visión prerrafaelista era óptica e investigadora. Al otorgar a los detalles naturales el mismo valor que al elemento figurativo principal subvertían la idea académica de una composición organizada jerárquicamente, en la que el fondo quedaba subordinado al foco de interés humano. Cada forma de la naturaleza era tratada con gran exactitud, de forma única y autónoma. Este detallismo pictórico motivó la comparación con el alcanzado por la fotografía y el microscopio.

Los prerrafaelitas, adelantándose a los impresionistas, pintaban al aire libre, intentando captar de cerca el detalle. Su objetivo no era la ingenuidad, sino la autenticidad. Para ello la ciencia constituía una guía fiable. Pintar fuera del estudio en lugar de recurrir a la memoria era fundamental para liberar la mente de esquemas preestablecidos y de verificarlo todo a partir del motivo representado.

En su búsqueda de un colorido brillante, semejante al de la pintura del Quatrocentto, Hunt y Millais desarrollaron una técnica pictórica consistente en aplicar por encima del dibujo previamente trazado en el lienzo una fina capa de pigmento blanco, que dejaba visible el dibujo; sobre esta capa húmeda se aplicaba la pintura, con pinceles pequeños y meticulosa lentitud. Esto permitía que el color tuviese en sus cuadros el brillo y luminosidad que buscaban. Este énfasis en la luminosidad del color era una reacción contra el uso excesivo del betún en las obras de artistas ingleses como Joshua Reynolds, lo cual plagaba la pintura de zonas oscuras.

En las siguientes figuras se pueden observar las diferencias en el tratamiento del color y la luz entre J. Reynolds y J.E. Millais, el contraste entre la oscuridad y la claridad de ambos cuadros.

Reynolds
Las hermanas Waldegrave. Joshua Reynolds, 1780. Óleo sobre tela; 143 x 168 cm. Scottish National Gallery. Edimburgo, UK.
Millais. La chica ciega
La chica ciega. J. E. Millais, 1856. Óleo sobre tela; 82 x 62 cm. Birmingham Museum, UK.

La pintura prerrafaelista fue mostrada al público por primera vez en 1849 y tal como habían acordado, todos los miembros de la hermandad añadieron, tras su firma, las siglas PRB (Pre-Raphaelite Brotherhood).

Uno de los objetivos de la Hermandad era unir el arte y la literatura y en enero de 1850 empezaron a editar una revista mensual, The Germ, cuyo subtítulo era “Por la naturaleza en la poesía, la literatura y el arte”. Dado que se vendieron muy pocos ejemplares, solo se publicaron cuatro números. Aunque económicamente fue un fracaso, la revista fue aclamada por la crítica y en los años siguientes fue enormemente influyente.

Poco después la Hermandad Prerrafaelista se convirtió en el centro de una polémica a causa de la exhibición del cuadro de Millais, Cristo en casa de sus padres, considerado blasfemo por varios críticos, entre ellos el famoso novelista Charles Dickens. Se atacó su medievalismo por retrógrado y su detallismo extremo fue tildado de antiestético y ofensivo a la vista. Según Dickens, Millais mostraba a la Sagrada Familia como un grupo de alcohólicos de los barrios bajos, en poses ridículas y absurdamente medievales. También acusó a la Hermandad de introducir “temas de mal gusto” en el arte, tales como la prostitución, la pobreza y la muerte.

Millais. Cristo en su casa
Cristo en casa de sus padres. John Everett Millais, 1850. Óleo; 86 x 140 cm. Tate Britain. Londres

La Hermandad Prerrafaelista duró solo cinco años. Tras su disolución, los miembros fundadores siguieron distintos caminos en la evolución de su obra y Rosetti fue el único que continuó con la temática medievalista. Millais, en cambio, volvió a una pintura más academicista, con influencias de Sir Joshua Reynolds a quien tanto había criticado.

A pesar de la corta vida de la Hermandad, resultó ser uno de los movimientos británicos más influyentes. Hacia finales de la década de 1850, el arte prerrafaelista había pasado de ser despreciado a ser extensamente imitado, surgiendo una segunda generación de artistas prerrafaelistas, cuyos principales exponentes fueron William Morris (1834-1896), fundador del movimiento llamado Arts and Crafts que se extendió a otras partes del mundo, Edward Burne-Jones (1833-1898) y Frederic Leighton.

Burne Jones. El sueno de Arturo
El último sueño de Arturo en Avalón (detalle). Edward Burne-Jones, 1898. Óleo sobre lienzo 280 x 650 cm. Museo de Arte de Ponce. Puerto Rico

Leighton, pintor y escultor nacido en 1830 en el seno de una familia de Scarborough, Yorkshire, dedicada a los negocios de importación y exportación, dispuso de holgura económica para formarse en Londres, Florencia y París, donde conoció a Ingres, Delacroix, Corot y Millet. En 1860 regresó a Londres y se asoció a los prerrafaelistas. En 1864, se convirtió en socio de la Royal Academy y en 1878 pasó a ser su presidente, cargó que ostentó hasta 1896.

La escultura que realizó en 1877, Atleta luchando con una pitón, fue considerada en su momento el renacimiento de la escultura británica contemporánea, y se consagró como el origen y mayor exponente del movimiento de la New Sculpture.

Su labor pictórica también logró el éxito, como demuestra el hecho de que en 1900 sus cuadros representaran a Inglaterra en la Exposición Universal de París.

Atleta luchando con una piton
Atleta luchando con una pitón. Frederic Leighton, 1888-1891. Mármol; 1,8 m. Museo Frederic Leighton. Londres.
Leighton. Icaro y Dedalo
Ícaro y Dédalo. Leighton, 1869. Óleo 138 x 106 cm. Colección privada.

A sus logros artísticos se unió el reconocimiento social. En 1878 fue nombrado Caballero Bachelor en el Castillo de Windsor, ocho años más tarde se le concedió el título de baronet y en 1896 se le otorgó el Par en a Lista de Honores de Año Nuevo, siendo el primer pintor en conseguirlo. La patente que lo convirtió en Barón de Stretton, en el condado de Shropshire, se publicó el 24 de enero de 1896. Lamentablemente falleció al día siguiente de una angina de pecho. Como no estaba casado, tras su muerte la baronía desapareció con un sólo un día de existencia y todavía ostenta el récord de brevedad.

Su casa en Holland Park, en el barrio londinense de Kensington, se ha transformado en un museo que contiene un número significativo de sus dibujos y pinturas, así como algunas de sus esculturas.

El cuadro más famoso de Leighton es la propuesta de este mes: Sol ardiente de Junio, pintado en 1895. Se trata de un óleo de 120 x 120 cm, de factura clásica, en el que aparece una joven acurrucada en un banco a la sombra de un toldo, en posición casi fetal, con la cabeza apoyada sobre el brazo izquierdo. El muslo derecho, de proporciones notables, introduce una banda de color puro y radiante en el centro de la imagen; el resto del cuerpo, en escorzo, se comprime alrededor. Parecería dormida si no fuera por la flexión de sus pies, incompatible con la hipotonía del sueño.

Maig 1
Sol ardiente de junio. Frederic Leighton, 1895. Óleo sobre lienzo; 119 x 119 cm. Museo de Arte de Ponce. Puerto Rico.

Trasmite sensación de abandono, quizá únicamente al descanso, pero el conjunto incita a pensar en la tristeza y la soledad. Por algo el cuadro fue la ilustración de la portada del libro El silencio de las sirenas de Adelaida García Morales, premio Jorge Herralde de novela de 1985, en el que una mujer entregada al cultivo de su soledad, fantasea una pasión amorosa que nunca se cumplirá.  

La silueta está enmarcada por su larga melena castaña que cae a ambos lados del cuerpo confundiéndose con la tela marrón que cubre el banco. Viste una túnica vaporosa de color naranja, ceñida en la parte central y con pliegues ondeantes en los bordes, que transparenta su seno derecho y las piernas.

El banco se apoya en la barandilla de una terraza que da al mar. Por encima de la barandilla resplandece un horizonte en hora crepuscular. La luz del sol mortecino tiñe el cielo de tonalidades rosadas y el mar de reflejos dorados. En la parte superior asoma la cenefa del toldo y por debajo de ella, en el lado derecho, una adelfa coloreada a juego con el vestido absorbe la luz solar y dota de mayor luminosidad al conjunto. Al fondo se insinúa la costa.

La languidez de la figura transmite refinamiento y sugiere referencias artísticas. Su estructura casi cúbica evoca a las figuras durmientes que los griegos a menudo pintaban y llamaban colectivamente Venus. Pero el verdadero parecido es con el cuadro Leda y el cisne, obra perdida de Miguel Angel de la que se conservan dos copias en Londres,  en la National Gallery y en la Royal Academy. A su vez, la fuente de Leda y el cisne fue una escultura del mismo Miguel Angel, La noche, que se sabe que Leighton admiraba.

Leda y el cisne
Leda y el cisne. Copia del S. XVI de un cuadro de Miguel Ángel desaparecido. Óleo 105 x 141 cm. National Gallery. Londres.
La noche. Miguel Angel
La noche. Miguel Angel, 1524-1527. Mármol; 155 x 150. Iglesia de S. Lorenzo, Florencia.

Esta pintura es una obra tardía de Leighton. La realizó en una etapa en la que solía pintar mujeres solitarias para representar estados reflexivos o de inconsciencia.

El asunto de la somnolencia expresado a través de figuras femeninas dormidas fue un motivo bastante frecuente en la pintura británica del final del siglo XIX, alineada con el esteticismo, haciendo alusión a la muerte, al inconsciente y a la pérdida del sentido del tiempo. En todas ellas, el mundo interior de los durmientes, impenetrable para el espectador, resulta una muralla frente a su mirada curiosa.

Con todo, Sol ardiente de junio es una obra atípica en la carrera de Leighton. Empezando por su título que no presenta connotaciones literarias o mitológicas sino que alude a una estación y un clima concreto, como si hubiera querido enfatizar una sensación general de luz y color. En esa brillantez del color pudieron influirle los varios viajes por el Mediterráneo que realizó, y especialmente su visita al norte de África en 1895.

La influencia del prerrafaelismo rebasó los límites de la pintura inglesa, sin embargo, los ideales artísticos del siglo xx, contrarios a la fijación prerrafaelista por retratar los objetos con precisión casi fotográfica, hicieron que el interés por su pintura decayera, y solo a partir de los años 1970 se le ha comenzado a prestar atención. Esto explica la peripecia de Sol ardiente de junio

En las primeras décadas de existencia, el cuadro tuvo mucho éxito y medio millón de copias impresas adornaban los salones británicos. En 1930, en el centenario del nacimiento de Leighton, regresó al estudio donde se pintó y poco después desapareció. Un albañil lo descubrió entre escombros y lo vendió a una modesta tienda de arte por el precio del marco. De allí pasó a manos de un barbero aficionado al arte. Ya en 1963 el cuadro estaba expuesto en la galería Maas de Londres, especializada en el mercado de las obras de arte prerrafaelistas, y lo compró Luis Alberto Ferré, magnate del cemento y futuro gobernador de Puerto Rico, por 2.000 libras (48.000 euros de hoy).

El mecenas Ferré fundó en su ciudad natal el Museo de Arte de Ponce con obras de pintores europeos, puertorriqueños y latinoamericanos y en la actualidad cuenta con 3.000 obras, siendo una de las grandes colecciones de las Américas.

En enero de 2020, un terremoto de magnitud 6 causó daños en el edificio y durante su restauración se cedieron algunas de sus obras a otros museos, como fue el caso de Sol ardiente de junio que pasó un año en el Museo Metropolitano de Nueva York para después volver a su Londres natal sin saber que es lo que el destino le deparará.

BIBLIOGRAFIA:

  • Arte, toda la historia. Carol King, Stacey Cleworth, Ruth Patrick y Philip Cooper. ED. Blume, 2019.
  • MASDEARTE.COM
  • La “Mona Lisa” entre escombros. Iñigo Gurruchaga. El Correo, 16/03/2024.
  • Wikipedia.

NOTAS:

  • Todas las fotografías del artículo son de dominio público.
  • La idea del artículo me la obsequió el amigo Pere Ramírez.
Cinta
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Cinta

Neuròloga amb desig de gaudir i d'aprendre amb i dels amics.

4 comentarios en «LOS PRERRAFAELISTAS»

  • el domingo, 30 de junio de 2024 a las 4:43 pm
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    Estas entradas tuyas son un lujo, Cinta.
    Un abrazo

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  • el jueves, 4 de julio de 2024 a las 11:58 am
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    Preciós Cinta. Ara mateix et truco. L’excel·lència de l’article s’ho val… i així xerrem.

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  • el sábado, 6 de julio de 2024 a las 7:18 pm
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    Extraordinària entrada, Cinta. Com diu en Xavier, tot un luxe.
    No en tenia ni idea del moviment Prerrafaelista que avui presentes. Potser una mica efímer, però consistent i transgressor. M’ha encantat. Ah! i la teva descripció del quadre, una meravella. Al respecte t’enviaré pel chat de grup un comentari i una troballa de fa molt poc temps i referida al diàleg amb la pintura. T’encantarà.

    Manel

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  • el jueves, 11 de julio de 2024 a las 6:59 pm
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    Molt interessant. La història ens ofereix a vegades successos o obres molt efímeres però que han tingut una influència posterior que ha durat dècades. Magnífic article, Cinta.

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