viernes, 28 de agosto de 2026
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FLORES Y GUERRA

Hay canciones que te acompañan durante toda la vida por diferentes motivos.

En mi juventud, la tuve, sonó mucho una titulada “Proposta, Mettete dei Fiori nei vostri cannoni” (Propuesta, poned flores en vuestros cañones) de “I Giganti” y también “Where have the flowers gone” (¿dónde se han ido todas las flores?) de Pete Seeger.

El mundo necesitaba entonces rosas y claveles, hoy volvemos a vivir la sombra del terror.

La maravillosa propuesta que Pere nos ha brindado hace unos pocos días, no ha podido ser más oportuna, brillante y emocionante.

Un paseo inicial entre frutales de una belleza suprema con sus flores infinitas para poder aguantar al día siguiente el vómito del horror de la guerra.

Pero vamos por partes.

DÍA UNO, LAS FLORES

Para empezar Pere, como siempre, intenta esquivar mi presencia colocando el encuentro en la esquina más alejada del mapa.

Mis temidas y, sin embargo, ecuánimes, equilibradas y serias crónicas, deben ser la causa de que cada vez me toque madrugar más.

No entiende que si es preciso no duermo. Obviamente se lo perdono porque lo quiero y cada uno tiene la capacidad que tiene. Soy un ser entregado a la causa y por respeto a mis millones de seguidores ( lectores y musicales) mis sacrificios son pocos.

La cita es en Aitona.

Por mi parte, después de tres horas de perfecta y suave conducción, con unos vertiginosos 85 km. por hora de promedio, envidia de un maldiciente amigo (su nombre empieza por Ma…., pero nunca doy nombres de seres crueles) que afirma alegremente que tomo las rotondas al revés cuando no se da cuenta que lo que está al revés es su cerebro, llegamos Ana y yo al destino puntuales cual servidores de la Reina de Inglaterra.

Esta vez hasta Begoña llegó puntual teniendo en cuenta que salía de Montserrat y para ir a Lleida se fue primero en dirección a Barcelona en un lamentable error de orientación.

A pesar de la puntualidad colectiva entre besos, meadas (si lo preferís, orinadas) y un interminable discurso introductorio de Pere que si se descuida nos deja sin ver las flores porque cambia la estación del año, arrancamos.

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¿Solos? No, queridos lectores. La caravana humana de energúmenos que se concentra en el lugar para ver el espectáculo y que tuvieron la misma idea que Pere y el mismo día, era difícil de adjetivar hasta para un experimentado escritor como yo mismo.

A pie, en bicicleta, coche, moto (a porrillo) o, peor aún, en insultantes autocares aparecían cuando más bello era el momento.

Incluso vi japoneses, o eso creo porque igual eran peruanos (algunos se parecen tanto), extasiados.

Ya me disculparán la imprecisión los lectores de esas tierras, pero con tanto móvil tapando la cara para hacer fotos infinitas y las prisas no atiné del todo.

Ya he enviado fotos del espectáculo a Japón para que vean que lo de sus famosos cerezos en flor no aguanta la comparación.

Tuve una interesante conversación con unos japoneses muy educados y acreditados. Mi japonés en los últimos años es excelente.

Me han contestados emocionados … -“Origato”-

Yo les he contestado cortes mente lo habitual en términos coloquiales –“Oriperro – Oripato”.

El fascinante e hipnótico paisaje después de cinco horas, o cinco minutos, empieza a repetirse, pero como hablamos más que andamos y mis reporteros no paran de hacer fotos, no parece importar demasiado.

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Yo creo que Pere se lio un poco y repetimos más de un lugar porque con tanto caminito y tanta flor parecida no es sencillo el asunto, pero cómo confirmarlo entre esos millones de árboles.

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En todo ese mundo de árboles en flor, se produjo una pausa cultural.

Somos sin duda un grupo que se nos cae la cultura de las manos.

En un ligero montículo se distribuían una serie de piedras sin aparente sentido. Es más, uno de los muchos energúmenos de los que ya he escrito antes, se dedicaba a lanzar partes de ese preciado monumento, piedras para más señas, por un barranco en un acto de profunda incultura borreguera. Si no llega a ser por el descomunal grito de un salvador de la historia como Pere, en estos momentos esos testimonios milenarios se habrían ido a tomar por culo montaña abajo.

 Bien es cierto que esos pedruscos carecían de mucho sentido para seres indocumentados, pero eran tesoros para alguien como Pep. En su deliciosa e hipnótica explicación, se transformaron en un poblado (Genó) de la edad de bronce, del alto bronce concretamente. Gracias a nuestro tutor, a través de los diferentes relatos que ha ido desmadejando en nuestros anteriores encuentros, los hombres de siglos pasados ya no son seres primitivos, como creía. Empezamos a conocer al hombre del Neolítico, íberos, gentes del bronce que ya son emigrantes, del hierro y con sus ojos vemos cerámicas invisibles, herramientas, cabañas, armas, cabras e incluso vacas.

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Gracias Pep a la espera de nuevos relatos. Fue una delicia.

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Cumplimos, como de costumbre los doce km. totales a paso de tortuga, como marcan los cánones y un terreno plano nunca visto. Empieza a ser necesario el cambio de nombre de Púa Trekinera por el de Púa Tortuguera.

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COMO QUERÉIS QUE AVANCE EL GRUPO SI SE HASTA SE FOTOGRAFÍA LA COPULACIÓN DE DOS ABEJORROS

Comimos.

Como casi siempre el “comedor” no es el más acertado, pero unos profesionales del “savoir faire”, las inigualables avellanas de M. Ángeles y el mercadeo de otros frutos secos y dulces varios, hicieron magia. Por supuesto faltó el chocolate de Cristina.

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Distribuidos en los coches de nuevo, fuimos al encuentro de un nuevo destino por una bellísima carretera,

Con las lluvias esa parte del Segriá parecía Gales.

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A casi diez mil metros de altura (metro más metro menos), nos esperaba la ermita de Montalegre.

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No estábamos solos. Allí un grupo de jóvenes habían ido a pernoctar y, como el destino es caprichoso, entre ellos se encontraba una ex alumna de Bernabette a la que reconoció y abrazó de tal modo que temí por sus costillas.

Me sobrevino un instante de nostalgia, como una película de nuestra propia vida, viendo esa escena de jóvenes despreocupados con el único objetivo de pasar una noche entre amigos con algo de alcohol, la comida justa, una guitarra y quién sabe si algo de sexo.

Caía la tarde, las vistas allí son espectaculares, al sol le quedaba poca vida y el viento frío era muy desagradable para todos menos para Pere, por supuesto, que alimentó una meteórica ascensión a una lejana cumbre donde se suponían nuevas y mejores vistas.

No nombraré a aquellos paralíticos que no treparon como cabras y se quedaron fumando en el coche.

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Sin ese toque de adrenalina no se concibe a nuestro amigo/guía y estoy seguro que no habría podido descansar tranquilo por la noche.

Al habitual paso de tortuga le sobrevino una catarsis y volamos.

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Ni los mejores sherpas del Himalaya ascienden con el vértigo con el que nos movimos nosotros. El frío bestial y la falta de luz nos hacían volar. Tiempo justo hubo para ver caer la noche y poner el coche hacia nuestro último destino del día, el Monastir de les Avellanes.

Un bellísimo lugar para pasar la noche.

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No tendría más que contar en condiciones normales, poca importancia iba a tener una cena frugal y sencilla, si no fuera porqe reviento si no dejo constancia de lo que aconteció en esa mesa.

Es probable que, a estas alturas de nuestra vida, alguno de nosotros tenga patinazos neuronales no graves.

De eso a decir nuestra desagradable camarera “sois unos empanados” (mirando a Pedro, no sé si por casualidad o con motivos ocultos), se mueve un abismo.

Nuestro querido Pedro tuvo un rebote demencial digno del mejor tertuliano de Tele 5. Yo lo tengo por un santo y me quedé con el molde de pasta de boniato cuando soltó con su bronquítico pulmón inflado, un chillido histérico de alma herida atravesada por un hondo dolor …”oye bonita, la empanada lo serás tú!!!!” …

Qué disgusto más grande.

Ni una pésima crema catalana le pudo templar.

Sólo trece cigarrillos después, recuperó las formas, no la paz. Por la mañana, en el desayuno se cruzaron puñales entre ellos. Creo que ya en Bilbao tiene hora con un terapeuta.

DÍA DOS … LA GUERRA

En nuestros desayunos existe una sana competencia o ley no escrita que consiste en ver quién abarrota más el plato.

Estos desayunos pantagruélicos ya nos predisponen a pasar un buen día.

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Esa mañana teníamos cita con un especialista en la guerra civil para relatarnos los hechos de esa sin razón fratricida y que acontecieron en aquellos lugares.

El punto de encuentro era el altiplano del Merengue. Yo no tengo la culpa del nombre.

Puesto que para Pere no existe la línea recta y su pasión por descubrirnos entornos fascinantes no se agota nunca, para los pocos kilómetros tuvimos que recorrer una deliciosa carretera que rodeaba el pantano de Sant Llorenç de Montgay. Valía la pena el paisaje.

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Otra cosa es que se suponía que íbamos a ver rapaces a porrillo. Estaban durmiendo, fijo.

Llegados al punto de encuentro, pasamos de las flores del día anterior al drama y el horror. De la paz a la guerra. De los pelos de punta contemplando tanta belleza natural a los pelos de punta a medida que íbamos visualizando el drama que allí se vivió y que con tanto acierto nos era revelado.

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Si pasas por aquel lugar sin concebir su pasado, vivirás un mundo y un entorno muy hermoso. Si, como nosotros, revives la historia, es difícil contener una lágrima.

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El fuertísimo olor a purines que desprende el campo ilerdense parece un efecto especial más del contexto. Hay que ser muy de Lleida para aguantarlo. Más podredumbre imposible. En mi privilegiada mente pensé que era el lugar ideal para tirarse un pedo.

Después de recorrer dos fortines más, visualizar kilómetros de trincheras y escuchar varias horas cómo el hombre puede convertirse en el mismo diablo capaz de matar a su propio hermano (no os perdáis la lectura de libro de Uclés “La península de las casas vacías”) no quedaba mejor consuelo que comer juntos y recuperar la sonrisa.

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A QUIEN SE LE OCURRE CAGAR AQUÍ

Es mi obligación relatar otro altercado. Nunca se viaja en paz con este grupo de chalados.

El camino no era perfecto, o, mejor dicho, era perfecto para el tanque de Pep que, si estamos en guerra, lo bombardean fijo al confundirlo con un blindado.

Yo me lo empecé a temer en el tercer bache.

En el cuarto bache, encharcado para más inri, metió un frenazo el Tesla del bueno de Lluís. Allí se bajó con una cara y una actitud que si se llega a poner de color verde yo lo confundo con Hulk.

Qué tensión, Dios mío.

Le comenté el altercado a Venancio, un reputado mecánico muy apreciado en Murcia.

Confirmó mis sospechas.

Con la pasta que valen, para ahorrar, no le han colocado el tubo de escape.

En estos tramos de carretera con tanto movimiento acumulan gases a porrillo que pasan directamente al cerebro y ni el conductor más sereno aguanta la presión.

Para que lo entendiera, me comentó que es como cuando comes fabada y te aguantas los gases. Al final revientas.

Espero, Lluís que las explicaciones de Venancio te lo hayan aclarado.

Él aconseja en estos casos perforar la carrocería con un boli Bic (mejor “cristal” que se ve menos), igual que se hace en una traqueotomía de urgencia.

Es un genio este hombre.

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Nada calma más que oír la palabra comida. Fuimos a Castellserá, de donde es hijo adoptivo Pere.

Fuimos al restaurante del Ángels, excelente en el menú y en el trato.

Bien comidos y alegres, quedaba el siempre triste momento de la despedida y el regreso.

Quedaban tres horas para meditar sobre otro fascinante encuentro, muy diferente a lo habitual.

Donde comprobar que la naturaleza te da lo mejor y el ser humano lo peor.

Pensar en estos tiempos revueltos dónde la memoria se ha podrido y renace el demonio.

Dónde la amistad, la nuestra, es un salvavidas imprescindible.

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GRACIAS A TODOS

4 comentarios en «FLORES Y GUERRA»

  • Estuve con Cris y Maite una semana antes en Aitona y lo disfrutamos mucho, pero, desde luego, tu reportaje es de otra dimensión. Me he tronchado. Gracias, me convenían unas risas aunque sean moderadas (como buen japonés)
    Un abrazo

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  • Gran reportaje. Oye Pepe, rotondas a parte (algún dia lo explicaré), entre Luís y tu, no podrías influir en el tema gastronómico? Con tanto pistacho, chocolate y demás manjares, se le cortan a uno las pocas ganas de excursiones que tiene. Suerte que el segundo dia, el de las bombas, se arregló un poco la cosa.
    Besos para todos.

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  • Fantástica crónica, Pepe, como siempre. Tus artículos me resarcen de no poder acompañaros, además de hacerme pasar un buen rato y propiciarme algo imprescindible, la risa.
    Muchas gracias y un abrazo.

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  • Pepito, el cañón de tu escopeta – de aire comprimido, léase pedo – siempre luce una gran flor.
    Por eso incluso esas ráfagas que disparas, inspirado por el diablo, a tus propios compañeros de bando, además de inocuas, tienen su gracia. Eres nuestro Gila particular. Todo un lujo.
    Es una lástima que mi terapeuta me haya aconsejado distanciarme de esos amigos que no saben apoyarte cuando defiendes una causa justa.
    (Comparto la admiración por Uclés y esa lágrima contenida en los escenarios de guerra).

    Salud y un abrazo camarada.

    Respuesta

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