CALÇOTS Y MÚSICA EN CAN CERDÀ
Seguro que vuestros diminutos cerebros, cuando os convoqué para una calçotada en mi casa, os visteis condenados al fracaso, a la chapuza, al malcomer al ”este tío está loco”. De todos vuestros turbios pensamientos, lo único cierto es el último.
No puede ser uno muy normal para meterse en semejante lío.
Para convocar un evento de este calibre se necesita un lugar más o menos apto y una extraordinaria pareja que no me mande a la mierda.
También se necesita un montón de amigos con sus parejas, el que las tiene obviamente, muchas ganas de compartir todo, incluso el fracaso pase lo que pase, y un cariño desbordante.
No nos lo pusieron fácil. Es más, creo que no pudieron ser peores las circunstancias. De ser un circo, que lo somos con domadores y payasos, se habría anunciado “el más difícil todavía”
Por mucho menos fracasó Felipe II con su Armada Invencible.
Tristemente faltó gente. Siempre pasa. La mayoría con justificante aceptable, sin embargo, una persona (ya sabéis que nunca delato a los infractores, pero su nombre empieza por Beg….), cometió un delito por omisión flagrante. Prefirió irse al “idílico” destino del Mar Menor con el Imserso, antes que con sus buenos amigos. Ya me dirás, como si nosotros fuésemos el Frente de Juventudes y este lugar los Monegros. Me costará, pero intentaré sobreponerme al disgusto por el bien del artículo.
Vamos al principio de la historia para que los congoleños que me siguen se aclaren porque es una cultura muy ordenada.
El principio empieza a gestarse el día antes. Realmente nace cuando el pronóstico del tiempo es vomitivo y tira todos los planes por la borda (este es un guiño a la Armada que he nombrado antes por si no os habíais dado cuenta).
Nace cuando al bueno de Pedro se le ocurre un “quid pro quo” … “ayudamos a cambio de adquirir entrada preferente en el Resort”.

El viernes al mediodía fueron el nombrado Pedro, Lluís y Marta a buscar la materia prima de una calçotada a un huerto de confianza y se instalaron en casa con un olor a cebolla en el cuerpo enganchado con loctite. Sin duda un acierto Un gran refuerzo sin duda porque el lío era morrocotudo y nuestro chef particular no iba a permitir una salsa Ferrer en el encuentro. Se tenía que hacer como mandan los más sagrados cánones, es decir, escalivando tomates y ajos, es decir, haz brasas y tírate dos horas mirando como se queman las hortalizas que llevan más agua que el Ebro.

Puesto que la sobremesa del mediodía duró más de lo previsto por la agradable tertulia y las pocas ganas de empezar con un estómago más que satisfecho, y teniendo en cuenta las múltiples excursiones de Pedro al exterior para fumar, las brasas fueron con retraso y la cocción terminó de noche.
Para compensar, y con el deber cumplido, olor a cebolla y ahumado añadido, nos regalamos y relajamos con un concierto étnico en un local de Sant Pol.

Cena en casa, más tertulia y a la cama. Habíamos acordado que nuestra hora habitual de dormitorio está entre las once y media y doce, sin embargo con esa agradable sensación de concordia, nadie se levantó de la mesa antes de la una.

Llegó el gran día y por una vez el temido acierto de los cafres y cenizos hombres del tiempo.
El acierto no fue exacto porque la previsión era de inicio de lluvia a las cinco de la tarde e hizo que nos confiáramos los del fuego.
Yo puedo ser un chapuzas, pero Lluís no se permite bromas con las cosas del comer.
Sus cálculos eran matemáticos y las cosas son como son. Los horario, el “tempo de cocción” y el manejo de la materia prima no admiten bromas y contratiempos.
En la cocina el ritmo era frenético entre Marta, Ana y Pedro intentando salvar lo aparentemente insalvable y buscando soluciones casi imposibles.

Con las primeras llamas llegaron las primeras gotas y los “invitados”.


En realidad no llegaron juntos todos los comensales porque uno, que tampoco nombraré por cariño y por respeto a su pareja Lo.., se presentó a las dos con un justificante más pobre que mis amigos de Etiopía.
El caos iba in crescendo al mismo tiempo que arreciaba la lluvia y aumentaba el estado comprensible de nervios de mi santa esposa que en su mochila de virtudes está la del orden sin el cual todas las alarmas se encienden a la vez.



Contra viento y marea (por lo de la Armada) se iban cociendo las cebollas. Yo intentando apagar fuegos (en realidad, intentando mantenerlos vivos) no daba más de sí.
Ya era un sálvese quien pueda.
Sin control de la situación por mi parte, Manel se hizo, al parecer, y eso es mucho parecer y más peligroso que una conversación de paz entre Putin y Trump, cargo del control de bebidas.
Como no pregunta porque se cree muy listo y solo critica, no supo encontrar cervezas y el Vermut que reclamaba una Maite necesitada de graduaciones alcohólicas superiores, no sé si alterada por el caos, la emoción o por naturaleza propia.
Medio arreglado un entuerto, apagado ese incendio, enlatados para el aperitivo y calçotada los más de veinte comensales en un espacio no más apto que para una docena de personas y comprobando que lo único que aumentaba era la tensión y la lluvia a falta de asar toda la carne, sólo me quedaban dos caminos, el suicidio o llevar las brasas al único lugar posible, el párking donde estaban alojados unos vehículos de tales dimensiones, primos hermanos de camiones, que no voy a entrar a valorar para no herir susceptibilidades.

Retirados convenientemente esos, llamémosle coches, del único lugar apto para proseguir con el asado de carnes, nos recolocamos para concluir el esperpento. Debería mencionar nuestro agradecimiento a los maravillosos colaboradores y empaquetadores de calçots que más mojados que el pato Donald estaban dándolo todo en vez de comer bolets y aceitunas.
También hubo, nadie se percató, quien se jugó la vida para subir las brasas a buen recaudo.
Había que ver, os perdisteis muchos la escena, al bueno de Lluís intentando mantener su calculado prestigio de cocinero ante tanta adversidad.
También fue un milagro no quemar el párking, pero una vez toda la carne a punto, gracias al buen hacer de todos los que mantuvieron el tipo y el ánimo allí, por fin llegó la calma, la unidad de todos en ese ridículo espacio habilitado, nadie sabe como, para continuar con el ritual donde no sabías si te comías tu calçot o el de al lado.


Ni que decir tiene que la salsa fue extraordinaria. Hubo quien se la metió el bolsillo para llevársela a casa y una en el vermut por vicio.

Todas las posibles adversidades estaban vencidas, lo imposible doblegado, la gente medio cocida soltando “rots” y pedos, la casa templada y una mesa ordenada esperaban dentro.

Ya nada podía fallar y así fue más o menos. Alguna carne quedó despistada, alguna butifarra sin hacer y alguna botella por llegar, pero el estómago lleno es muy agradecido.
Como nadie es mudo, el “chivarri” era importante, pero de eso se trata y poco importa.
Con los buenos postres y cafés empezaba la sobremesa.
Quedaba un secreto, que tan sólo compartían conmigo algunos compinches necesarios.
Ibais a ser privilegiados protagonistas del preestreno mundial de mi grandiosa composición musical dedicada con todo el cariño hacia vosotros.

Una composición por la que han luchado por sus derechos Sony music y las más grandes discográficas del mundo como bien os podéis imaginar.
Me confesaron que no se había escuchado nada mejor desde “We are the World”.
Al final he vendido los derechos a la gran y prestigiosa productora Montnegre Supersónic Music Award a la Bí a la Bá a la Bim Bomb Bá.
Creo que he acertado, buena gente.
Conté con el soporte emocional y físico en este estreno mundial de dos grandiosas diosas de la música, Tárraco Loli y Bernadette Blondi. Todos los grandes artistas consolidamos nuestro éxito rodeados por los mejores músicos posibles.
Un poco abrumado por la responsabilidad y osadía de poner letra y música a nuestra historia, con una pantalla de móvil a dos palmos de mi cara donde veía a una tristemente ausente Cinta con su tierna y desconcertante sonrisa y con esos buenos nervios que sólo los mejores tenemos empecé a dar luz a mi sueño.

LA MAGIA EMPEZÓ
Primero recité mal y atropellado la letra de la canción para que fuera más comprensible, eso creo yo,, mi buena intención compartida. Los nervios me traicionaban.
Con todas vuestras sorprendidas caras mirándome (este tío está loco) di al “play” y la canción ya era vuestra.
Os garantizo que ver vuestra reacción, os miraba y admiraba, es una sensación que me acompañará siempre.
El sueño era vida.
Antes de terminar, en el último estribillo ya había algún atrevido con los coros y quien se balanceaba con el ritmo.

Indescriptible, ya estaba hecho cuando tan sólo es un boceto.
Más asentado todo, quedaba la parte que más deseaba, grabaros a vosotros porque este es su destino.
Confianza total en el gran recitado de Manel, quién mejor, al que ya le he comentado que no verá ni un euro por su desinteresada colaboración. Los beneficios millonarios previstos me pertenecen por contrato.

Al oír la audición, me llamó el “Senyeras” (yo llamo así, o Antoñito, a Antonio Banderas en la intimidad) un poco mosqueado porque no le había concedido a él el honor del recitado sabiendo que es un futuro Grammy y gran hit del 2025 y celoso por el buen hacer de Manel.
Compartir esta experiencia con una entusiasta Bernadette y la gran Loli, que trabajó mucho y con mucho cariño en la preparación de la puesta en escena común (aclarar que era una de las pocas personas al tanto de lo que iba a suceder y de las tres que habían escuchado por cuestiones de guion, previamente la grabación) fue fantástico y me garantizaron un anclaje vital. Mil gracias a las dos.
Para todos vosotros, que solicitasteis una última grabación completa de la canción y que quedará registrada para nuestra gran historia, todo mi amor, aunque suene cursi.
La canción ya no es mía, es vuestra.
Cosa rara en mí, no encuentro mejores palabras.
Había ganas de inmortalizar ese encuentro que reflejaba la magia del momento y así fue.

Tan sólo esperar que llegue esa nueva entrega convocada para el segundo sábado de marzo del 2026.
Me llamó Lluís al día siguiente para hacer balance y buscar margen de mejora.
Se lo dije a él y os lo comunico a todos. Si fuimos capaces de sacar adelante lo imposible, por poco que el tiempo (lo único que no está en nuestras manos) nos ayude….Volveremos a triunfar!!!!
Mi Armada, vosotros, sí puede vencer a los elementos y con nuestra alquimia transformar el fango en oro.



Pepe/Ana, repetidamente, millones de gracias por ese inolvidable sábado de febrero.
No sé, ni cuándo, ni dónde dejaré mi último suspiro, pero lo que sí puedo aseguraros es que siempre sobrevolaré “Can Cerda” en busca de esos inolvidables recuerdos, y a los pequeños querubines que me acompañen, les relataré una y otra vez lo vivido y sentido en tan emblemático hogar.
Besazos a todos por estar ahí. 😘😘
Gracias, Pepe, por permitirme disfrutar de la reunión a distancia. Me hago idea de lo bien que lo pasasteis y del ingenio para sortear las adversidades climáticas, que seguro dieron más emoción, si cabe, a la propia del encuentro. Un hito más de Can Cerdá.
El himno precioso y entrañable. Lástima que no estuviera Miguel con su formación musical para redondear la actuación, pero seguro que participará en el estreno definitivo.
Un abrazo.
Genial Pepe! el día fue magnífico, pero con la “salsa” que le pones revalorizas todos los detalles, hasta los más insignificantes…no se te escapa NADA!!!! Jjjjjjjjj
Tal como dices, Ana es un tesoro, y vuestra hospitalidad y calidez está a un nivel sobrehumano!!!
Por suerte contásteis con un equipo “profesional” y esto se notó en la exquisitez de las elaboraciones. Una gran suerte para todos, a añadir al disfrute del propio encuentro: Magnífico. Ana consiguió que lucieran todas las excursiones y encuentros desde el primero, convenientemente protegidos de la lluvia, para goce y disfrute de todos.
Y enhorabuena por tu”creatividad musical”! La jubilación te está dando para un montón de cosas!!!
Un abrazo enorme!
Cristina
Pepe, el títol del post bé podría ser “La canción ya es vuestra”, frase treta del teu article. Hem de tornar a dir i destacar que els artífex de tot vareu ser l’Ana i tú, excel·lents amfitrions, incansables, donant servei a tothom, movent-vos com si tinguéssiu ales, en fi, molt intens física i emocionalment. I nosaltres encantats de poder col·laborar. Un dia memorable.