Otra vuelta de tuerca (II)
Y ahora, como os adelanté en la última entrada, voy a hablaros de dos nuevos clubes de lectura a los que me incorporé a finales del curso pasado. Se que pensaréis que me paso un poco de vueltas con esta inquietud continua por las novedades en materia literaria, novedades no solo en el seguimiento de las nuevas publicaciones sino también en la forma de abordar el acceso a las mismas. Pero ya os adelanto que igual que no soy perezosa en las pruebas, tampoco me freno a la hora de abandonarlas si no me convencen. Y es lo que me pasó con el primero de los clubes, que he dejado después de compartir solo un libro.
En teoría parecía muy atractivo. Un club “on line” a lo largo de un mes con un grupo de facebook que permitía comentarios directos con el autor y que durante la última semana se convertían en preguntas con carácter de spoiler presuponiendo que todos habíamos acabado el libro. No quiero alargarme, aunque acabé la obra en el tiempo establecido, me di cuenta de que las preguntas se limitaban a alabanzas con mayor o menor gracia y que los comentarios del autor no me aportaron nada resaltable; esto último era de esperar dado que, como se ha repetido infinitas veces, un libro una vez finalizado pertenece no tanto al que lo ha escrito como a los distintos lectores con sus visiones sobre la obra. Total, que no pienso repetir y, además, debería haber ido avisada. En mi opinión, y me gustaría conocer la vuestra, el mayor atractivo de “nuestro” club de lectura es la conexión dominical final, sin ella y limitándonos como al principio a los comentarios escritos de cada uno de los participantes, no resultaría ni la mitad de enriquecedor.
Y pasamos a mi segundo experimento que aún está en mantillas. Mi marido, Xavier, lleva varios años en un club “ortodoxo” de ciencia-ficción (lectura de un libro mensual y reunión, también mensual en un local para comentarlo dirigidos por un moderador-coordinador con grandes conocimientos del género). Le acompañé a la sede antes del verano, para asistir a una conferencia sobre un autor clásico : Stanislaw Lem, del que seguramente habréis leído su obra más conocida “Solaris” o habréis visto alguna de las tres versiones cinematográficas de la misma. Pues bien, al acabar la conferencia, Ángel (pues así se llama el que dirige lo que ya es más que un club, una fundación) planteó una nueva iniciativa para este curso. Se trata de seis sesiones a lo largo de seis meses consecutivos en que, en seis librerías distintas (fijaos bien, librerías que no bibliotecas), nos reunimos los participantes para comentar un libro de ciencia-ficción. Se trata de un club itinerante y los miembros somos los “peregrinos”. El pasado sábado nos reunimos en el “Velódromo” para recoger el primer libro y conocer cual será la primera librería-sede. Nos informaron que nos acogerían en la librería Byron, local con encanto que supongo que muchos conocéis, y el libro de estreno es “La naranja mecánica” que supondría mi tercera lectura o segunda relectura y que por el momento aún no he abierto porque… ¿Quién puede olvidarlo?
No puedo contaros más por el momento pero lo cierto es que estoy muy ilusionada, en la década de los ochenta fui una gran lectora del género (y al decir “gran” me refiero a la cantidad de libros leídos) pero llevo años muy desenganchada del mismo, y ésta es una buena excusa para un cierto cambio de rumbo. Es verdad que los autores serán todos bastante clásicos y mejor así porque, como ya traté en una de mis entradas, el género ha experimentado cambios muy sustanciales (ver Ciencia-Ficción y Distopías. Junio de 2021).
Pero, en cualquier caso, y aprovechando que casi, casi, estamos empezando un nuevo año, aprovecho para recomendaros que busquéis actividades relacionadas con la lectura. Aunque se trate de un placer solitario como dijo aquel sabio, otros han añadido que alcanza su máxima dimensión cuando se comparte con otros. Y, algo que siempre repito, indicaciones externas nos permiten disfrutar de libros a los que, quizá, nunca hubiéramos accedido “de motu propio”.
El 14 de enero empezará mi andadura de peregrina (una de las pocas aun a mi alcance) con el atractivo añadido de descubrir o redescubrir nuevas librerías (últimamente me limito a dos) y, como os he dicho, reencontrarme con un género que me proporcionó grandes satisfacciones a mis veintitantos años. Y como descubrí en el Velódromo la pasada semana… ¡Quien tuvo retuvo!
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Maite, vaya por delante que admiro tu gran capacidad lectora y la increíble memoria que posees para recordar las lecturas.
El nuestro, el de “Lapua”, ha sido mi primer y único club de lectura y por tanto no puedo establecer comparaciones, pero sé con seguridad que con ningún otro podría tener este nivel de afinidad y disfrute, dada la red de afectos que lo sustenta y nos une. Es una gozada compartir la lectura con gente que quieres e imaginar sus impresiones, las cuales se agrandan con los comentarios y se enriquecen mucho más con esa bendita videollamada final. Para mí también es el colofón perfecto.
Un abrazo.
Estoy totalmente de acuerdo contigo Cinta. El disfrute que nos proporciona “nuentro club” (entre nosotros que hemos compartido tanto) supera con mucho a cualquier club y lo digo yo que he compartido y comparto muchos. Ahora espero con ilusión el próximo con el añadido de saber que opináis de mi sugerencia. Hasta entonces muchos besos.
Si Isaac Asimov estuvo En Puertomarte sin Hilda, yo puedo decir ahora que estoy en Marte con Maite.
Me alegro!
Yo también y máxime considerando que empezamos con la cienciaficción y hemos vuelto a ella… treinta años después ¡quién lo diría marciano mío!