viernes, 28 de agosto de 2026
Història

ANÉCDOTAS DE LA CARTUJA DE VALLDEMOSA

Figura de la entrada: Monasterio de la Cartuja en Valldemosa. Bonaventura Laurenc, 1840. Litografía.

CONCURS CERCANT L’ART IV (nº5, maig):

SOLUCIÓN: Elena en la cala San Vicente, MallorcaJoaquín Sorolla, 1919. Museo Sorolla. Madrid.

ACERTANTES (por orden alfabético): Ana Salas, Pepe Ruiz, Pere Ramírez y Pere Sánchez.

COMENTARIO

Según datos de 2024, Valldemosa es la segunda población española con mayor renta per cápita de España, solo por detrás de Pozuelo de Alarcón (Madrid).

La reunión de potentados en la bonita localidad mallorquina, situada en un valle de la sierra de Tramuntana a solo 18 Km de Palma, no es algo nuevo. Pero, a lo largo de la historia no solo ha sido capaz de albergar capital económico, sino también intelectual y artístico.

Valldemosa fue fundada como una alquería por un noble árabe llamado Mussa en tiempos del dominio musulmán. Con el tiempo, ValldeMussa se convertiría en el actual nombre del pueblo que llegaría a tener hasta un palacio real, lo que hoy conocemos como la Cartuja de Valldemosa.

El origen de la pujanza de Valldemosa está ligado a la Corona de Aragón. En su último testamento de 1272, Jaime I el Conquistador dividía los territorios bajo su dominio  en dos reinos independientes. A su muerte en 1276, el primogénito, Pedro III (Valencia 1240-Villafranca del Penedés 1285), heredó el título de rey de Aragón y Valencia y Conde de Barcelona (con el tiempo también llegaría a ser rey de Sicilia) y el segundo, Jaime II (Montpellier  1243-Ciutat de Mallorca 1311), fue nombrado rey de Mallorca, conde del Rosellón y la Cerdaña y señor de Montpelier.

   

Miramar Valldemosa
Monasterio de Miramar. Valldemosa

Una de las primeras iniciativas de Jaime II como rey fue patrocinar el proyecto de Ramón LLull de construir un convento-colegio en el término de Valldemosa, orientado a la formación de misioneros dedicados a la conversión de adeptos al islam, lo que incluía la enseñanza del árabe. En 1276, un encuentro entre ambos personajes en Montpellier puso en marcha el proyecto del Monasterio de Miramar.

Se escogió a la orden de los franciscanos para que se asentaran un lugar que pertenecía a los cistercienses de La Real de Palma que ya contaba con una capilla y aposentos para los monjes. La iniciativa tuvo un corto recorrido porque Ramón LLull se alejó de Miramar en 1278 y alrededor de 1299 los franciscanos también abandonaron el colegio.

El rey Jaume II de Mallorca siguió ligado a Valldemosa ya que hizo construir un palacio para su hijo, el futuro Sancho I de Mallorca, con la intención de que el microclima del lugar mejorara el asma que padecía. El palacio del rey Sancho fue residencia real hasta la conquista de Mallorca por Pedro IV de Aragón en 1343 y la posterior reunificación del reino.

El año 1399, el palacio se encontraba en desuso y el rey Martín el Humano lo donó a la Orden de la Cartuja. Inicialmente, la comunidad se adaptó a la residencia real, aunque seguramente los monjes no disponían de las celdas monacales que acostumbraban a habitar. El grueso de las nuevas construcciones que debían convertir el palacio en monasterio se realizaron entre 1434 y 1475. En 1444 se inauguró la nueva iglesia que fue consagrada dos años después.

En el primer cuarto del siglo XVI, la casa gozaba de una época de bonanza, lo cual permitió que el monasterio pudiera enriquecer y mejorar sus dependencias. Sin embargo, en 1523 la comunidad se vio afectada por una epidemia de peste que la despobló y fue necesario que acudieran monjes de otros monasterios. Treinta años después, sufrieron otro azote, en esta ocasión de los piratas sarracenos, y se construyeron torres defensivas, además de acometer obras de acondicionamiento

Cartuja Valldemossa
Cartuja de Valldemosa

El conjunto monástico fue profundamente modificado en el siglo XVIII, dejando de lado las estructuras antiguas heredadas del palacio real y construyendo una nueva iglesia de estilo neoclásico sobre la primitiva del sigo XV.

En los albores del siglo XIX, la Cartuja se convirtió en prisión para uno de los más importantes intelectuales y políticos de la época: Gaspar Melchor de Jovellanos y Ramírez (Gijón 1741- Puerto de Vega 1811). Especialmente comprometido con el desarrollo económico y cultural de España, fueron relevantes su Informe sobre la Ley Agraria o su Memoria sobre la educación pública.

¿Cómo es posible que un político liberal tan excepcional, asturiano, acabara prisionero en Mallorca?

Lamentablemente, la Revolución Francesa indujo a Carlos IV a paralizar las ideas ilustradas y a apartar de la vida pública a la mayoría de los pensadores avanzados. Jovellanos se vio obligado a marchar de la Corte, desterrado, estableciéndose en su ciudad natal en 1790. Sin perder sus impulsos innovadores, se dedicó a estudiar y promover mejorías en la explotación del carbón, las carreteras y la educación en Asturias. 

Como consecuencia de la alianza con la Francia revolucionaria mediante la firma del tratado de San Ildefonso de 1796 (alianza militar contra el Reino Unido, principalmente), Manuel Godoy pretendía realizar ciertas reformas y contar con los más importantes ilustrados. En noviembre de 1797, Jovellanos fue nombrado ministro de Gracia y Justicia, cargo que aceptó con la intención de reformar su funcionamiento y disminuir la influencia de la Inquisición. Al año siguiente Godoy cayó en desgracia por diversas intrigas y Jovellanos fue cesado del ministerio tras sufrir un intento de envenenamiento. De nuevo regresó a Gijón.

Con la caída del Directorio tras el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte en noviembre de 1799, la Corte española ya no precisaba veleidades reformistas. En marzo de 1801 se prescindió del Secretario de Estado Mariano Luis Urquijo y se desató una purga política hacia quienes habían sido sus amigos y/o apoyos políticos, entre ellos Jovellanos.

Godoy, que había vuelto al poder, ordenó la detención de Jovellanos en marzo de 1801 y su destierro a Mallorca. Primero estuvo preso en la Cartuja de Valldemosa y después en el castillo de Bellver. Fue liberado el 6 de abril de 1808 tras el motín de Aranjuez, desencadenado por las políticas de Godoy, el cual fue apresado, y que a su vez provocó la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII.    

Jovellanos había permanecido preso en Mallorca durante siete años sin saber de que se le acusaba y sin ser juzgado, a pesar de las múltiples peticiones que cursó a Carlos IV. No obstante, dio muestra de entereza y supo hacer de esas circunstancias adversas una etapa fructífera en la que fue capaz de escribir obras brillantes como Memorias histórico-artísticas de arquitectura y Memoria sobre educación pública. En esta última defiende que “la instrucción es la base de toda prosperidad social”, “la suma o el resultado de las felicidades de los individuos”, y que su consecución es “la primera obligación del Estado”. Por todo ello, propone la apertura de una institución “pública y abierta”, “gratuita” y libre de “distinciones odiosas” pues todas las clases “tienen derecho a ser instruidas”; y pide: “multiplicad las escuelas de primeras letras; no haya pueblo, no haya rincón donde los niños, de cualquiera clase y sexo que sean, carezcan de este beneficio”.

En su cautiverio también se interesó por el arte local, como dejó reflejado en sus diarios, y hasta se fue haciendo con una colección que decoraba las paredes de su celda. Durante su estancia en la Cartuja de Valldemosa pudo apreciar un cuadro de 1512 que representaba la fundación del monasterio y en el que el pintor Ferrando de Coca, introductor de las fórmulas italianas renacentistas en Mallorca, había representado a los benefactores, religiosos y personajes de la corte. Jovellanos encargó una copia del cuadro a fray Manuel Bayeu, cuñado de Goya, que entonces pintaba los frescos de la iglesia, aunque, finalmente, la hizo «su ayudante, Pedro Martínez. En la actualidad, el original se exhibe en el Museu de Mallorca y la copia Museo Casa Natal de Jovellanos de Gijón.

Fundacion de la Cartuja
Alegoria de la Fundación de la Cartuja de Valldemosa. Fernando de Coca, 1512. Tempera sobre madera, 420 x 265 cm. Museu de Mallorca
Fundacion de la Cartuja
La fundación de la Cartuja de Valldemosa. Pedro Martinez, 1806. Museo Casa Natal de Jovellanos. Gijón.

Tras la marcha de Jovellanos de Mallorca, el turbulento siglo XIX continuaba avanzando cuando la comunidad de cartujos de Valldemosa sufrió una sacudida definitiva. A raíz de la desamortización de Mendizabal de 1835 los monjes tuvieron que abandonar el lugar y las construcciones pasaron a manos privadas, divididas entre distintos propietarios que fueron transformando los espacios según las conveniencias de cada uno.

Solo un año después de la salida de los monjes, el antiguo monasterio acogió a sus huéspedes más famosos, Frederic Chopin y Amantine Dupin de Dudevant, quien firmaba sus escritos con el seudónimo de George Sand. Leyendo su obra Un invierno en Mallorca, libro de viaje autobiográfico, parece que su estancia en la isla les resulto poco agradable, en parte porque esos meses fueron especialmente fríos y lluviosos . Por otro lado, los hijos de Amantine se mostraron displicentes, como cabe esperar de unos niños de 13 y 8 años encerrados en un monasterio. Sin embargo, el mal tiempo y las malas caras no afectaron a la inspiración de Chopin que en esas fechas compuso los maravillosos Preludios, Op. 28.

Chopin y Sand
Retrato de Frédéric Chopin y Geroge Sand. Anónimo; 45 x 38 cm. Museo del Louvre

Otro pionero del turismo mallorquín fue el Archiduque Luis Salvador de Habsburgo-Lorena, hijo del Gran Duque de la Toscana. En aquella época solo viajaban a la isla los aventureros de mentalidad amplia y curiosa que no se asustaban de las inconveniencias de los transportes para poder llegar al destino deseado y el Archiduque, científico curioso y enciclopédico, cumplía los requisitos. La unificación italiana forzó a su familia al exilio y a partir de entonces su vida se transformó en una incansable andadura por la geografía europea, convirtiéndose en un constante aprendiz que llegó a hablar catorce lenguas.

Son Marroig. Deia.
Son Marroig. Deià

 En el verano de 1867 desembarcó en Mallorca, se enamoró de la isla  y cinco años después compró y restauró la preciosa finca de Miramar, de la que tenía noticias a través de estudios sobre la figura de Ramón Llull. En los años sucesivos fue adquiriendo las fincas adyacentes, como la de Son Marroig, ubicada en el idílico municipio de Deià y así, con el tiempo, llegó a atesorar la mayor parte de las posesiones situadas entre Valldemossa y Deià, un conjunto de miradores espléndidos de la costa brava mallorquina que dedicó al cultivo de hortalizas, árboles frutales y viñas. La construcción de senderos de montaña y miradores que impulsó el Archiduque Luis Salvador, siguen permitiendo hoy a los visitantes disfrutar de estos enclaves privilegiados.

En la época en que el Archiduque Luis Salvador disfrutaba de sus propiedades mallorquinas, la antigua Cartoixa de Valldemossa estaba habitada por la familia Sureda. Allí nació en 1872 Joan Sureda Bimet, mecenas de las artes y las letras y destacado personaje en los ambientes intelectuales de la isla. En 1896, tras heredar una considerable fortuna, se casó con Pilar Montaner Maturana, una joven de noble y acomodada familia que acabaría siendo madre de catorce hijos y una de las mejores pintoras españolas de las primeras décadas del siglo XX. Siendo una de las pocas mujeres de la época que se pudo dedicar a la pintura de forma profesional, su obra se expuso en las principales galerías de Madrid y Barcelona y recibió premios y reconocimientos, pero sólo de forma ocasional decidió vender sus cuadros. En 2018 la Academia de San Fernando de Madrid le dedicó una exposición para reivindicar su personalidad y trayectoria artística.

Pilar se educó en un internado de Madrid donde ya destacaron sus dotes para el dibujo y una vez casada, su esposo le apoyó para que perfeccionara su técnica artística. Entre 1901 y 1904 pasó largas temporadas en el estudio que Joaquín Sorolla tenía en Madrid e inició una etapa  en la que alternaba cuadros de corte costumbrista con una marcada luminosidad, con retratos de sus hijos y de sus invitados, y composiciones con clara evolución hacia el impresionismo.

Pilar Montaner. Els vermadors
Els vermadors. Pilar Montaner, 1904.

En 1906, Pilar Montaner mantuvo una larga estancia en Madrid acompañada de su amigo, el pintor Antoni Gelabert, con objeto de ampliar sus estudios en la Academia de San Fernando, visitar museos y participar en la Exposición de Bellas Artes. Mientras, su marido y el servicio se encargan de los siete hijos que ya tenía en ese momento.

Octubre 6
La Seu de Palma. Pilar Montaner, 1912

Los siguientes diez años fueron la etapa más vital y productiva de la pintora, en los que fue capaz de crear magníficas interpretaciones de la luz incidiendo en diferentes escenarios de la sierra de Tramuntana o de la Catedral de Palma.

Entretanto, coincidiendo con la construcción de los primeros establecimientos hoteleros en la isla y un incipiente turismo, el antiguo palacio del Rey Sancho se había convertido en un hervidero cultural en el que pasarían largas temporadas intelectuales de la talla de Ruben Darío, Unamuno, Azorín, Jorge Guillén o Eugenio D’Ors y en el que se daban cita reiteradamente los pintores Santiago Rusiñol, John Singer Sargent, Joaquín Sorolla, Joaquín Mir o Anglada-Camarasa. Muchos de estos insignes huéspedes acabarían formando la Cofradía de la Belleza, creada en 1908 por Joan Sureda y John Sargent, cuyos únicos objetivos eran la exaltación de la naturaleza y el estudio de la cultura, especialmente en todo lo relacionado con la pintura y la literatura.

Su actividad principal consistía en hacer excursiones por la isla, principalmente por senderos antiguos de la sierra de Tramontana, en busca de rincones y atalayas donde contemplar los hermosos paisajes mientras se leían poesías y se tomaban apuntes del natural.

A partir de 1915 la vida despreocupada y plagada de fiestas en la que se habían movido los Sureda-Montaner empezó a zozobrar. Los problemas surgidos en los negocios familiares, el despilfarro generado por su espléndido mecenazgo, los interminables viajes por Europa y una pésima gestión de la fortuna que habían heredado, obligaron a hipotecar o vender algunas de sus posesiones y fincas. Para mayor dolor, en esos años algunos de los once hijos de Pilar comenzaron a sufrir los primeros síntomas de la tuberculosis, una enfermedad que se abatiría como una plaga sobre la familia. 

La pintura de Pilar Montaner daría entonces un nuevo giro y se volvió más oscura y compleja, aunque también mucho más valiente y creativa. A esta etapa (1913-1922) pertenece la serie de grandes óleos con los olivos mallorquines, cuyos retorcidos troncos quizá arraigaban en su amargura.

Pilar Montaner
Pilar Montaner dando los últimos retoques al Dolor Humano, 1921

La familia fue desahuciada en 1931 del Palacio del Rey Sancho y empezó un peregrinaje por diferentes domicilios, durante el cual la pintora abandonó sus pinceles y lienzos. Desde entonces y hasta su muerte, ocurrida en septiembre de 1961, sólo retomaría ocasionalmente el lápiz o el carboncillo para retratar a sus nietos o las personas más allegadas.

A buen seguro que Pilar recordaría hasta sus últimos días cuanto había aprendido y gozado de la luz y la compañía de su maestro, Joaquín Sorolla. La última visita del pintor valenciano a Mallorca fue en el verano de1919, acompañado de su esposa, su hija Elena y su fiel discípulo Santiaguillo. Pasaron parte de sus vacaciones en la cala San Vicente, en la cara occidental del cabo Formentor, al otro lado de la bahía de Pollensa, donde se reunieron con la familia Sureda-Montaner. ES un enclave bellísimo con los acantilados de ese extremo de la Serra Tramuntana volcados hacia el mar y unas vistas cautivadoras del Cavall Bernat, una formación rocosa cuya cuerda está conformada por una serie de crestas afiladas.

Oct 2
Cala de San Vicente, Mallorca. Joaquín Sorolla, 1919. Es Baluard. Palma.

A orillas del mar Sorolla pintó quince cuadros, la mayoría colgados en la actualidad en su Museo. En esas vistas se refleja una pintura a base de manchas extensas de color que sintetizan mucho las formas, sin dejar de ser fácilmente identificables. El color y los matices de la luz se imponen finalmente al dibujo. Parece que Sorolla, cerca del final de su vida, soltaba lastre sin abandonar su obsesión por la luz, experimentando con ella en las distintas versiones de este paisaje.

“El mar estaba calmo y todos los amarillos y naranjas se reflejaban, parecía que viajábamos sobre un mar de oro al rojo.” – Joaquín Sorolla

En esa playa pintó Sorolla el cuadro propuesto este mes en Cercant l’Art: Elena en Cala San Vicente, Mallorca. La protagonista, su hija Elena, vestida de blanco, está de espaldas encima de una roca. Por la inclinación de su cabeza y el gesto parece atenta a no perder el equilibrio, algo a lo que no ayudan sus zapatos de tacón. Con la mano izquierda sostiene un sombrero de paja adornado con una cinta negra, al mismo tiempo que se sujeta la falda. La figura está envuelta por la luz del atardecer que hace del agua un espejo de reflejos dorados y tiñen los acantilados de un color anaranjado. Como contraste a tanta luminosidad, destaca la sombra verdosa sobre la que descansa la barca amarrada a la orilla y el pie de la roca donde está Elena. Las sombras, el cabello de Elena y la cinta del sombrero son los detalles oscuros sin los cuales el cuadro no tendría tanta fuerza. ¡Como la vida misma!

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Cinta
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Cinta

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2 comentarios en «ANÉCDOTAS DE LA CARTUJA DE VALLDEMOSA»

  • Cinta, com sempre, un relat de relats encisador.

    M’ha portat dolços records de l’última visita a Lourdes a Mallorca, en la que malauradament no vam poder comptar amb la teva companyia.

    M’ha encantat descobrir a Pilar Montaner.

    Gràcies altra vegada per compartir la teva sensibilitat i el teu temps i esforç amb tots nosaltres.

    Respuesta
  • Querida amiga no tengo excusa por no dejar comentarios a tus maravillosas entradas en las que encuentro siempre tantos motivos para dejar constancia escrita del placer que siempre me proporcionas.
    Combinar historia y arte con la extensión y matices tuyos,con un estilo tan inconfundible, me deja extasiado y necesito un tiempo para asimilar todo.
    En este caso te agradezco especialmente el relato de la Cartuja y tu aproximación histórica pues de ella ya me hablaba mi madre cuando yo era pequeño y descubrí con Lourdes y Pedro en el Rotatorio, constituyendo un flechazo a primera vista que perdura desde entonces.
    Un abrazo enorme

    Respuesta

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