VANIDADES

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Figura de la entradaLa adoración de los Magos (detalle). Sandro Botticelli, 1475. Tempera sobre madera, 109 x 75 cm. Galería de los Uffizi, Florencia.

CONCURS CERCANT L’ART III (nº9, desembre):

SOLUCIÓN: La adoración de los Magos. Sandro Botticelli, 1475. Galería de los Uffizi, Florencia.

ACERTANTES (por orden alfabético): Maite Talón, Pepe Ruiz, Pere Ramirez y Pere Sanchez.

COMENTARIO

La palabra vanidad viene del latín vanitas, vanitatis (cualidad de lo vano, pura apariencia, fraude, presunción de que se posee algo cuando el interior está vacío). El vocablo se deriva del adjetivo vanus (vano, hueco) de donde proceden también desván o desvanecer. Sin embargo, en su uso actual vanidad  es principalmente sinónimo de arrogancia y presunción.

A pesar de que sus raíces etimológicas se hunden en la sensación de vacío, la vanidad ha llenado y enriquecido el mundo del arte. Y es que ese afán tan humano ha llevado a erigir palacios, moldear esculturas y pintar magníficas obras, a veces para vanagloriarse de ser propietario de la belleza propia o ajena y otras por el deseo de inmortalidad plasmado en un legado para el futuro.   

El retrato quizá es la forma más evidente de glorificar la vanidad de una persona, aunque a veces el resultado ha sido demoledor. Decía Aristóteles que «El objetivo del arte no es presentar la apariencia externa de las cosas, sino su significado interno; pues esto, y no la apariencia y el detalle externos, constituye la auténtica realidad». Sin embargo, el empeño de algunos artistas en la representación fidedigna del modelo, sin beneficio de retoque por muy poderoso que fuera, seguro que provocó más de una decepción, sino depresión, entre los que se quisieron o se dejaron retratar. Basta con contemplar los retratos de Enrique VIII y su tercera esposa Juana Seymour, pintados por Hans Holbein el Joven, para comprender la rigurosidad del pintor. En este caso el resultado no debió hacer mella en el personaje ya que el rey Inglaterra le escogió en varias ocasiones para ser inmortalizado.

Enrique VIII
Enrique VIII de Inglaterra. Hans Holbein el Joven, 1537. Óleo sobre tabla; 28 x 20 cm. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.
J. Seymour
Juana Seymour. Hans Holbein el Joven, 1536. Óleo sobre tabla; 90 x 66 cm. Museo de Bellas Artes de Viena.
Cromwell
Oliver Cromwell. Samuel Cooper, 1656. Óleo sobre lienzo, 75 x 63. National Portrait Galería. Londres.

Mayor entereza fue todavía la de Oliver Cromwell que exigió que su retrato mostrase «todas estas asperezas, granos y verrugas y todo lo que veis en mi, de otro modo nunca pagaré un penique por él».

La exigencia de Cromwell no era ni es lo habitual. Tratar con las expectativas y el estado de ánimo del modelo es una seria preocupación para el retratista ya que suelen trabajar por encargo y les interesa que el pagador quede satisfecho.

Durante el Alto Renacimiento, en Italia se difundió el uso de insertar retratos de personajes contemporáneos en las escenas pintadas, fueran sacras o profanas, como es el caso de La Epifanía de Sandro Botticelli en el que los Reyes Magos son miembros de la familia Medici.

Dec 1
La adoración de los Magos. Botticelli, 1475. Tempera sobre madera, 109 x 75. Galería de los Uffizi, Florencia.
  • Cosme de Medici, llamado el Viejo, está representado arrodillado frente a la Virgen.
  • Pedro de Medici, llamado el Gotoso, hijo de Cosme, aparece en el centro, arrodillado, cubierto con un manto rojo.
  • Juan de Medici está situado a la derecha de su hermano Pedro, hablando con él.
  • El joven Lorenzo, llamado el Magnífico, nieto de Cosme,  es el primero por la izquierda, vestido con un jubón rojo y apoyado en su espada, adoptando el contraposto (desplazamiento del peso de la figura que recae en una sola pierna), tan del gusto de Botticelli.
  • Juliano de Medici, el hermano de Lorenzo asesinado durante la conjura de los Pazzi, aparece en el centro del grupo de la derecha con ropaje oscuro.

Sandro Botticelli no quiso quedarse al margen de tan importante reunión social e incluyó su autorretrato en el grupo. Es el joven de la derecha que mira al espectador, cubierto con un manto amarillo.

Hacerse pintar como los Reyes Magos parecería el colmo de la vanidad…pero las apariencias engañan, porque en la fecha en que fue pintado el cuadro, 1475, los tres Medici representados como Reyes Magos habían fallecido y, por tanto, ya no podían vanagloriarse de ese estatus bíblico tan importante en la tradición cristiana. Por entonces ya gobernaba Florencia Lorenzo el Magnífico.

Por otro lado, no fueron los Medici quienes sufragaron el cuadro sino un amigo de la familia, Guasparre Del Lama. El comitente sería la persona de cabello canoso que está en el grupo de la derecha, arriba, mirando hacia el espectador y apuntando con el dedo.

El cuadro fue un encargo para su capilla funeraria, la Capilla Lami, ubicada en la pared de la entrada de la iglesia de Santa María Novella de Florencia. Posteriormente pasó a formar parte de las colecciones mediceas.

El hecho de incluir a los Medici como figuras destacadas en un cuadro para tu capilla funeraria podría sugerir un deseo de compartir la eternidad con los amigos, aunque la razón probablemente fuera más prosaica y se tratara una declaración pública de adhesión y lealtad a dicha familia.

La familia Medici, de origen modesto en la región de Mugello, prosperó en Florencia gracias a la banca. El Banco dei Medici fue uno de los bancos más prósperos y respetados en Europa. Con esta base adquirieron poder político, inicialmente en Florencia donde ocuparon el cargo de confaloniero o jefe de la ciudad desde el siglo XIV. Posteriormente, su poder e influencia se extendió en toda Italia y el resto del continente europeo.

Con Juan de Medici, primer banquero de la familia, comenzó el influjo del linaje sobre el gobierno florentino. En 1434 se convirtieron en cabeza oficiosa de la república cuando su hijo mayor, Cosme, tomó entre sus títulos el de Pater Patriae y el de «Gran Maestro».

Entre los descendientes de Juan de Médici hubo cuatro papas, dos reinas de Francia, numerosos dirigentes florentinos y miembros de las casas reales de Francia e Inglaterra. Fue el linaje de mecenas más importantes de Italia y Europa en el campo del arte y la arquitectura, patrocinando a grandes artistas como Donatello, Fra Angelico, Botticelli, Leonardo da Vinci y Miguel Ángel. También apoyaron a poetas, humanistas y científicos como Galileo Galilei, y fueron prolíficos coleccionistas, reuniendo multitud de obras que hoy forman la colección central de la Galería de los Uffizi de Florencia.

El nombre de los Medici está muy ligado a la historia de los museos. Fue en el Renacimiento, especialmente en Italia, cuando se empezó a llamar museos a las galerías donde se reunían obras de arte: la palabra museo conservó (en su forma latina, museum) la idea de lugares habitados por las musas. Cosme I de Medici se dedicó a reunir antigüedades y echó así los cimientos de la célebre Galería de los Uffizi que se inauguró en 1581.

Precisamente en la Galería Uffizi de Florencia es donde podemos contemplar La adoración de los Magos de Botticelli.

Giogio Vasari, uno de los primeros historiadores del arte, describió efusivamente el cuadro: “La belleza de las cabezas en esta escena es indescriptible, sus actitudes diferentes, algunos de frente, algunos en perfil, algún en tres cuartos, algunos agachados y de varias otras maneras, mientras que las expresiones de los asistentes, jóvenes y viejos, varían grandemente, exhibiendo la maestría perfecta del artista en su profesión. Sandro luego demuestra claramente la distinción entre los trajes de cada uno de los reyes. Es un trabajo maravilloso en color, diseño y composición.”

Realmente es una composición muy armónica; la Sagrada Familia está situada en el centro del lienzo, en un plano superior al resto de los personajes que portan vestidos de vivos colores y forman grupos equivalentes a derecha e izquierda, dispuestos en dos alas laterales. La escena está situada en las ruinas de un templo antiguo y rememora la cabalgata de Reyes que ya tenía lugar en esas fechas por las calles de Florencia. Leonardo da Vinci adoptó esta disposición iconográfica en 1481 para su particular Epifanía, aunque con una clara diferencia en la intensidad dramática en la representación de las figuras. Nada que ver con las ágiles, gráciles y elegantes maneras surgidas de las manos de Botticelli, como era habitual en sus obras.

Leonardo. Magos
Adoración de los Magos. Leonardo da Vinci, 1481. Óleo y tempera sobre tabla; 243 x 246 cm. Galería de los Uffizi, Florencia.

Hablando de Boticelli es casi obligatorio referirse a la hoguera de las vanidades que aconteció en Florencia en 1497, promovida por el monje Savonarola para eliminar objetos que consideraba pecaminosos y que podían llevar a la tentación de pecar.

Fray Girolamo Savonarola era un fraile dominico que fue asignado a trabajar en Florencia en 1490 por petición de Lorenzo de Médici. Ser su confesor no le impidió convertirse en uno de los principales enemigos de la familia florentina. Se dice que Lorenzo llamó a Savonarola en su lecho de muerte en 1492 y Savonarola le maldijo, haciendo que Lorenzo terminase sus días, hasta el último suspiro, temiendo al infierno.

Savonarola hizo campaña contra lo que él estimaba excesos artísticos y sociales de la Italia del Renacimiento, predicando con gran vigor contra el lujo, el lucro, la depravación de los poderosos, la corrupción de la Iglesia Católica, la búsqueda de la gloria y la sodomía.

Sus críticas violentas contra la familia Medici, acusándoles de corruptos, contribuyeron a la expulsión del gobernador Pedro de Médici por los florentinos en 1494, tras la invasión de la ciudad por el rey francés Carlos VIII, al que Savonarola contempló como un enviado del cielo para poner orden en el clero que él consideraba impuro. Su poder e influencia habían crecido tanto que se convirtió en el gobernante efectivo de Florencia, instaurándose una severa teocracia de 1494 a 1498.

El poder de Savonarola se vio reflejado en la nueva constitución de Florencia: se declaró a Cristo como el rey de Florencia, se creó un Gran Consejo de Estado, los impuestos fueron reformados, se prohibió la usura, se ordenó la administración de justicia y se eliminaron las instituciones (parlamentos) que habían explotado los Médici para mantener su dominio.

Como el fanatismo es amante de la destrucción, el martes de carnaval de 1497 Savonarola mandó quemar en una hoguera de las vanidades cuadros lascivos (algunos de Botticelli que él mismo lanzó a la quema) junto con afeites, joyas, postizos, espejos, vestidos refinados, tablas de juegos, instrumentos musicales o libros considerados inmorales como la obras de Boccacio y Pretarca o las de antiguos escritores clásicos de la civilización romana y griega de incalculable valor. La violencia dirigida por Savonarola se extendió por toda la República de Florencia, en un intento de obligar a los ciudadanos a que retornasen a unas costumbres sencillas.

En estas condiciones se formó un grupo contrario al gobierno de Savonarola llamado los arrabbiati o los enojados, los cuales fueron derrotados en las calles por los seguidores de Girolamo. Los franciscanos fueron sus mayores opositores, pues con sus predicaciones en la Iglesia de los dominicos la iglesia franciscana de la Santa Cruz de Florencia perdió adeptos y se quedó vacía.

Las críticas de Savonarola no se circunscribieron a la república florentina. Sus ataques contra la familia Borgia fueron cada vez más feroces, principalmente cuando Rodrigo alcanzó el papado con el nombre de Alejandro VI, acusándole a él y a sus amigos de pecadores, incestuosos y mentirosos. El papa intentó que cambiara su actitud ofreciéndole un puesto de cardenal, lo cual no aceptó, manteniéndose en su actitud hostil.

Irritado ante tantas críticas, el papa Alejandro VI amenazó a todos los habitantes de Florencia con la pena de entredicho que significaba prohibir los sacramentos para todos los ciudadanos e impedir que los muertos se enterrasen en cementerios bendecidos. Estas amenazas provocaron el terror entre el pueblo de Florencia sin lograr acallar al fraile.

El 13 de mayo de 1497 Savonarola fue excomulgado de la Iglesia, pero el 11 de febrero de 1498 volvió a subir al púlpito de Santa María del Fiore para demostrar la invalidez de aquella excomunión y arremeter con mayor violencia contra la corte de Roma y el papa. Mientras tanto había proyectado un concilio antipapal para deponer a Alejandro VI y envió cartas a los reyes de Francia, España, Inglaterra, Hungría y Alemania declarando que “Alejandro VI no es verdadero papa y no debe ser reconocido como tal” y acusándolo de herejía, simonía, inmoralidad, no ser cristiano y no creer en la existencia de Dios. Para su infortunio, en esas fechas falleció Carlos VIII de Francia, su máximo defensor, y no obtuvo el apoyo de los príncipes de la cristiandad.

Savonarola insinuó entonces hacer milagros para probar su misión divina. Un predicador franciscano rival le propuso probar esa misión caminando a través del fuego y al negarse a hacerlo perdió el control del discurso público y el pueblo se volvió contra él y sus seguidores. Fue arrestado y bajo tortura confesó haber inventado sus profecías y visiones. Acusado de herejía y sedición, fue sentenciado a muerte. El 23 de mayo de 1498 fue ahorcado en la Piazza della Signoría de Florencia y sus restos incinerados y arrojados al Arno.

Se dice que Botticelli era partidario de Savonarola y que la quema de sus cuadros no le hizo cambiar de opinión. Incluso se cree que una obra fechada en el año 1500, Natividad mística, se basa en el sermón que Savonarola pronunció en la Nochebuena de 1493.

¡Qué lejos quedaban Venus y La primavera!

Natividad mistica. Botticelli
Natividad mística. Sandro Botticelli, 1500. Tempera sobre tabla, 108 x 75 cm. National Gallery, Londres.
Girolamo Savonarola
Retrato de Girolamo Savonarola. Fra Bartolomeo, 1497. öleo sobre tabla 47 x 31. Museo de S. Marcos, Florencia.

La familia Médici volvió a recuperar el gobierno de Florencia en 1512.

Después de la muerte de Savonarola, se originó en Florencia el grupo conocido como Piagnoni para conservar su memoria, organizado en una especie de gremio que en 1527 consiguió expulsar de nuevo a los gobernantes de la familia Médici, estableciendo otra vez una cruel tiranía que terminó en 1530 tras la batalla de Gavinana, librada entre mercenarios a sueldo de los florentinos contra las tropas de Carlos V que habían sitiado Florencia tras el saqueo de Roma. La destrucción del contingente florentino condujo pocos días después a la capitulación de la República mediante el tratado de Florencia. La alianza entre el papa Clemente VII (un Médici) y el emperador volvió a poner en manos de Alejandro de Medici el gobierno de la ciudad. Al año siguiente fue nombrado Duque de la Toscana, título que fueron ostentando sus descendientes hasta la muerte sin herederos, después de una vida disoluta, de Juan Gastón de Médici en 1737. El trono del Gran Ducado de la Toscana pasó entonces a Francisco Esteban de Lorena, de la dinastía de los Habsburgo-Lorena. Esta dinastía gobernó el Ducado hasta 1861 en que la Toscana se incorporó al Reino de Italia, excepto entre 1801 y 1814 que estuvo bajo control francés.

Un dato interesante es que Toscana fue el primer estado del mundo en abolir la pena de muerte (1786). Fueron pioneros durante mucho tiempo porque en 1977, cuando Amnistía Internacional comenzó su campaña global contra la pena de muerte, únicamente 16 países la habían derogado en sus legislaciones. A día de hoy 55 países todavía no lo han hecho y en 2022 al menos 883 personas (hay países de los que no se dispone de datos) fueron ejecutadas en 20 países, algunas discapacitadas o menores cuando cometieron el delito, lo que supuso un aumento del 53% con respecto al total registrado en 2021.

Lamentablemente quedan muchas hogueras en el mundo por apagar y no solo las de las vanidades.

Cinta
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Cinta

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4 comentarios en «VANIDADES»

  • el miércoles, 7 de febrero de 2024 a las 6:32 pm
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    Amb l’excusa del culte a la personalitat, interesantíssim viatge pel renaixement italià i la dinàmica històrica de la ciutat de Florència. Jo em moc en una certa ambigüitat alhora d’avaluar la conducta vanitosa de persones o famílies com els Medicis doncs, si bé és cert que retrats o participacions al bell mig de pintures, normalment sacres, generen un rebuig moral evident, no hi ha cap dubte que sense aquells narcisistes, el nostre coneixement de la societat posterior a l’edat mitjana, així com el valor pictòric de molts artistes, ens estaria molt més enfosquit.
    Gràcies Cinta.

    Manel

    Respuesta
  • el miércoles, 7 de febrero de 2024 a las 8:49 pm
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    Amiga Cinta, densa lliçó d’art i història per, entre altres aconteixements, entendre una mica l’època dels “ Médici”.
    Com que la proposta era “L’adoració dels Reis Mags”, vull subratllar les paraules de Giogio Vasari: “La belleza de las cabezas en esta escena es indescriptible, sus actitudes diferentes, algunos de frente, algunos en perfil, alguno en tres cuartos, algunos agachados.… Es un trabajo maravilloso en color, diseño y composición.”
    Gràcies amiga 😘😘

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  • el viernes, 9 de febrero de 2024 a las 8:10 pm
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    Magnífic, Cinta!
    He tardat uns dies a llegir-te, però quan ho he fet ha estat, com sempre, un plaer.
    Ja hem comentat tu i jo, en més d’una ocasió, que una de les gratificacions d’escriure una entrada és el bagatge de nous i més afinats coneixements que ens aporta el fet de fer-la.
    En aquest cas, estic segur que tu has gaudit molt i t’asseguro que jo també.
    Que interessant conèixer més dels Mèdici i també de Savonarola, un personatge que jo tenia molt desdibuixat.
    Molt elegants i escaients les reflexions sobre la vanitat. “Vanitas Vanitatis”! Sempre present a qualsevol societat. Si no, mira al debat actual al voltant de la foto encarregada a Annie Leibovitz pels reis de España.
    I que afegir sobre fogueres, patíbuls i “corredors de la mort”.
    Tot ho has fet anar meravellosament per fer-nos pensar.
    Gràcies.

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  • el viernes, 16 de febrero de 2024 a las 11:00 am
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    Un article, com sempre, magistral. Interessant lliçó d’història sobre aquesta fascinant família dels Medici, que sense el seu mecenatge no podríem gaudir com ho fem quan anem a Florencia. Malgrat el boig de Savonarola, l’Esglèsia i sobretot el Vaticà continua perpetuant els fastos i les riqueses, segles després.

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