PUAÑISCOLA

Las crónicas de viajes que nos regala regularmente nuestra querida y bendita alma de Gabi, están dando la vuelta al mundo.

Vaya por delante que mal iríamos si fuera yo el encargado de la sección. Mal viajero y pésimo gourmet.

Pero, ¿existe un control de calidad? ¿Alguien se ha planteado seguir sus pasos?

Amigos, ese alguien existe y no puede ser otro que Manel y su desalmada tropa a la que pertenezco.

Por supuesto, su idea no se centraba en la belleza del lugar o las posibilidades que apuntaba Gabi de conocer la interesante Sierra de Irta a pie. Caminar es una obscenidad para nuestro amigo, un insulto al colesterol acumulado.

La chispa, el motor que había despertado su entusiasmo era la posibilidad de degustar la recomendación gastronómica incluida en el reportaje y que consistía en degustar uno de los mejores arroces del territorio y del mundo mundial, el de Casa Jaime.

30 de enero 2022, “Benvolguts (él siempre muy ceremonioso cuando busca algo) tot en marxa per la sortida a Peñíscola pel dissabte i diumenge 19 i 20 de febrer”

“La idea és sortir d’hora al dissabte, max 09h…..Dinar al restaurant que va recomenar en Gabo….diumenge matí farem una de les rutes del parc natural….durada 3h, dificultat baixa”

Hombre, la idea era muy seductora y “dificultat baixa” era de esperar.

En el coche, su coche, teníamos asiento Adela, Ana, Pedro R. Manel y yo mismo.

Llega el día, 19 de febrero.

Mal tiempo para empezar, pero teniendo en cuenta las previsiones y alertas por lluvia intensa de días anteriores nos parecía estar en temporada tropical.

Si un inicio de viaje tiene que marcar tendencia y respetar las previsiones de la organización, éstas no podían ser peores nada más empezar.

Ana y yo no presentamos con una hora de retraso sobre un retraso de horario que habíamos solicitado previamente. No expondré las explicaciones porque un cronista de mi categoría no se pega un escopetazo en su pie bueno así como así.

Alguna excusa puse, pero no la expongo por si alegué entonces otra cualquiera de mi repertorio y no coincide.

Para redondear la salida, Manel tuvo la brillante idea de pinchar una rueda, antes de salir, introduciendo un bendito clavo en ella.

También tuvo la buena idea de llamar al Raac. Parece ser que es usuario habitual y no es la primera rueda que pincha.

El tal Mortadelo del Raac que llegó sin demasiada prisa, sin demasiadas ganas y sin demasiada ciencia, se miró aquello como si no tuviera un mañana o como si se tratase de un trabajo final de máster.

Suerte que Manel, que como he dicho es un experto en la materia, le indicó el procedimiento a seguir. “Tú métele un parche y pa lante”

Sin mucha convicción lo que le metió fue un punzón sin piedad a la rueda sudando como un tocino.

Si salió bien, que salió, fue un milagro de san Rafael patrono de los conductores (va por ti Ramón) y sabe Dios que Mortadelo lo va contando por ahí como su mayor proeza mecánica.

Total, que salimos con el tiempo más justo que una novia el día de su boda. Teníamos reserva a la 1,30 en casa Jaime y un fallo podría haber sido mortal para las expectativas creadas que se centraban básicamente en el ceremonial gastronómico.

La conducción fue impecable y sin contratiempos, señal que las hadas habían decidido no dejarnos de lado y con una putada ya teníamos bastante.

La llegada al restaurante, recomendado explícitamente por Gabi, fue impecable también. La 1,30 en punto y cruzando la puerta de un local sencillo pero con encanto, delante del mar. Por la lluvia caída nos tuvieron que acomodar dentro.

Con el primer y principal objetivo cumplido y ante la expectativa de un buen arroz en marcha el buen humor se hizo excelencia.

Recalco que soy un negado culinario y tal vez Manel o Pedro pondrán luz a los entrantes que sí, recuerdo destacables.

El arroz Calabuch, adquirido en honor al título de una película de Berlanga, es delicioso con la peculiaridad de unas ortigas de mar y espardeñas incluidas en su preparación.

Llamo a Gabi para felicitarlo por su gran sugerencia, aunque confieso que dada mi perspicacia y un oportuno interrogatorio al dueño del lugar, tenía serias dudas sobre la probabilidad de que nuestro amigo hubiera pisado alguna vez tal lugar.

El vino bajando al intestino acompañado por una tropa de granos de arroz más las ortigas de mar que como todo el mundo sabe son el afrodisíaco más potente del mundo y suelta mi lengua viperina más de lo habitual me tenían un poco descontrolado.

Se confirma.

“Espléndida recomendación amigo” “¿A siiiiii? Yo no lo he probado y nunca he estado allí”

Ahhhhhhhhhhhhhh

Amigos, os confieso que allí mismo se me cayeron los huevos al suelo. Y dejo claro que encima de la mesa no había huevos.

¿Cómo recomiendas algo de oídas?

Pero si tú eres mi gurú del viaje!!! Con lo negado que soy, y sin confianza, a este paso no voy a salir de Castelldefels!!!!

Hombre de Dios!!!

 Eras mi ídolo viajero. Bueno, lo sigues siendo porque te salió bien y ahí lo dejo.

Con el estómago feliz y contento vamos al alojamiento (las ortigas de mar también son un potente creador de poesías)

Peñíscola tiene hoteles para no terminártelos, pero para gente con nuestro glamour se necesita a una Adela para escoger sin riesgo.

Puesto que Gabi actualmente sólo entiende de alojamiento en auto caravana, aquí os lo explico.

En el casco antiguo (el que vale la pena, porque lo vale) está “Hotel Joanna” que tiene unas vistas al mar que te cagas.

Como esta es una crónica veraz y seria, os reconozco que no tengo ni idea de cómo es por dentro, pero por poco que esté a la altura de su localización estratégica tiene que valer la pena.

Si hubiese sido yo el encargado de la reserva y teniendo la posibilidad de dos únicas habitaciones libres disponibles, mando a Pedro al maletero del coche y me quedo más feliz que una perdiz.

Adela, a la que Dios ha bendecido con bondades y glamour, renunció a tamaña, y posiblemente cruel decisión, y nos encaminó a la coqueta “Casa Jacaranda”, algo alejada de las mejores vistas, pero más que aceptable conjunto de tres mini apartamentos bien equipados.

Pedro en el primer piso para evitarle esfuerzos excesivos (no hay ascensor), nosotros en medio como lonchas de mortadela y Adela y Manel por la azotea ventilándose.

Manel propuso cena casera. Eso estuvo bien si no hubiese sido por su elección del menú.

Compartir una tortilla de judías de lata con los consabidos riesgos que eso comporta…uf!

Parece que no conozca a estas alturas mis debilidades por los pedos.

El sonido sube, como es bien sabido.

Nosotros teníamos el hándicap de contar con Pedro en el piso inferior…un infierno…qué atronadora sinfonía, aunque bien es posible que fuera fruto de una desgarrada pesadilla con tanta tensión acumulada en este primer día de viaje.

El segundo día amaneció increíblemente bello.

Mediterráneo puro.

Después de un correcto desayuno en el único bar decente y un breve paseo por el lugar donde la media de edad local es de 83,2 años, nos dirigimos hacia el reto propuesto ese día.

Gabi recomendaba una serie de caminatas por diferentes rutas de la Sierra de Irta.

Diferentes dificultades por supuesto. Nosotros, con dos Sancho Panzas y varios meniscos y trocánter hechos trizas en el grupo, optamos por el de dificultad baja a falta de dificultad ínfima.

Muy aconsejable para este grupo general es el “Itinerari Circular del Far D’Irta”.

Fácil y espléndido como había pronosticado, esta vez con certificado de comprobación, la propaganda del viaje.

Obviamente no cumplimos los plazos ni concluimos el recorrido.

Fue mucho más gratificante quedar desterrados y espachurrados en la deliciosa playa Cubanita comiendo ciertas sobras de la cena del día anterior que Ana había rescatado con gran acierto y con genética de familia de nueve hermanos donde no se tira nada, incluido un servidor.

Con los objetivos cumplidos y mucho más que felices ya sólo quedaba encarar el viaje de vuelta y comer en un lugar super recomendado de Casas de Alcanar.

La recomendación venía por parte de un amigo infalible de Manel quien se relamía pensando en ese magnífico pescado que se iba a zampar previas cigalas de palmo.

Al llegar, el lugar feo de cojones, no presagiaba maravillas, pero es bien sabido que existen ciertos lugares con contrastes desconcertantes.

No fue el caso.

Más, cuando vimos la carta y Manel preguntó por el pescado fresco del día. La preguntita acompañada por la cara de sorpresa de un camarero que mal disimulaba una carcajada y lo solucionaba con un… “Voy a preguntar” con menos convicción que Jesulín de Ubrique cantando, desencadenó un infierno en el “Adrià” que lleva dentro.

Efectivamente, un desastre culinario que dejó desanimado a nuestro bien amado sibarita, pero que sobrellevamos con risas y chascarrillos los demás.

Su buen carácter y humor se reprodujo entre canciones y últimos comentarios de un lento viaje que agonizaba y dejaba un excelente sabor de boca y sinceros besos y abrazos en una emotiva despedida.

Conclusión.

1—El que pueda, que fiscalice los viajes de la web.

2—Viajar con amigos prolonga la vida y mejora la salud

3—las arrugas que aparecen por reír tanto son un saldo positivo.

4—Gracias por aguantarme amigos.

5 comentarios en «PUAÑISCOLA»

  • el sábado, 23 de abril de 2022 a las 4:23 pm
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    Aunque ya me lo habíais explicado de viva voz, he disfrutado un montón con tu relato, Pepe!
    Siempre sacas la punta a todo y me haces reir!
    El vídeo es un complemento genial y muestra lo bien que os lo pasasteis! Me ha encantado! Y qué bien os veo a todos!

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  • el lunes, 25 de abril de 2022 a las 5:33 pm
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    Que bueno Pepe.., como me he reído…!!!!
    Bueno, imagínate como oriento y acierto…, sin haber entrado al restaurante…, no te digo nada cuando pruebo la comida de verdad.., jajaja……
    Me alegra especialmente que estuvierais en Peñiscola, en casa Jaime y en Playa Cubanita y sobre todo que os lo pasaseis tan bien.
    El vídeo, fantástico.
    Te mando un fuerte abrazo

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  • el martes, 26 de abril de 2022 a las 12:02 am
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    Pepe, eres tremendo! Cómo me he reído con tu crónica del viaje! Aunque parezca imposible, en cada entrada te superas. Eso sí, queda claro lo bien que lo pasasteis. No hay como sacarle punta, más bien risas, a todo, incluido a las contrariedades que de este modo llegan a ser bienvenidas. Por cierto, con ese afán de fiscalizar a Gabi, te veo en Sumatra.
    Espero la siguiente. Besos.

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  • el martes, 26 de abril de 2022 a las 9:14 am
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    Pepe, nos habéis atrapado y hundido en la miseria.😉
    Los viajes que publicamos son un copiar y pegar, un montaje. Nunca los hemos realizado. 😉
    Lo siento, los que verdaderamente realizamos, son tan bellos y fascinantes que nos lo guardamos para la intimidad, pero leída vuestra experiencia, procuraremos a partir de ahora publicar lo realmente experimentado.😀
    Por si el mundo nos lee, este comentario es una ironía más a tu artículo.
    Publicamos lo vivido y pisoteado.
    Pepe, un abrazo y una sonrisa.
    😀👍

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  • el sábado, 7 de mayo de 2022 a las 10:48 pm
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    Buenísimo Pepe!!! Os he “visto” y me he reido a gusto!! Es genial escaparse con los amigos…el plan es lo de menos, y al final tuvisteis un buen arrocito y hasta sol!… junto a muchas risas!!!
    Besos
    Cristina

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