PÚACALÇOTADA BARÁ

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Qué suerte tenéis, queridos amigos, de poder contar con el mejor cronista mundial, más creíble y más premiado.

Alguien que sea capaz de poner orden al habitual disparate. Alguien que va a relatar con todo detalle la verdad, o no, del gran acontecimiento vivido por gran parte de este grupo.

Pienso y lamento la ausencia de esos amigos que no pudisteis venir, para vosotros va especialmente este relato.

Lógicamente, también para los millones de lectores que por razones geográficas, culturales y físicas no podéis participar.

Estoy seguro que obtendré el habitual aplauso, pero por si acaso tenéis que conocer el gran refrán que aprendí durante mi gira por Arabia, “los perros ladran y la caravana pasa”.

En Camerún os parecerá raro quemar cebollas, pero vosotros asáis hormigas y aquí nadie dice nada.

También lo aclaro para los pakis que sorbéis cerebros de mono y no habéis entendido tal vez el excelente contenido del artículo de Lluís sobre este tipo de evento.

Es cierto que en realidad no se trata de una gran comida, sino más bien de una excusa para quedar con los amigos.

Una comida que exige babero, es denigrante.

No digamos los que se ponen guantes.

Yo personalmente prefiero la paella, pero hay quien se mete cebollas en el cuerpo como si no hubiese un mañana. No puedo desvelar ahora sus nombres, pero algo quedará reflejado en esta crónica.

Esta vez, Cris y J. Manuel decidieron temerariamente ser nuestros grandes anfitriones

Debieron encontraron en ese lugar a un romano momificado con un calçot en la tráquea (seguramente muerte por asfixia según me explicó Maite).

Típico, típico lugar de calçotadas no me lo parece, pero allá que vamos con fe ciega.

En esta vida todo tiene un peaje y una cruz.

La mía, mi destino, tener que meter en el coche a Manel y Pedro juntos.

Los gritos de clemencia y socorro que profirió mi coche al adivinar lo que se le venía encima (nunca mejor dicho), no pudieron ser atendidos y no hubo más remedio que introducir tal carga. Los amortiguadores crujieron enloquecidos.

Manel, con una supuesta autoridad, se sentó en el asiento de copiloto para aprender de cerca cómo se debe conducir magistralmente y mejorar su nivel de manejo de vehículos.

Babeaba sin freno. Manchó un poco la impecable tapicería. Ana ya se lo ha perdonado.

Mientras tanto, Pedro iba anestesiado en el asiento trasero abrumado por el cotorreo de Adela y Ana que puede taladrar las orejas de un elefante.

El pobre ya intentaba acercar su cabezón a los asientos delanteros donde se desarrollaba una inteligentísima conversación, pero a la media hora sin fumar se le debilitó gran parte de la materia gris y fue perdiendo ánimo.

Pobre Pedro.

El viaje se les hizo corto.

Creo que llegué a sobrepasar temerariamente los 100 km. por hora.

Primeros en llegar … ¿dónde están los anfitriones?

Aparecen seres reconocibles.

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Uno no.

Un tal Baltasar si no recuerdo mal ( nombre de rey mago era seguro), personaje esperpéntico, difícil de clasificar incluso para una pluma tan brillante como la mía.

De entrada, es capaz de hablar más que yo, muy preocupante tema, y camina más torcido que la torre de Pisa.

Una enciclopedia viviente de Bará y cotilla sin freno

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El tal Baltasar con gorra y bastón por si no atendías. Cris pasando de él. Marta francamente interesada

Dicha cualidad sería elogiable si no fuera porque nunca ha tenido la virtud de colaborar con About Us.

Él tenía entre ceja y ceja a Luis Cobos y de allí no lo sacabas.

Su principal mérito fue colarnos en el museo de la radio (el más importante del mundo según desveló Luis del Olmo del que ahora os cuento) y

chismorrear sin filtro.

Por lo visto, Paloma San Basilio hacía unas tortillas de lujo.

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Es ver un micrófono y venirme arriba. Era tal el clamor del público que me seguía que no lo pude evitar.

Mérito suyo fue también traernos al segundo mejor cronista del planeta.

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Cariñosa dedicatoria del segundo mejor reportero del mundo al grupo “Púa”

Él mismo reconoció que nadie me ha podido superar ni superará.

Nada más verme casi gritó … “la mejor visita que hemos recibido” … me mosqueó un poco cuando se la oí decir al siguiente grupo.

Con comentarios como este, demuestra no estar a mi altura moral, física indudablemente.

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Aquí un rayo de luz celestial me iluminaba el cerebro. A él las tetas.Yo con dolor cervical

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Cómo me mira!!! A Gabi no le hace gracia.

Yo lo conocía de mi anterior etapa como dentista y esas alturas no hacen más que reforzar mi teoría de que la inteligencia y clase es inversamente proporcional a la altura por la sencilla razón que la distancia del cerebro respecto al corazón hace materialmente imposible un correcto fluido de sangre por cuestiones físicas. Siempre hay lugares pobres de riego.

También puede suceder que si eres excesivamente bajo todo queda muy apretado y se produce sobrepresión, muy dañina por cierto.

Lo ideal científicamente demostrado, es medir alrededor del metro setenta (más/menos) lo que garantiza una inteligencia sin igual.

Después de hablar con un personaje así de tanto mirar para arriba, sales con un dolor de cervicales que ni te cuento.

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Si todos miramos con atención … ¿Dónde carajo miras tú Pedro?
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Está claro a quién presta atención.
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Con dificultades, la multitud reclamaba sin descanso autógrafos míos, salimos del local.

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Cada uno en su coche … Manel y Pedro en el mío.

Jose y Pep en un camión nuevo que se han comprado.

Yo creo que se ganan un sobresueldo repartiendo butano por masías perdidas de la Vall Fosca..

Por mi parte, gracias a una habilísima maniobra, desplacé a Gabi de la primera posición de la caravana de coches perseguidores.

No me habría atrevido con el camión de Pep.

Manel todavía tiembla.

Con la situación controlada y los pálpitos en ritmos pausados, emprendimos la conquista del Oeste.

Recuperamos por el camino a los que les importa bien poco la cultura (por no escribir una mierda que queda feo) y habían quedado emplazados en una ferretería.

Con el rebaño reorganizado, Cris y J. Manuel ya nos dirigieron hacia el lugar del evento … una masía perdida en medio de una campiña que no localiza ni google maps.

Allí nos topamos con una mesa sin fin.

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Los de abajo con las cervicales desencajadas … Pedro a su bola, no suelta el calçot ni para la foto.

La calçotada con todo el mundo sentado, no se contempla en las estrictas indicaciones de Lluís y esencia de esta comida.

Raro, muy raro.

Una de las gracias de este acto cebollil es el de ir de un lugar a otro entre gente chorreando salsa.

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Un ejemplo al azar de uno de los comensales con el ridículo babero, comiendo el rabo del calçot y media falange del pulgar

En esta ocasión, estando todo el mundo encorsetado en su lugar delante de su porción de salsa y calçots ha sido un inconveniente añadido.

Aleja obviamente la posibilidad de observar guarrerías varias y un relato más completo.

Lo que pude contemplar y asegurar puedo, es que por lo menos tres personas de mi entorno comieron cebollas como si no hubiera un mañana.

Llu.., Ped… y Mai.. (nunca desvelaría sus nombres) se pusieron ciegos.

Mai.. en concreto, sentada frente a mí, dio cuenta de los suyos, los míos, los extras más un trozo de mantel donde había caído un poco de salsa.

En un descuido se comieron los rabos.

Qué bestias!!!

La calidad del calçot, muy buena. La salsa la recuerdo bien. El vino no bajaba ni con gaseosa.

Con la carne hubo mucha más discrepancia, pero ese no es mi tema. Tendríamos que consultarlo con nuestro experto gastrónomo Llu.. (el de los calçots por un tubo).

Quedó mucha chicha en los platos.

Si hemos partido de la base que este acontecimiento, si algo tiene, es propiciar una reunión de amigos, sentar al grupo en una mesa kilométrica lo desluce bastante.

El problema es que no todo el mundo estaba en condiciones de levantarse para participar de conversaciones vecinas.

La cantidad de gas acumulada por algún comensal que se había propasado con el primer plato, con un inminente riesgo de explosión fétida, más el vino bajado sin ayuda de gaseosa impidió a más de uno desplazarse adecuadamente.

Hugo quedó frito. No sé si fue el cansancio, la pobre conversación del entorno o los gases nauseabundos de aquella zona extrema.

Yo apostaría por lo último. ¿Cómo explicar si no las terribles consecuencias que padeció Max?

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La mesa ya desmelenada daba más sentido a una reunión Púa.

Conversaciones para todos los gustos.

Noticias buenas y no tan buenas

A pesar de todo siempre queda ese regusto amargo del poco tiempo transcurrido para disfrutar más de cada uno de los amigos.

Despedida siempre entrañable en el párking.

Cada uno a su respectivo coche. Jose y Pep al camión.

Yo con mis acompañantes habituales más el sobrepeso brutal de lo comido por alguno de ellos.

Pedro no cedió esta vez, y desplazó a Manel al asiento trasero.

O bien quería disfrutar con mi rica y variada conversación, o bien quería disfrutar de cerca mi excelente conducción o simplemente no le entraba el cuerpo en el asiento trasero después de la comilona y no vio otra opción.

Temí no llegar vivo a Barcelona por los mismos gases que dejaron KO a Hugo y Max.

Alguno se escapó, pero la educación imperó.

Pedro tuvo a bien no encender el mechero y el coche no explotó.

Mientras tanto Manel, confía tanto en mi finura pilotal, que se quedó sobado cual niño en la primera curva.

Yo creo que fue porque se atrevió con el vino sin gaseosa con el peligro que tenía..

También pudo ser una butifarra atravesada. Estas eran peligrosas.

Todos los médicos sabemos que eso produce catalepsia.

Sin más incidentes y con ese grandioso recuerdo que dejan nuestros encuentros llegamos al fin de esta historia.

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Gracias infinitas a nuestros magníficos anfitriones.

PD. Queridos esquimales, no aplaudáis mucho que con tanta emoción y batir de manos aumenta el calor del lugar y se os va a derretir el poco hielo que os queda en el Polo.

5 comentarios en «PÚACALÇOTADA BARÁ»

  • el sábado, 23 de marzo de 2024 a las 8:41 pm
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    Genial Pepe!!! Me he reido a gusto en muchos de los momentos que relatas, del día de la calçotada!!! Sacándole punta al lápiz de todo…no dejas títere con cabeza…con todo el cariño!! No he encontrado a faltar ni un solo momento del día, así que tu crónica es UNA PASADA!!!!🤣🤣🤣🤣 Creo que Manel pudo recuperar su pulgar…!😅
    Besazos
    Cristina

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  • el domingo, 24 de marzo de 2024 a las 11:29 am
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    Grande Pepe, como siempre.
    Por cierto, en el viaje de vuelta iba pensando, muy discretamente, eso si, acerca de los gritos que Ana suelta con indisimulada frecuencia cuando tu tomas las riendas (entiéndase volante). Ese angustiante:”PEPE CENTRATE!!” alude a que no estás por lo que debes estar; a que prefieres tomar las rotondas al revés, o ¿a que exactamente?

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  • el domingo, 24 de marzo de 2024 a las 12:50 pm
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    ¡Otra que me he perdido! Menos mal que me llega tu crónica y mientras me parto de risa es como si lo hubiera vivido. Genial, como siempre.
    Abrazos.

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  • el domingo, 24 de marzo de 2024 a las 1:47 pm
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    Genial amigo Pepe,
    Hugo sobao y yo casi.
    La primera imagen en el museo de la radio me había parecido que estabais mirando la estatua de Luis del Olmo, jajaja pero luego en otras ya lo vi en distinta pose y me dije: !Coño si está vivo!
    Lastima del poco tiempo que tenemos para poder hablar con todos y todas, pero lo poco hablado nos llena de ganas para poder quedar en la próxima, que no se pa cuando.
    Yo creo que Manel se torró en la vuelta para no sufrir tu conducción, igual pensó que habías bebido mucho.
    Un abrazo grande.

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  • el domingo, 24 de marzo de 2024 a las 6:06 pm
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    Me he hartado de reír con tu reportaje, Pepe. Magnífico. Y muy acertado, sobre todo en tu análisis de la correlación altura-inteligencia ¡Aúpa los de 1,70!
    Un abrazo

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