POLINESIA, EL EDÉN DE LOS MARES DEL SUR

 “Los Mares del Sur” es ese enorme lugar remoto y misterioso que aún en el siglo XVIII los exploradores y navegantes no habían sido capaces de definir en su totalidad.  Con casi 25.000 islas diseminadas por la inmensidad del Océano Pacífico Sur, pobladas por los llamados pueblos polinesios que las fueron colonizando poco a poco a través de expediciones marítimas a lo largo de los siglos, estas islas han sido siempre sinónimo de paraíso terrenal.

Precisamente fueron el francés Antoine de Bougainville y el británico James Cook los que en la segunda mitad del siglo XVIII hicieron grandes y largos viajes exploratorios, cartografiando la zona y escribiendo maravillas sobre las tierras descubiertas, la bondad de su climatología y sus habitantes.

Estos atractivos escritos despertaron el interés por conocer estos paraísos, de muchos europeos que en el siglo XIX viajaron, vivieron y algunos incluso no volvieron y están allí enterrados.  Los escritores Robert L. Stevenson, Herman Melville o Pierre Loti, el pintor Paul Gauguin, el cantante Jacques Brel, o ya en el siglo XX, Marlon Brandon, que después de rodar en Tahití las aventuras del Motín de la Bounty, compró una isla con una concesión de 99 años.

Como no podía ser menos, en el siglo XX, el resto de los habitantes del Planeta también han querido y siguen queriendo viajar a estos lugares tan lejanos, para comprobar en primera persona todo ese misticismo.

Algunos de los lugares más míticos, están en la llamada Polinesia Francesa, formada por 118 islas agrupadas en 5 archipiélagos.  Nosotros visitaremos dos de los cinco archipiélagos.   Los atolones de Rangiroa y Tikehau, en el archipiélago de las Islas Tuamotu y las islas de Moorea y Bora Bora en el archipiélago de las Islas de la Sociedad.

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El plan es aterrizar en Papeete, capital de Tahití y ciudad principal de toda la Polinesia Francesa, para al día siguiente dirigirnos a Rangiroa, donde nos embarcaremos en un pequeño catamarán, para navegar durante 3 días por los atolones de la zona.  Después volaremos a la isla de Moorea, donde pasaremos otros 3 días y por último nos trasladaremos otros 3 días a la isla de Bora Bora.

El archipiélago de las Tuamotu es un auténtico paraíso formado por 76 atolones.  Los atolones son un tipo de isla muy especial, pues en su origen eran islas volcánicas, como todas las de Polinesia, rodeadas por arrecifes de coral.  Con el tiempo, el volcán acaba sumergiéndose en el mar y persiste para siempre el anillo coralino que rodeaba al volcán, quedando en medio la laguna que normalmente tiene al menos un canal de comunicación, a veces más, con el mar exterior, por el que a veces se puede navegar y que es el elemento necesario para el aporte de vida a las aguas interiores.  Los atolones solo existen en las zonas tropicales, ya que es el único lugar donde se desarrolla el coral.

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Los 15.000 habitantes del archipiélago viven en cuatro de las 76 islas.  Rangiroa es la más grande y poblada, siendo el segundo atolón más grande del mundo con unos 200 km de perímetro y una franja de unos 8 km especialmente ancha, de unos 800 metros, que es donde está la zona construida y habitada y el aeropuerto.  A Rangiroa es a donde nos llevó el vuelo desde Tahití y allí mismo es donde nos embarcamos, en el puerto de su capital, Avatoru.

Nuestra aventura consiste en pasar tres días en un catamarán, en cuyos 6 camarotes nos alojábamos tres parejas y los tres tripulantes que llevaban el barco, un capitán, un grumete y una cocinera.  Fue una experiencia maravillosa.

Lo que se visita realmente es el interior de los atolones, la laguna. También es donde se fondea para pasar la noche, en nuestro caso en el catamarán.  El primer día estuvimos navegando por el interior de la enorme laguna de Rangiroa, contemplando y admirando este fenómeno tan curioso que son los atolones.  Luego nos trasladamos al atolón de Tikehau, uno de los más espectaculares, donde pasamos la primera noche.

Tikehau es el atolón perfecto, con un único canal de entrada, navegable solo para pequeñas embarcaciones.   Es bastante circular, un poco achatado, con un perímetro de unos 80 km.  El anillo coralino tiene una anchura de entre 200 y 600 metros y una altura máxima de hasta 8-10 metros sobre el nivel del mar. En él encontramos una pequeñísima población, Tuherahera.  También tiene un aeródromo, una zona hotelera tipo resort y dos pequeñas industrias, una piscifactoría y una instalación para el cultivo de perlas. 

La laguna, donde pasamos todo el día y dormimos la segunda noche, tiene unos 25 km de largo por 20 de ancho.  Es desde este el lugar desde el que se admira toda la belleza del atolón, con su anillo prácticamente colonizado al completo por palmeras cocoteras y sus arenales que conforman unas paradisíacas playas de arena rosada. 

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Aparte de admirar la belleza del entorno y las increíbles puestas y salidas del sol desde la embarcación, nuestro trabajo consistió en desembarcar en algunas de sus maravillosas playas para pasear y bañarnos, deslizarnos sobre sus cristalinas aguas turquesa con los kayaks y hacer snorkel para disfrutar de la increíble cantidad y variedad de peces que esta laguna alberga.  El oceanógrafo Jacques Cousteau realizó un trabajo de investigación y una película en esta laguna, destacando que es el lugar con más variedad de peces en toda la polinesia Francesa.   Todo el conjunto marítimo de la Polinesia Francesa está declarado desde 2003 como Patrimonio Natural por la UNESCO.

Otra actividad interesante, fue visitar la instalación de cultivo de perlas polinésicas, una variedad de color gris oscuro, también llamada perla negra, propia de la zona y que son realmente bonitas.  Es un proceso sencillo y artesanal, aunque delicado, que consiste en recolectar un determinado tipo de ostras, que los expertos operarios abren para insertar en su interior una pequeña bolita de material inerte, del tamaño de medio grano de arroz.  Después las ostras son colocadas en los criaderos, como si fueran pequeñas bateas de mejillones, para que el proceso natural haga que aquella pequeña bolita vaya siendo recubierta por muchas capas de coral producidas por la ostra, hasta que se consigue, al cabo de años, la perla.  Los resultados son muy variados en tamaños y formas, siendo difícil conseguir una perla grande y completamente esférica, que son, obviamente las más deseadas, y, por cierto, muy caras.

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Nuestro siguiente destino, Moorea, una de las islas más visitadas de Polinesia, tiene anillo coralino y laguna.  Es decir, la isla no da directamente al océano, sino que a su alrededor hay siempre una laguna y un arrecife de coral que la rodea completamente, aunque con varios canales de comunicación con el oceáno. 

Tiene sin embargo un encanto especial, ya que además de sus increíbles aguas y arenales, cuenta con un atractivo interior montañoso, con frondosos bosques y unas cuantas poblaciones donde viven sus 20.000 habitantes, que conservan el envidiable estilo de vida de estas comunidades, donde predomina la calma y la tranquilidad.

Además de pasear por las preciosas playas y la laguna del entorno del hotel, hicimos dos actividades que nos ayudaron a conocer la isla.

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La primera fue alquilar un coche para dedicar un día a visitar ese interior montañoso, así como los diferentes pueblecitos y playas más bonitas.  Es visita obligada la zona del norte de la isla, donde hay dos preciosas y famosísimas bahías, la de Opunohu y la de Cook, una junto a otra, separadas por el monte Routui.  La carretera que circunvala la isla pasa por estas bahías y permite tomar una variante que asciende por el valle de Opunohu, hasta llegar al popular mirador de Belvedere, desde donde se pueden ver las bahías, en una de las imágenes icónicas de Moorea.

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El día siguiente lo dedicamos a visitar la laguna en una excursión de unas 4 horas, más las paradas, con motos de agua, que resultó ser un poquito dura, aunque emocionante y desde luego una manera excelente y diferente de percibir todas las sensaciones que trasmite la isla y el arrecife desde la laguna.

Nuestro tercer y último destino, Bora Bora, pretendía ser el broche de oro de un viaje único y desde luego, lo fue.  Es sin duda el destino más legendario de todos los Mares del Sur y el que se asocia más con la idea playas paradisíacas y vida contemplativa, con la única finalidad de admirar la belleza perfecta de todo lo que la isla ofrece.

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La isla es una postal.  Un anillo de coral en el que se han desarrollado grandes zonas cubiertas de vegetación y un rosario de islotes con playas de arena blanca y fina como la harina.  Dentro, una gran laguna con toda la gama de colores del verde turquesa al azul más intenso y un único canal navegable, que comunica con el océano.  En el centro de la laguna, ocupando todo ese espacio interior, los restos del Volcán Otemanu, que permanece inactivo desde hace unos tres millones de años.

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Nuestras actividades consistían en disfrutar del maravilloso entorno en el que estaba ubicado el hotel y del propio hotel en sí, al que no le faltaba de nada.  Nuestro bungalow, sobre la laguna, completamente enfrente de la aguja del volcán Otemanu, imagen icónica de la isla, es una visión grabada para siempre en el recuerdo. 

También tuvimos otras experiencias menos contemplativas y más interactivas.

Uno de los días nos desplazamos desde el embarcadero del hotel, que estaba en el anillo coralino, hasta la parte central y físicamente sólida de la isla, donde visitamos algunas aldeas y playas, teniendo contacto con la vida real de la isla.  Recuerdo que era domingo y la gente de la isla estaba mayoritariamente disfrutando del día en la playa y comiendo en algunos de los sencillos bares que allí había, como hicimos nosotros cuando llegó la hora.  Experiencia fantástica.

Otro día nos embarcamos para recorrer las maravillosas aguas de la laguna y realizar actividades que dejan un recuerdo imborrable para siempre, como sumergirse con tiburones, dar de comer a las mantas raya y nadar con tortugas.  Allí se hace con los autóctonos del lugar, que le quitan al tema importancia y te dicen, claro, que los tiburones no hacen nada, pero muchos años después, aún recuerdo la imagen de los tiburones comiéndose los trozos de atún que les echaban desde la barca dos metros delante de la fila de los que estábamos sumergidos con las gafas y el tubo, viendo a los animalitos, en fin, es verdad que no hacían nada, aquí estoy yo para contarlo, pero siempre me he preguntado, los tiburones lo sabían ?

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Gabriel Rull, médico ya jubilado, con tiempo para dedicarme a mis aficiones, la montaña, los viajes, el deporte, además de a la familia y los amigos. Colaboro con Puaweb escribiendo y editando sobre viajes y haciendo todo lo que se me pida.

6 comentarios en «POLINESIA, EL EDÉN DE LOS MARES DEL SUR»

  • el sábado, 9 de octubre de 2021 a las 4:35 pm
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    Un viaje maravilloso…! Celebro mucho que hayas tenido junto a Montse, ocasión de recorrer el mundo y sus maravillas!!! Impresionante la belleza que brinda la naturaleza!!! Gracias por compartirlo…!
    Deseo que vayas muy bien y que tener las retinas tan llenas te ayude a evadirte en los momentos que no sean tan amables!
    Un abrazo enorme!
    Cristina

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    • el miércoles, 10 de noviembre de 2021 a las 12:24 pm
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      Me alegro, Cristina, que te haya resultado entretenido leerlo. Es un lugar para disfrutar de una estética incomparable.
      Te agradezco que te acuerdes de mí, animándome a que las “retinas llenas”, me hagan llevar mejor los momentos menos amables. Así lo haré.
      Un fuerte abrazo

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  • el domingo, 10 de octubre de 2021 a las 12:51 pm
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    Amigo Gabi, maravilloso viaje.
    Siempre he leído artículos relacionados con la Polynesia en revistas especializadas en ello.
    Así mismo, me he recreado en escenas de películas que ha mostrado esa belleza.
    Ilusión tenemos en poder pisar esas tierras algún día y desear como bien has dicho que, disfrutando de sus mares, los tiburones continúen tan “ domesticados” como hasta ahora y así poder contarlo a la vuelta.
    Fascinante destino.
    Abrazos.
    Pere S.

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    • el miércoles, 10 de noviembre de 2021 a las 12:30 pm
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      Creo, amigo Pere, que a los que tenemos alma viajera y espíritu aventurero, nos harían falta varias vidas para ir a todos los lugares que intuimos como fascinantes. Nos resulta fácil ver un documental o leer un pequeño artículo para que ese lugar pase a ser en nuestra mente, objeto del deseo.
      Espero que lo podáis disfrutar en algún momento. No defrauda.
      Lo de los tiburones “domesticados”, ya no te lo puedo garantizar, lo tendrás que descubrir tú..😂
      Un fuerte abrazo

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  • el viernes, 22 de octubre de 2021 a las 5:01 pm
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    Gabi, esto es lo más de lo más!!! Impresionantes, tanto los paisajes como tu descripción. Realmente parece el paraíso!!!. Además detallas de forma genial la geología del lugar que nunca había entendido muy bien. Me alegra mucho que uno de nosotros haya ido poniendo picas en lugares tan lejanos para ahora poder narrarlo y disfrutarlos todo. Soñando ya con otros destinos de esta maravillosa sección.
    Gracias. Un abrazo.

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    • el miércoles, 10 de noviembre de 2021 a las 12:46 pm
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      Gracias Cinta, encantado de que te haya gustado la narración y de que ahora entiendas mejor lo de la geología de las islas volcánicas tropicales, rodeadas de barrera de coral y que acabarán todas en atolones. Yo lo comprendí a raíz del viaje…, otro acicate más para no quedarse en casa.. jeje.
      Te mando un abrazo.

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