Momentos estelares de la España del S. XIX (IX): Economía y sociedad.

AUTOR: Mariano Rebollo.

FIGURA DE LA ENTRADA: Inauguración del ferrocarril a Langreo. Jenaro Pérez Villamil, 1852.

El desarrollo de la economía fue lento y desigual, afectando sólo a una parte del país. La agricultura siguió siendo la actividad mayoritaria de la población, aunque las estructuras agrarias de la nación permanecían estancadas y sin inversiones en aperos, abonos o regadíos.

La España húmeda de las regiones septentrionales se caracterizaba por policultivos y pequeñas explotaciones propias o en arrendamiento (aparcería), mientras que la España seca comprendía la meseta central, tierra de cultivo de trigo, zonas del Levante con regadío y zonas del Sur en las que se mezclaban tierras baldías, cotos de caza, crianza de toros de lidia y zonas de cultivo extensivo del trigo, la vid o el olivo, en grandes latifundios trabajados por jornaleros.

El comercio interior estaba paralizado por la guerra carlista, los impuestos interiores de tránsito y la dificultad de las vías de comunicación y transporte.

La industrialización de España se fue haciendo lentamente y sólo se concentró en ciertas regiones. En Cataluña la industria textil algodonera comenzaba a despegar  con la introducción de las máquinas de vapor. En 1832 se funda en Barcelona la primera fábrica textil, “El Vapor”, propiedad de Bonaplata, Rull y Vilaregut (Bonaplata y Cía), con telares mecánicos y 600-700 trabajadores. La mecanización y extensión de la industria fueron en aumento: se importaron máquinas y se aumentó la importación de algodón en bruto, creciendo la importancia del puerto de Barcelona hasta ser el segundo después de Cádiz. Los salarios de los obreros textiles no excedía de 7 reales al día y además los trabajadores cobraban por piezas acabadas cuya longitud era aumentada periódicamente por los patronos. La jornada laboral era prolongada, hasta de 15-16 horas diarias, e incluía a niños menores de 10 años.

Inici dindustria catalana

Pronto se iniciaron las protestas: el 25 de julio de 1835 los obreros incendiaron la fábrica “El Vapor”, tras lo que se desencadenó una intensa represión que costó muertos y heridos. Fueron detenidos y fusilados 4 trabajadores considerados cabecillas de la rebelión (Alejo Pardiñas, Alejo Bell, José Prats y Juan Jaldí). Aunque se establecieron acuerdos sobre la longitud de las piezas, no fueron respetados por los patronos. Además de salarios dignos, los obreros también reclamaban el derecho de asociación; fueron largos años de lucha proletaria, con huelgas, manifestaciones y a veces cierres patronales, lográndose sólo la reducción de la semana laboral de 72 a 69 horas (1854). Se organizaron “Sociedades de socorro mutuo y de resistencia” (como la Unión de clases y Las Tres Clases de Vapor), pero hasta 1869 no se logró crear la Asociación Internacional de Trabajadores. Tras el fin de la guerra en 1839 la industria catalana ampliará sus inversiones para la mecanización y la Ley de Minas estimulará la producción del subsuelo.

La implantación de la industria pesada fue algo más tardía, no apareciendo los primeros altos hornos en el Norte (Mieres, Bilbao, Baracaldo) hasta mediados de siglo, a partir del empleo del coque como combustible, carbón que no se sacaba de las minas asturianas sino que se importaba de Inglaterra adonde se exportaban los lingotes de hierro.

La explotación minera, financiada principalmente con capital extranjero, fue limitada: minas en Almadén (mercurio), Linares (plomo), Riotinto (cobre) y Asturias (creación en 1853 de la Compañía Asturiana de Minas, belga). La implantación del ferrocarril también fue lenta; hasta 1855 no se aprueba la Ley para facilitar la inversión extranjera en ferrocarriles, aunque se cometieron errores en la construcción de la red, que no facilitaba las conexiones entre zonas industriales, y además empleaba un ancho de vías mayor que el de Europa. Hasta 1864, viajar de Madrid a la frontera francesa tenía que hacerse en diligencia.

Las causas del atraso económico de España hay que buscarlas en la falta de inversión estatal por la escasez de dinero, la ausencia de un mercado nacional debida a la disminución del consumo (sólo hubo un cierto desarrollo del comercio urbano en Madrid y en los núcleos industriales) y la mentalidad de la clase adinerada española que, buscando el beneficio a corto plazo, prefería invertir en la bolsa antes que en la creación de industrias.

Durante estos años hubo un incremento de los precios, debido en parte a la guerra civil, que originó un auge de la especulación en los suministros a los ejércitos, lo que unido al desempleo y a los sueldos muy precarios provocó que la mayoría de la población fuera “una masa marginada y proletarizada”, con un malestar endémico que daba lugar a revueltas y sublevaciones como las ocurridas en la zona de Sevilla en 1857 y la insurrección de Loja de 1861, en la que se alzaron en armas 10.000 campesinos. En 1834 sólo millón y medio de españoles, de más de 12 millones, consumían carne en su alimentación. En 1844 se creó la Guardia Civil con la principal finalidad de la protección de la oligarquía terrateniente dominante. Se fueron generando, entre los obreros, campesinos y mucha gente pobre de las ciudades, los odios de clase contra el burgués, el cura y la Guardia Civil.

Mientras tanto, el “bloque de poder”, configurado por la alta burguesía, la antigua aristocracia, la Corte, los gobernantes y los altos cargos del ejército y la Iglesia, dominaban la economía y la sociedad, dedicándose a los negocios más lucrativos con el apoyo de la realeza. Tanto la reina regente como su hija Isabel II y, más tarde, su nieto Alfonso XII, otorgaron numerosos títulos de nobleza a los hombres de negocios, militares y altos profesionales de la política, con el fin de granjearse su apoyo económico y su protección. Salvo entre la burguesía catalana, no hay acumulación de capital; estos hombres invierten su dinero en los negocios de las contratas otorgadas por el gobierno y en la especulación bursátil. Muchas veces la riqueza inicial de estas personas provenía de sus negocios en Cuba, que a menudo incluía la trata y el comercio de esclavos. Personajes como Antonio López y López (1817-1883, nombrado marqués de Comilas por Alfonso XII), Manuel Pastor Fuentes (conde de Bagaes), Salvador Samá Martí (marqués de Marianao), Juan Manuel de Manzanedo (primer marqués de Manzanedo y duque de Santoña), Julián Zulueta Amondo (vizconde de Casa Blanca y marqués de Álava) y José de Salamanca (conde de Los Llanos y marqués de Salamanca) son algunos de los hombres de negocios que incrementaron su fortuna con el ilegal comercio de esclavos (la esclavitud no fue abolida en Cuba hasta 1886), y que fueron “recompensados” con títulos nobiliarios. Uno de los negocios especulativos del marqués de Salamanca fue la compra-venta de terrenos sin edificar en Madrid, en el barrio que lleva actualmente su nombre.

M Cristina de Borbon
María Cristina de Borbón. Vicente López Portaña, 1830. Museo del Prado

Sin embargo, el caso más notorio de enriquecimiento basado en negocios irregulares y comercio de esclavos en Cuba fue el de la reina María Cristina de Borbón (1806-1878) y, sobre todo, el de su segundo esposo Agustín Fernando Muñoz y Sánchez (1808-1973). Tras la muerte de Fernando VII el 29 de septiembre de 1833, María Cristina se enamoró de Muñoz, sargento de la Guardia de Corps de Palacio, casándose secretamente con él el 28 de diciembre del mismo año. Con este hombre tuvo 8 hijos, 4 de ellos antes de su matrimonio oficial en 1844. Durante el tiempo que permanecieron en España, Dña. Cristina manipuló a su hija, la reina Isabel II, todo lo que pudo, mirando por los intereses suyos, de su esposo y de sus hijos. Logró que a Fernando Muñoz se le hiciera duque de Riánsares, Grande de España, I marqués de San Agustín y senador permanente, “saqueó” el tesoro real y desvió fondos estatales para sus inversiones particulares, convirtiendo su casa palacio de Madrid en una agencia de enchufes y corruptelas. Ambos invirtieron en negocios en Cuba, a través de su testaferro Antonio Parejo (1807-1856), que residía en la isla, un amigo de Muñoz desde su juventud. Como la mayor parte de las propiedades cubanas de la pareja estaban a nombre de la reina madre (“la ama”, como la llamaba su esposo Muñoz), ella se convirtió en la mayor hacendada de la isla y la mayor propietaria de esclavos tanto para las plantaciones de caña de azúcar como para alquilarlos y venderlos.

Mariano R.

Mariano R.

Neurólogo jubilado que disfruta con los buenos libros, las artes y humanidades y las conversaciones con los amigos.

4 comentarios en «Momentos estelares de la España del S. XIX (IX): Economía y sociedad.»

  • el domingo, 25 de abril de 2021 a las 11:04 pm
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    Siglo XIX, España y la agricultura sigue siendo el primer recurso de subsistencia. Hasta q no llegue la industria y se extiende por Catalunya y el norte no logramos avanzar demasiado. Ni los políticos, Reyes ni adinerados ven una España mejor y hoy nos encontramos en un cruce con pandemia donde políticos, Reyes y empresarios son capaces de avanzar. Hasta el fútbol intenta salir por su lado.

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  • el lunes, 26 de abril de 2021 a las 10:30 am
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    Menuda historia tan turbia la de aquellos años,
    Todo el mundo, el que podía, miraba para su enriquecimiento, desde patronos textiles hasta Reyes y cortesanos, todos buscando el “y yo más”.
    La verdad es que no sé si en estos tiempos que corren seguimos como entonces en el “y yo más” aunque de otra manera.
    Cuando alguien dentro de 150 años escriba sobre nuestros días creo que quien lo lea pensará como yo.
    Nada cambia y la historia se repite.
    Gracias Mariano, estas píldoras de lectura me transportan y me hacen imaginar la historia de aquellos años.

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  • el lunes, 26 de abril de 2021 a las 5:37 pm
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    Hola Mariano,
    Nuevamente gracias por tu aportación. Me ha resultado super entretenida. Desconocia la fortuna amasada por la reina Cristina en Cuba. Cuando pensamos en el actual emérito vale aquello de :”de casta le viene al galgo”
    Otra curiosidad es el paralelismo cronológico de los primeros escarceos del movimiento obrero en España respecto a sus homónimos en Europa. Pensaba que en eso también habríamos ido con retraso, pero no. Por ejemplo he recordado que la primera internacional se organiza en 1864 en Londres y tu, en tu escrito, ya refieres conflictos con anterioridad a esa fecha.
    En fin, un nuevo divertimento histórico. A seguir!

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  • el viernes, 30 de abril de 2021 a las 10:02 pm
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    Mariano, de un magistral plumazo nos has situado en ese periodo de mediados de siglo en el que, como siempre en este pais, oligarquias y mangantes, hacian y deshacian a su antojo, abusando de sus privilegios y no solo mirando por sus propios intereses, sino además metidos en infames negocios, explotando, sin sonrojo, a los de siempre hasta la ignominia. Que verguenza y que asco.
    Pero una vez más entretenido y muy clarificador.
    Gracias.

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