LOS MOAIS DE LA ISLA DE PASCUA

La Isla de Pascua, Rapa Nui en el idioma original de los aborígenes de la isla, también llamados Rapa Nui, es uno de esos lugares rodeados de enigma, que ejercen atractivo sobre gran número de personas.  Cuando se visita se tiene la sensación de estar descubriendo una civilización misteriosa, un espacio mágico, que tiene su punto álgido en el encuentro con los Moais, una de las experiencias más cautivadoras que se puede tener.

Pascua es una pequeña isla de origen volcánico, de forma triangular y de unos 160 km cuadrados.  Pertenece a Chile y está situada en medio del Pacífico sur, a unos 3.500 km de la costa chilena por el este y a unos 2.000 km de la isla más próxima por el oeste.  Esto convierte a Pascua en el lugar más remoto de todo el planeta. 

Solo tiene un pequeño núcleo urbano, Hanga Roa, que es la capital y que actualmente tiene unos 6.000 habitantes.  Desde Santiago hay unas 5 horas de vuelo y esa es la manera más sencilla y práctica para llegar a la Isla.

Nosotros estuvimos tres días y nuestra visita a Pascua formó parte del Viaje que hicimos a Chile en 2019 con nuestros amigos Carmen y Miguel y del que ya publiqué en Puaweb la reseña de la Carretera Austral. 

Sin lugar a dudas, la fama universal que este lugar ha adquirido, se lo debe a los MOAIS, gigantescas estatuas de figuras humanas, de hasta 20 m de altura, que están repartidas por toda la isla y de los que se han encontrado restos de unos 900.  En buenas condiciones hay repartidos por la isla unas 400 figuras., incluidos los que se encuentran en diferentes fases de construcción, en la cantera de Ranu Raraku. 

Se calcula que la isla fue colonizada por tribus polinesias hacia el siglo X de nuestra era.  El lugar resultó idóneo y se desarrolló una sociedad que vivía confortablemente de la tierra y del mar.

Consiguió su esplendor hacia los siglos XV y XVI, que es el período en el que los artesanos tallaron en piedra estas enormes estatuas.  Parece ser que posteriormente entraron en un proceso de autodestrucción por guerras internas, seguramente debido al exceso de población y a la escasez de tierra y recursos alimenticios.  Debido a la enorme simbología que para estos pueblos tenían los Moais, parte de la violencia propia de estos enfrentamientos bélicos, consistía en destruir los Moais de los enemigos.

Las figuras de los Moais eran encargadas por las personas poderosas y por los sacerdotes, para honrar a los dioses y conseguir protección para sus aldeas.  Los Moais, ya fueran solos o en grupos, siempre iban montados sobre una especie de plataforma ceremonial o altar de piedra llamado AHU

Una vez colocados sobre el Ahu, les excavaban las cuencas y les implantaban los globos oculares realizados con coral, que era lo que dotaba a la estatua de simbolismo sagrado, ya que era cuando cobraba vida y a través de los ojos trasmitía la protección a la aldea y a la tribu.  Todos los Moais encontrados en la época moderna, carecían de ojos y solo a algunos se les han colocado en el proceso de reconstrucción.

Algunos de ellos disponían de un tocado sobre la cabeza, una especie de moño llamado PUKAO, de color rojizo, que se trabajaban en la cantera del Volcán Puna Pau.  En la visita a Puna Pau vimos Pukaos que no llegaron a ser puestos sobre las estatuas y que se encuentran bastante deteriorados debido a la erosión que afecta de manera importante al tipo de piedra roja volcánica con el que los fabricaban.

Prácticamente toda la isla forma parte del Parque Nacional Rapa Nui, gestionado y mantenido por aborígenes Rapa Nui y para el que es necesario comprar un ticket que sirve para acceder a todos los lugares arqueológicos. Nuestras visitas empezaron en Hanga Roa, donde estábamos alojados y único enclave poblado, es un pueblecito con encanto.  Situado en una zona completamente plana, al borde del mar, se respira un ambiente tranquilo que invita a pasear por sus calles admirando sus jardines ornamentados con flores tropicales y su frente marítimo con alguna pequeña playa, vistas excepcionales hacia el Océano y un pintoresco y pequeño puerto pesquero. 

Ya por la tarde subimos al Volcán Rano Kau, que  está al sur de Hanga Roa, de hecho, el volcán es el vértice sur de la isla.  Desde Hanga Roa hay una rudimentaria carretera sin asfaltar que sube tortuosamente hasta el borde del cráter, que se eleva 300 m sobre su interior y unos 400 m sobre el mar.  También de la misma Hanga Roa sale un precioso sendero que lleva en un par de horas hasta ese mirador del borde del cráter y que es el que nosotros hicimos, andando claro. La subida es muy bonita, pero lo que deja con la boca abierta es la vista del cráter, con un lago en su interior, que es una especie de ciénaga colonizada por juncos.  Se puede caminar por el borde fácilmente, es muy ancho y las vistas hacia el interior y hacia el mar son impagables.

Justo en la parte del borde del cráter donde empieza el acantilado que se eleva sobre el mar, está la reconstruida Aldea Ceremonial de Orongo.  Se trata de un conjunto de construcciones  de piedra emplazadas en un lugar sorprendente, en el borde del acantilado, enfrente de dos pequeñas y solitarias islitas.  Allí se congregaban una vez al año los jefes y otros representantes de las diferentes tribus de la Isla, para participar en la “Competencia del Hombre Pájaro”, ceremonia que se realizaba en honor de uno de los principales dioses Rapa Nui, Tangata Manu.  Se trataba de bajar por el acantilado, nadar hasta los islotes y recoger el primer huevo puesto por unas gaviotas migratorias que llegaban y anidaban cada primavera en esos islotes.  El primero que volvía a la Aldea con el huevo, después de volver a nado y escalar de nuevo el acantilado, era nombrado persona sagrada del año. 

El día siguiente lo iniciamos prácticamente de noche, pues uno de los momentos más esperados por los visitantes a la Isla de Pascua es ir a ver amanecer a Ahu Tongariki, el que fuera el lugar de culto más icónico del pueblo Rapa Nui.  Se trata del Ahu de dimensiones más gigantescas de todo Pascua, sobre la que se alinean 15 Moais, en una maravillosa explanada verde y con el Océano Pacífico al fondo.

En mi lista de “los recuerdos que más me impresionaron”, Tongariki es el número uno.  Llegamos de noche a un párking donde dejamos el vehículo, atravesamos la carretera y empezamos a caminar, iluminados por nuestros frontales, por un terreno más o menos plano hacia una zona que estaba a unos 200 metros.  Veíamos las luces de linternas o frontales de otras personas que avanzaban, así que seguíamos esa estela, creo que todo el mundo se movía por la misma inercia.  Llegamos por fin a la zona donde estaba la gente esperando, casi todos sentados en el suelo y allí estaban los 15 moais, casi imperceptibles porque la oscuridad era casi total.  Poco a poco empezó a clarear el día y cada vez se veían con más nitidez las siluetas enormes de las estatuas.  A continuación, se empezó a levantar el sol delante nuestro y a iluminar poco a poco todo el conjunto. 

Después del momento mágico que todos los que estábamos allí vivimos con cierto misticismo, vinieron los paseos alrededor del Ahu, las fotos y en general la contemplación del lugar desde diferentes puntos de observación.

Muy cerquita de la zona de Tongariki, está otro de los lugares más emblemáticos de Pascua y seguramente el más sagrado para los Rapa Nui, es la cantera del Volcán Ranu Raraku, el lugar donde se fabricaron o esculpieron todos los Moais. 

La visita es espectacular.  Con una extensión enorme, ocupa toda la ladera sur del volcán, que está absolutamente tapizada de hierba, como prácticamente toda la isla.  Existen una serie de caminos preparados para ir haciendo el recorrido, que va discurriendo por entre multitud de Moais, los que nunca llegaron a salir de la cantera.

 Muchos de ellos están enterrados y solo podemos ver en superficie las cabezas.  Otros muchos quedaron en proceso de fabricación, a medio esculpir sobre el bloque de piedra en el que lo estaban haciendo.  Es curioso observar, como además de las típicas figuras de cabeza rectangular y formas toscas, se empezaban a tallar otras cabezas de formas más esbeltas y narices afiladas, que sin duda eran las nuevas tendencias y estilos hacia los que estaban evolucionando los artesanos.

El recorrido va bordeando y ascendiendo por la ladera, hasta llegar al cráter a cuyo fondo se puede bajar y donde hay un lago y unos 80 moais más.  En Rano Raraku hay en total unos 300 moais que no llegaron a ser trasladados a sus lugares definitivos.

Tanto desde la zona alta del cráter, como desde la misma ladera, tenemos hermosas vistas hacia la extensa planicie herbosa que llega hasta el mar. Ha sido un paseo relajante que nos ha permitido conocer y entender más acerca de esta fascinante cultura.

El tercer y último día, ya sin necesidad de madrugar para ver la salida del sol, lo dedicamos a relajarnos en la única y fascinante playa de la isla, la Playa de Anakena, un precioso lugar de arena blanca, bordeado de palmeras, que tiene relevancia simbólica por ser el lugar donde se supone que desembarcaron los primeros pobladores polinesios en el siglo X y posteriormente los europeos, en el siglo XVIII.

También en la misma playa, a pocos metros del agua, existe un precioso y muy bien conservado conjunto de Moais, el Ahu Nau Nau, que fue excavado y descubierto en 1979.  Los moais encontrados, estaban enterrados en la arena y seguramente fue esta circunstancia la que hizo que aparecieran en magníficas condiciones de conservación.  También es una curiosidad saber que en esta excavación aparecieron fragmentos de coral tallado, que, tras su recomposición, permitieron descubrir que eran los globos oculares que encajaban en las cuencas de esos moais y que hasta 1979 se desconocía.

Este último día de relax, acabaría con la visita a un lugar en el que es típico ir a ver la puesta de sol, Ahu Tahai.  Está muy cerca de Hanga Roa, en la costa, a unos dos o tres km y se llega desde el pueblo dando un paseo de una media hora.  Es un lugar espectacular, una gran explanada verde sobre el mar que le hace de telón de fondo excepcional.  Este Ahu tiene cinco Moais por detrás de los cuales se produce una puesta de sol fascinante, con el disco solar desapareciendo en el mar entre las siluetas de los Moais.

En la misma explanada hay otros dos Moais solitarios, uno de los cuales, Ahu To Te Riku, es una escultura de cinco metros, completamente reconstruida y dotada de globos oculares y Pukao (moño).  Así eran realmente los Moais originales.

Rapa Nui, la Isla de Pascua, un lugar mitificado donde toda la isla es un museo al aire libre y donde las enigmáticas estatuas de los MOAIS trasmiten un magnetismo difícil de explicar con palabras.

Una experiencia inolvidable

Gabo
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Gabo

Gabriel Rull, médico ya jubilado, con tiempo para dedicarme a mis aficiones, la montaña, los viajes, el deporte, además de a la familia y los amigos. Colaboro con Puaweb escribiendo y editando sobre viajes y haciendo todo lo que se me pida.

9 comentarios en «LOS MOAIS DE LA ISLA DE PASCUA»

  • el domingo, 27 de junio de 2021 a las 11:41 am
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    Fascinante Gabi!!! Encontrarte en un lugar tan remoto en medio del océano debe ser ya de por sí estremecedor. Si le añades las praderas y cráteres de lo volcanes e ir tropezando con los Moais ya puede darte un arrebato. Lo cuentas de una manera tan pausada, detallada y exquisita, acompañada de fotos tan magníficas, que puedo imaginar las sensaciones y casi que lo doy por visto.
    Muchísimas gracias por regalarnos tantas sensaciones bonitas. Un abrazo.

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    • el martes, 29 de junio de 2021 a las 11:31 am
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      Cinta, por muchas fotos magníficas que te enseñen y por mucho que imagines las sensaciones…, no lo des por visto !! Recuerda que “cada lugar tiene tantas versiones como ojos lo ven”…, así que a Chile…. jaja.
      Bueno, en cualquier caso me alegro de que te haya gustado y te agradezco mucho tus bonitos comentarios.
      Un abrazo

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  • el domingo, 27 de junio de 2021 a las 12:14 pm
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    ¡Qué maravilla, Gabi! Aunque no lo doy por visto, al contrario, aún tengo más ganas de ir, coincido con Cinta en que tu fascinante relato y las maravillosas fotos que lo acompañan, han sido como estar allí por momentos.
    Me encantan especialmente las dos fotos de Moais al amanecer y al atardecer y me imagino las sensaciones místicas acompañantes que me han hecho pensar en el monumento de Stonehenge donde si he estado ¿era algo parecido?

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    • el martes, 29 de junio de 2021 a las 11:38 am
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      Maite, yo no he estado en Stonehenge, pero seguro que ambos son lugares mágicos a los que acudimos predispuestos para vivir “sensaciones místicas”, como bien dices.
      Muchas gracias por tus comentarios…y espero que nos cuentes pronto tus viajes pendientes…, hasta te podrían salir en una ruta montada “del tirón”…, Machu Picchu, Pascua, Patagonia..jeje…
      Un abrazo

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  • el domingo, 27 de junio de 2021 a las 9:50 pm
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    Gabo, Otra maravilla de relato. No se si sabes que con estas descripciones que nos propones, además de emocionar, vas a acabar ocasionando más de un problema de convivencia: ” uff que bonito! vamos a Filipinas” “no, no vamos a hacer una rutita por Grecia” “ah no! prefiero Pascua i un poquito de Patagonia”…. mira, a mi me tienes loco y yo creo que si te consideras amigo mio lo más razonable sería que le hicieras un hueco a Adela en vuestro próximo viaje y así, todos contentos.
    Un abrazo

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    • el martes, 29 de junio de 2021 a las 11:43 am
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      Hombre ! Adela tiene un hueco en nuestros viajes siempre que quiera, pero me daría mucha pena por tí, que te perdieras esos lugares.. jaja.
      Por cierto, todavía me queda un destino “especial” del que creo que, ese sí, no te salva ni la caridad…., ahí te veo llevando a Adela seguro…. jajaja ( ya aparecerá )
      Gracias por los comentarios y un abrazo.

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  • el lunes, 28 de junio de 2021 a las 7:42 pm
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    Bien Gabi, vamos exponiendo diferentes menús de viajes, diversas formas de ocio y vida, para que cada uno de nosotros, apreciándolos todos, saboreemos los que nos resulten más gustosos.
    La Isla de Pascua es de gran sabor viajero.
    Gracias amigo, abrazos.

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  • el miércoles, 30 de junio de 2021 a las 7:32 pm
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    Gracias Gabi por ahorrarme otro viaje. Lo describes tan insuperablemente que si voy , la cago.
    Al amanecer estaría nublado con medusas en la playa idílica y al atardecer los mosquitos gigantes serían despiadados.
    Tengo que confesar que encima no sería bien recibido. Un lejano antepasado, Maristany , pirata para mas señas (en mi familia con los Millet y los Maristany no ganamos para hacer méritos para el premio al mejor delincuente), fue el responsable de la aniquilación de la mayoría de indígenas de la isla.
    Murió en la cama tan pancho.
    Si voy es posible que me conviertan en Moai viviente.
    Ya ves, querido amigo, esta vez tengo una buena excusa.
    Un abrazo enorme

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  • el lunes, 5 de julio de 2021 a las 8:54 pm
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    ¡Fantástico Gabi! A mi me has convencido. ¡Hay que ir a la Isla de Pascua! Contemplar la puesta de sol o el amanecer en compañía de los moais, silenciosos y colosales espectadores del mar y del mundo.
    Siempre me ha generado mucho interés y curiosidad esa “isla misteriosa”, perdida en medio del océano y asiento de una antigua cultura cuyo rastro supera con creces cualquier idea de la mejor novela de aventuras que uno pueda imaginar.
    Tu magnífica descripción de todos los atractivos de la isla la hace aún más apetecible. Esta genial.

    Las islas han ejercido sobre mi siempre un magnetismo muy especial como viajero. Islas e islotes. Aislados pedazos de mundo con una historia tantas veces convulsa.
    Estando como estoy, escribiendo este comentaio desde la Menorca de los talaiots, la Menorca que estuvo a punto estubo de sucumbir frente al turco en 1558 y luego fue, entre otras cosas, británica durante un siglo…que te voy a contar.
    Decía Pla: “tinc un temperament insular, las illas em tenen el cor robat” y también “Soc un “illòman”, una malaltia de l’esperit encara no qualificada pels facultatius”.
    Tu preciosa entrada Gabi, ha reagudizado mi propia “islomanía”.
    Pascua quiza sea en muchos aspectos la quintaesencia, el gold standard de isla… así lo parece tal y como nos lo has contado.
    Gracias. Un abrazo.

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