LAOCOONTE

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Figura de la entrada: “Tres novias para dos hermanos y un padre”. Autor: Pere Ramírez. Roma 1980.

CONCURS CERCANT L’ART IV (nº2, febrer):

SOLUCIÓN: Laocoonte y sus hijos. Mármol, 2,4 m de altura. Estilo helenístico. Museos Vaticanos.

ACERTANTES (por orden alfabético): Maite Talón, Manel Serrano, Pepe Ruiz, Pere Ramirez y Pere Sanchez.

COMENTARIO

“Y sus cuerpos furiosas oprimían

y delicados miembros despedazan

con mordidas crueles. Laocoonte volando,

de sus hijos al ver tal desgracia,

presuroso se lanza a su socorro;

mas entonces raudas también asaltan

del sacerdote el cuerpo y dobles nudos

le ciñen con cerúleas escamas.

Y lanza al cielo horribles alaridos;

cual del altar salvado de un toro brama”.

Eneida. Virgilio (70 a. C-19 a.C)

Laocoonte mosaico
Laocoonte. Fresco del siglo I d. C. hallado en Pompeya. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles

Según la Eneida, Laocoonte era un sacerdote de Poseidón (Neptuno para los romanos) que alertó a los troyanos de la posible trampa que encerraba el gigantesco caballo de madera que les ofrecían los griegos, el Caballo de Troya. Él mismo le golpeó con su lanza pero sus compatriotas no le hicieron caso. Protegiendo a los griegos, la diosa Atenea, furiosa, mandó dos serpientes que emergieron del mar y devoraron a Laocoonte y a sus hijos.

Antes de la Eneida, la historia de Laocoonte había sido el tema de una tragedia de Sófocles, hoy perdida, y también la habían mencionado otros escritores griegos. Homero no habló de Laocoonte en la Iliada, pero sí de las hazañas de Eneas, un caudillo troyano hijo del príncipe Anquises y de Afrodita.

Virgilio recogió el testigo de Homero y siguiendo la tradición mitológica grecorromana salvó a Eneas de la Troya conquistada por los griegos y le llevó a través de sus versos y un largo periplo hasta el Lacio, donde se caso con Lavinia, hija del rey Latino. Sus descendientes Rómulo y Remo fundarían Roma.

La Eneida es un ejemplo del reconocimiento por parte de Roma de la influencia de la cultura griega ya desde sus orígenes, al arribo de la civilización etrusca y de las colonias griegas presentes en el sur de la península itálica y Sicilia desde el año 750 a. C.   

Roma inició su expansión por la península itálica a partir de 500 a. C. y con su aumento de poder nació una mitología destinada a justificar su papel dominante. Recelosos ante los dioses omnipotentes de Grecia, los romanos adoptaron como progenitor de su estirpe al troyano Eneas y como fundador de su ciudad a Rómulo. Era tanta la importancia que los romanos otorgaban a su origen que atribuyeron a la fundación de Roma una fecha concreta, el 21 de abril de 753 a. C. Los dos héroes encarnaban virtudes humanas especialmente admiradas por los romanos, como la destreza militar, la paciencia y la lealtad.

A lo largo de los siglos III y II a. C., Roma se fue expandiendo por el Mediterráneo y en el año 146 a. C., tras la batalla de Corinto, completó la conquista de Grecia. Roma, aunque victoriosa,  no intentó imponer a Grecia su propia cultura; al contrario, fueron los romanos quienes resultaron profundamente influidos por la helénica. Con razón, dado que el arte, la arquitectura, la metalurgia y las habilidades culturales de la monarquía macedónica y de los reinos griegos de Asía estaban infinitamente más avanzados que los toscos niveles de arte y cultura predominantes en Roma. Asimilaron sus dioses (Zeus se identificó con Júpiter, Afrodita con Venus, Dionisos con Baco, etc.), latinizaron muchas palabras griegas y usaron los órdenes arquitectónicos para sus propias estructuras.

Batalla de Corinto 1
Escena de la batalla de Corinto. Tony Robert-Fleury, 1870. Óleo sobre lienzo; 401 x 602 cm. Musée d’Orsay. París.

En gran medida, el  talento del mundo griego se introdujo en Roma a través de los esclavos, prisioneros de guerra e inmigrantes entre los que había músicos, artistas, escritores, maestros, médicos o cocineros.

El respeto por el acervo intelectual del mundo griego indujo a muchas familias romanas a asumir preceptores griegos y sirvió de inspiración a los estudiosos romanos, quienes aplicaron su propia capacidad analítica a temas más prácticos , como la agricultura o la administración pública.

Las nuevas conquistas significaron para Roma un enorme aumento de la prosperidad y estimularon el mecenazgo. Inspirándose en modelos helenísticos, el patriarcado romano comenzó a construirse palacios de un lujo y una grandiosidad sin precedentes. El nuevo gusto por la opulencia halló una expresión en el uso cada vez más frecuente del mármol.

Las nuevas modas e importaciones despertaron los tradicionales temores romanos ante el lujo que era considerado asiático y oriental. En contra de la ancestral virtud romana de la austeridad, el afán de opulencia podía intensificar la rivalidad en el seno de la clase alta en un momento de explosión de las oportunidades. Ante este peligro, en la segunda mitad del siglo II a. C. algunos miembros del senado propusieron varias leyes que intentaban frenar el lujo, como por ejemplo limitar el consumo de productos de importación, evitar los sobornos y regular la carrera política de cualquier individuo. Naturalmente las leyes fueron impugnadas o simplemente desobedecidas.

El conocimiento del arte griego dio origen al personaje del conocedor o entendido. Muchos romanos ricos, entre los cuales se encontraba Cicerón, recopilaron grandes colecciones de esculturas griegas originales. A medida que los originales escaseaban, aumentó la producción de copias. Precisamente en las copias romanas se basa la mayor parte de la información del arte griego que ha llegado hasta nosotros.  

La escultura griega evolucionó desde un arquetipo arcaico geométrico y simétrico (inspirado por los egipcios) hasta el realismo de la anatomía y la expresión del periodo clásico (siglos V y IV a. C.), como el que se pone de manifiesto en el Partenón de Atenas (447-432 a. C.).

Estilo arcaico 2
Kuros de Anavyssos. Periodo arcaico. Museo Arqueológico Nacional de Atenas.
Dionisio.
Hermes con el niño Dionisio. Praxíteles. Periodo clásico. Museo Arqueológico Nacional de Olimpia.

A mediados del siglo IV a. C. Macedonia se convirtió en una extraordinaria potencia desde el punto de vista militar, político y cultural. Alejandro Magno (356-323 a. C.) dominó el territorio comprendido entre Grecia y el Asia Central, además de Egipto. Tras la muerte de Alejandro sus generales se repartieron el vasto imperio dando lugar a tres grandes reinos donde se asentaron las correspondientes dinastías.

Este inmenso poder transformó el clima sociopolítico y cultural de Grecia y marcó el inicio del periodo helenístico en el que cambió el propósito del arte.

Los nuevos mecenas eran los sucesores de Alejandro  y cada uno de ellos buscaba promover su imperio. El arte, que previamente estaba destinado a los templos a modo de ofrenda a los dioses o de glorificación del estado, pasó a utilizarse para embellecer residencias y palacios, conmemorar victorias militares o representar a los dioses greco-egipcios locales. A los retratos de miembros de la realeza se sumaron representaciones grotescas, de niños, ancianos y miembros de distintas etnias, muchas de ellas de origen africano, reflejo de la diversidad del mundo helenístico.   

Las esculturas  adquirieron más movimiento, detalles y emociones que en el periodo clásico. Las expresiones faciales que en su día fueron estoicas empezaron a contorsionarse para transmitir tormentos, tanto físicos como psicológicos, como es el caso del altar de Zeus de Pérgamo, construido en la actual Turquía y conservado en Berlín, y la escultura Laocoonte y sus hijos .

Altar depergm
Detalle del friso del altar de Pérgamo: Hécate lucha contra Clitio y Artemisa contra Oto. Museo de Pérgamo. Berlín.

En el siglo I a. C., Roma era un importante centro de producción helenística que atraía a numerosos artistas griegos.

El periodo helenístico finalizó cuando Octaviano, más tarde emperador Augusto (63 a. C-14 d.C.), derrotó a Marco Antonio en la batalla de Actium. Con la conquista de Egipto caía la última dinastía sucesora de Alejandro, la Ptolemaica.   

En el Renacimiento resurgió el fervor por el mundo clásico y las antigüedades. A comienzos del siglo XVI Roma estaba redescubriendo su pasado, es especial sus ruinas y esculturas. Los nobles y la Iglesia pugnaban por las obras de arte clásica y se pagaban fortunas por adquirirlas.

El mismísimo Papa, Julio II de la Rovere, supervisaba las excavaciones de la Domus Aurea del emperador Nerón, después convertida en las termas del emperador Tito, situada cerca del Coliseo, cuando el 14 de enero de 1506 Felice de Fredis, labrando su viñedo emplazado en esa zona, descubrió una escultura.  Se mandó aviso al Papa quien encargó al arquitecto y escultor Giuliano de Sangallo que supervisara el hallazgo. Este se hizo acompañar por Miguel Ángel que en esa época se encontraba en Roma discutiendo con el papa el encargo de su mausoleo. Cavaron un hoyo más grande y vieron emerger tres figuras masculinas de mármol contorsionadas con serpientes enroscadas en sus cuerpos Fue Sangallo el primero en reconocer a Laocoonte, exclamando: “¡Este es el Laooconte que mencionaba Plinio!

Y es que Plinio el viejo (Comum c. 23-Estabia 79 d. C.), en su estudio de la escultura en piedra griega y romana, comprendido en su Historia Natural, dejo escrito:

“…Debe ser situada por delante de todas, no solo del arte de la estatuaria sino también del de la pintura. Fue esculpida en un solo bloque de mármol por los excelentes artistas de Rodas Agesandro, Polidoro y Atenodoro y representa a Laocoonte, sus hijos y las serpientes admirablemente enroscadas”.

Laocoonte. Hallazgo
El hallazgo de Laocoonte. Hubert Robert, 1773. Óleo sobre lienzo; 119 x 163 cm. Museo de Bellas Artes de Virginia.

Tanto Miguel Ángel como Sangallo aconsejaron a Julio II adquirir la obra, por la que pagó 600 ducados, una cantidad importante para la época. El Papa la emplazó en los jardines de la Villa Belvedere (hoy en día parte de los Museos Vaticanos), una villa que se hacía construir a semejanza de las residencias de la antigua Roma. Fue la primera construida en este estilo que rápidamente se puso de moda.

Fue tal la importancia y el impacto del hallazgo de Laocoonte y sus hijos que la tumba de Felice de Fredi se encuentra en la cima de Roma, en la iglesia Santa María de Aracoeli elevada en la cumbre del Monte Capitolino. Su epitafio reza lo siguiente:

Epitafio de F. de Fredis 1

A FELICE DE FREDIS, QUE MERECE LA INMORTALIDAD POR SU VIRTUD Y POR HBER ENCONTRADO LA DIVINA ESTATUA DE LAOCOONTE, QUE, EXPUESTA EN EL VATICANO, CASI PARECE RESPIRAR.

Cuando fue descubierto el conjunto escultórico faltaba el brazo derecho de Laocoonte y el de uno de sus hijos, la mano izquierda del otro y partes de las serpientes. Se decidió restaurarlo, provocando una gran controversia sobre cómo debería haber sido el gesto del brazo que le faltaba a Laocoonte. Miguel Ángel propuso colocarlo en posición de flexión, pero no se llegó a añadir y actualmente se expone junto al grupo escultórico. Posteriormente se realizaron varias restauraciones con muchas polémicas por cuales serían las posturas de los brazos en el original, optándose finalmente por brazos extendidos.

Francisco I de Francia consiguió permiso del Papa para obtener unos moldes de la escultura, realizándose en 1540 una copia en bronce que se instaló en el palacio de Fontainebleau. A esta le siguieron muchas otras copias que se encuentran repartidas en palacios, museos y jardines de todo el mundo.

Copia de Laocoonte
Laocoonte y sus hijos. Copia en bronce. Rijksmuseum. Amsterdam.

En 1798 el ejercito de Napoleón trasladó a Laocconte y sus hijos a París como botín de guerra, permaneciendo en el Museo del Louvre hasta su devolución al Vaticano en 1816.

En 1905, el anticuario y coleccionista de arte Ludwig Pollack (Praga 1868-Auschwitz 1943) reconoció el brazo de Laocoonte en una vieja tienda de la vía Labicana de Roma. El brazo tenía una postura flexionada, tal como había avanzado Miguel Ángel. Pollack lo donó al Vaticano y al colocarlo en la presunta situación original, él mismo dudó de que fuera el auténtico por el distinto color del mármol y porque le pareció de menor tamaño del que pensaba que le correspondía. Estudiosos posteriores contradijeron esta suposición, atribuyendo la diferencia de color a las desiguales formas de conservación y el tamaño a que no estaba completo. Finalmente, entre 1957 y 1960 se acopló el brazo de Pollack al conjunto escultórico y se retiraron las piezas añadidas en restauraciones previas.

En un libro publicado recientemente, El brazo de Pollak del escritor alemán Hans von Trotha, se nos cuenta de forma novelada que en 1943 llegó al palazzo de Pollak en Roma un emisario de la Santa Sede para avisarle de una inminente deportación y a ofrecerle a él y a su familia el refugio papal. El erudito vienés antes que escapar prefirió rememorar su pasado y acabó siendo arrestado y asesinado en Auschwitz, como más de mil judíos romanos. 

La datación de la escultura Laocoonte y sus hijos exhibida en los Museos Vaticanos es controvertida. Inicialmente se fechaba en el siglo I a. C. porque se conservaban firmas pertenecientes a ese siglo de un escultor de Rodas llamado Atenodoro. A mediados del siglo XX surgieron estudios que lo relacionaban con el Altar de Zeus de Pérgamo (siglo II a. C). También se sugirió que podría ser una copia romana de una escultura en bronce.

Su creación en el siglo II a. C. se puso en duda al descubrirse en 1957 varios fragmentos de otros cinco grupos escultóricos en la llamada Gruta de Tiberio de Sperlonga, en la costa sur del Lacio.  Los grupos representan temas homéricos y o bien fueron escondidos en la cueva por ricos ciudadanos para evitar su destrucción, posiblemente a manos de los primeros cristianos, o bien fueron tallados expresamente para dicha cueva, habilitada por Tiberio como sala de banquetes. Uno de los grupos, que representa el tema de Ulises cegando a Polifemo, lleva la firma de los tres escultores rodios mencionados por Plinio, Atenodoro, Agesandro y Polidoro. La inscripción, según la mayoría de los epigrafistas, debe pertenecer al siglo I d. C., por tanto, los autores habrían vivido en ese siglo. Cabe pensar que tanto el grupo de Ulises como el de Laocoonte fueran encargados en ese siglo por un mecenas romano, quizá el mismo emperador Tiberio.

Gruta de Tiberio
Gruta de Tiberio. Sperlonga. Italia
Sperlonga
La ceguera de Polifeno. Reconstrucción de yeso. Sperlonga.

Laooconte y sus hijos es una composición de figura piramidal, expresión patética y líneas curvas que plasman un movimiento unísono y armónico. Los cuerpos, musculosos, apiñados, se contorsionan para intentar zafarse de las serpiente. Pero todo es inútil. El rostro de Laocoonte es capaz de mostrar el  horror, la angustia, la desesperación y la impotencia en un solo gesto esculpido en mármol. Es la agonía detenida en el tiempo desde hace dos mil años. El “instante pregnante” que acuñó Lessing al contemplarlo en 1766.

Febrer 1
Laocoonte y sus hijos. Mármol,;2,4 m de altura. Museos Vaticanos.

La obra ya tuvo gran influencia en la época de su descubrimiento debido a su grado de perfección. El mismo Miguel Ángel se inspiró en ella para realizar varias de sus obras, como algunas de las figuras del techo de la Capilla Sixtina.

Doscientos años después, El Greco pintó a Laocoonte y sus hijos. En el cuadro, los cuerpos desnudos, desmaterializados, emanan luz con su palidez. Ya no están agrupados; se ha desintegrado la pirámide del antecedente escultórico. El padre y uno de los hijos yacen en el suelo, mientras el otro sigue en pie luchando con la serpiente. El animal describe un círculo y el brazo que le aparta se extiende hacia el centro del cuadro, incrementando la perspectiva. En el lado derecho aparecen dos figuras, quizá dioses, observando la dramática escena. Una de ellas tiene dos cabezas, cuyo significado se desconoce. Algunos expertos opinan que es factible que se deba a los trabajos de restauración del cuadro que podrían haber hecho desaparecer los últimos retoques de la obra. Al fondo aparece Toledo (algo relativamente frecuente en las obras del Greco) con una orografía amenazante bajo un cielo de tormenta. El centro del lienzo lo habita un caballo que podría representar al Caballo de Troya.

Laocoonte. El Greco
Laocconte. El Greco, 1610-1614. Óleo sobre lienzo; 135 x 172 cm. National Gallery of Art. Washington.

El cuadro es una obra tardía de El Greco, el único de temática exclusivamente mitológica de su trayectoria. No se conoce con seguridad que le inclinó a escoger este tema, pero una hipótesis que se baraja es que fuera una analogía con lo sucedido a Bartolomé de Carranza (1503-1576), arzobispo de Toledo, el cual sorprendió por su modo de ejercer la caridad:

“Después que tomó la posesión del Arzobispado, es cosa averiguada que gastó los 80.000 ducados en redimir cautivos, en casar huérfanas, sustentar viudas honradas, dar estudio en las Universidades a estudiantes pobres, en sacar presos de las cárceles y dar a los hospitales”.

En plena efervescencia de la Contrarreforma (1545-1648), Carranza se creó muchos enemigos por sus advertencias acerca de la relajación de costumbres en el seno de la Iglesia Católica. En 1559 fue acusado de herejía por el Tribunal de la Inquisición y permaneció en prisión 17 años, seis en España y el resto en el Castillo de Sant’Angelo de Roma, debido a la demora de su proceso. Mientras quedó descubierta la vacante del Arzobispado de Toledo, Felipe II cobró las pingües ganancias del mismo. Finalmente fue absuelto en 1576, falleciendo al cabo de dos semanas.

Gregorio XIII, como reparación por su confusa sentencia, redactó el epitafio que se puso sobre su tumba: “Bartolomé Carranza, navarro, dominico, Arzobispo de Toledo, Primado de las Españas, varón ilustre por su linaje, por su vida, por su doctrina, por su predicación y por sus limosnas; de ánimo modesto en los acontecimientos prósperos y ecuánime en los adversos”.

Quizá El Greco consideraba a Carranza una especie de Laocoonte cristianizado. Como el héroe de Troya y tantos otros, uno más en sufrir los tormentos de decir la verdad.

“Son hoy muy odiosas
qualesquier verdades
y muy peligrosas
las habilidades
y las necedades
se suelen pagar caro.
El necio callando
parece discreto
y el sabio hablando
se verá en aprieto.


Y será el efeto
de su razonar
acaescerle cosa
que aprende a callar.
Conviene hacerse
el hombre ya mudo,
y aun entontecerse
el que es más agudo
de tanta calumnia
como hay en hablar:

sólo una pajita
todo un monte prende
y toda palabrita
que el necio no entiende
gran fuego prende;
y, para se apagar,
no hay otro remedio
si no es con callar”.

Bartolomé de Carranza

NOTA: Todas las imágenes son de dominio público (Wikimedia commons).

BIBLIOGRAFIA:

El mundo clásico. Robin Lane Fox. Ed. Crítica, 2005.

La antigua Grecia. Roland y Françoise Étienne. National Geographic. Ed. RBA, 2005.

Historia del Arte. Mary Hollingsworth. ED. Tikal

Arte, toda la historia. Stephen Farthing. Ed. Blume, 2019.

El brazo de Pollak. Hans von Trotha. Ed. Periférica, 2024.

Laocoonte, del Greco. Conferencia impartida por Leticia Ruiz. Museo del Prado, 5/10/2014. YouTube.

Wikipedia.

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Un comentario en «LAOCOONTE»

  • el domingo, 24 de marzo de 2024 a las 6:28 pm
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    Magnífica entrada Cinta. Me ha parecido muy interesante , incluyendo lo sucedido al arzobispo Carranza y la hipótesis acerca de su posible relación con el Laocoonte pintado por El Greco

    ¡ Un abrazo !

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