El cura rojo

Figura de la entrada: Regata en el Gran Canal; óleo sobre lienzo, 122 x 182 cm. Canaletto, 1740. National Galery. Londres.

Hablamos de Vivaldi (Venecia 1678-Viena 1741), conocido por il prete rosso (el cura rojo), no por su adscripción política, impensable en aquella época, sino por su pelo cobrizo. Probablemente fue su padre, barbero y violinista, quien le familiarizó con el instrumento. A los 15 años ingresó en el seminario y fue ordenado sacerdote en 1703, pero al  año de profesar obtuvo la disculpa de cantar misa alegando problemas de asma y pudo dedicarse de lleno a su gran pasión, la música. Su maestría se refleja en haber cimentado el género del concierto, el más importante de su época.

La Venecia de la primera mitad del S. XVIII en la que vivió Vivaldi ya había empezado su decadencia política y económica. Después de la conquista de América fue perdiendo progresivamente sus influencias comerciales ya que no tenía ni arte ni parte en las grandes rutas transoceánicas occidentales y por añadidura las manufacturas textiles se habían trasladado a los disciplinados países septentrionales, o dicho de otra forma, sufrió la deslocalización propia de esos tiempos.

Sin embargo, la naturaleza, la belleza de sus edificios, la espectacularidad de sus ceremonias religiosas y civiles, su vivir sensual, despreocupado y festivo, un carnaval de casi cinco meses de duración y la música, habían hecho de Venecia un escenario magnífico, de ensueño, y la ciudad viró hacia el sector terciario, a vivir del turismo gracias a su enorme prestigio cultural. Era la ciudad de la moda, el diseño, la música, la pintura y la escritura, y allí se desplazaba la aristocracia europea para contratar profesionales de las artes que concedieran mayor brillantez a sus cortes, todavía sospechosas de provincianismo.

Escena de carnaval; óleo sobre lienzo, 80 x 110 cm. Giovanni Domenico Tiepolo, 1755. Museo del Louvre. París.

Al ser Venecia icono de la cultura y la moda exigía novedades a sus artistas y Vivaldi no defraudó a la hora de marcar tendencias. Era un gran violinista que llevó el instrumento hasta sus límites consiguiendo una expresividad de efectos insospechados, un gran compositor que entendió el ritmo como elemento propulsor que dinamita con endemoniadas cadencias, director de orquesta y empresario.  

Vivaldi fue muy admirado como interprete, pero su gran reputación se basó en sus composiciones, concretamente en los conciertos. Dio un impulso decisivo al concierto para solistas estructurando tres movimientos (Allegro-Adagio-Allegro), que compuso con prodigalidad y, al parecer, con facilidad.  El violín fue el instrumento privilegiado, pero compuso también para otros instrumentos de cuerda y viento. Tanto como el virtuosismo exigido al solista asombra la sagacidad con que rompe la uniformidad de sus esquemas constructivos por medio de modificaciones tímbricas, armónicas y de textura orquestal.

Fue un compositor muy prolífico. En la actualidad se conservan 330 conciertos para solistas a los que hay que sumar 150 de otros tipos, además de cerca de 50 óperas y música sacra.

Desde 1710, aproximadamente, sus conciertos se difundieron en manuscritos que los visitantes de Venecia buscaron ávidamente como souvenirs, tanto como los cuadros de Canaletto y demás pintores especializados en las vistas .

La edición de sus obras en Amsterdam, ciudad que estaba a la vanguardia de la publicación musical, aumentó considerablemente su fama. L’estro armónico (opus III, 1711) con conciertos para uno, dos y cuatro violines, supuso una auténtica conmoción en los ambientes musicales de media Europa. De esta colección proceden los conciertos estudiados y transcritos por Bach y muchos príncipes alemanes solicitaron insistentemente el envío de partituras del maestro italiano.    

A pesar del ritmo frenético de su vida y el éxito conseguido, Vivaldi no abandonó nunca su faceta de maestro; durante casi ocho lustros (1703-1740), salvo en los años que residió en la corte de Mantua o durante sus viajes por Italia o Europa para promocionar su obra, trabajó como maestro de música en el Hospital de la Piedad, prestigiosa institución dedicada  a la beneficencia de niños abandonados, financiada por La República. Mientras los niños aprendían un oficio, las niñas recibían una educación musical y aquellas que más destacaban se quedaban y se convertían en miembros de la reconocida orquesta y coro del Ospedale. Vivaldi mejoró de tal modo la calidad musical del centro que sus conciertos fueron de asistencia inexcusable para propios, incluido el Dux, y extraños (pinchando aquí podéis ver una escena al respecto de la película “Vivaldi, un príncipe en Venecia”, en la que se escucha el primer movimiento, Allegro, del concierto en La menor Op. 3 nº 6 de L’estro armónico).

En 1740 Vivaldi se trasladó a Viena, probablemente buscando el abrigo del emperador Carlos VI que le profesaba gran admiración. El viaje fue funesto porque el repentino fallecimiento del monarca obligó a cancelar sus espectáculos y poco después contrajo una enfermedad mortal. Fue despedido con un pobre funeral, similar al de otro grande de la música, Mozart, 50 años después.

La música de Vivaldi cayó poco después en el más absoluto de los olvidos hasta mediados del S. XX en que Marc Pincherle publicó una gran monografía del músico veneciano. A partir de entonces muchas de sus partituras se han redescubierto en archivos de todo el ámbito europeo y no han dejado de llenar las salas de conciertos. 

La obra más conocida de Vivaldi son Las cuatro estaciones, publicada en 1725 junto a otros ocho conciertos, entre ellos La tempestad del mar y El placer, bajo el título de Il cimento dell’armonia e dell’invencione, con las que consiguió la cima de su popularidad. En estas composiciones se manifiesta más que en otras partituras el carácter dramático e iconoclasta de su música. El maestro lleva a la armonía y a la melodía a límites prodigiosos, a la imprevisibilidad absoluta, a disonancias fuera de lo común para después regresar como por ensalmo al orden establecido. 

Vivaldi puso título y acompañó con un soneto a cada uno de los conciertos de Las cuatro estaciones (Primavera, Verano, Otoño e Invierno), siendo un ejemplo primerizo de música programática o descriptiva, disciplina de las formas musicales ampliamente desarrollada en el siglo posterior.

Sirva como ejemplo El Invierno. En el primer movimiento, Allegro non molto, la disonancia que nace del bajo a la que se añaden todas las cuerdas da cuenta de un ambiente gélido y desangelado, después el  solista imita al viento cortante y finalmente los violines reproducen el picar de los pies y el castañeo de dientes por el frio.   

En el segundo movimiento, Largo, la melodía del solista reproduce la calidez junto a la chimenea mientras el resto de violines describen en pizzicato la lluvia tras los cristales.

El tercer movimiento, Allegro, es el más contrastado de la serie. Quiere expresar el miedo a caminar sobre el hielo, la caída al suelo, el susto y la carrera subsiguiente al resquebrajarse la capa de hielo. El furibundo viento del sur, acompañado por todos los vientos, pone el punto final.

Y con este viento lo dejamos, esperanzados en que pronto nos lleguen las brisas de primavera.

Cinta

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Cinta

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4 comentarios en «El cura rojo»

  • el sábado, 20 de febrero de 2021 a las 12:24 pm
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    Cinta, Venecia i Vivaldi són una debilitat per mi.
    Venècia ha quedat en el record de les tres vegades que hi he anat. M’hagués encantat haver pogut viure-la en la seva època més esplendorosa.
    Vivaldi continua sent un present. Escolto la seva música sovint i, els violins em transporten a un viatje emocional del qual gaudeixo moltíssim.
    Com sempre, aquests relats acompanyats d’aquests cuadres, són deliciosos de llegir.
    Petons.
    Pere S.

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  • el sábado, 20 de febrero de 2021 a las 8:54 pm
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    Es un lujo leerte y no me canso de darte las gracias. Vas a tener más artículos que conciertos Vivaldi, porque no te vamos a permitir que pares de proporcionarnos toda tu cultura y esfuerzo. Un enorme beso. Suerte que te veo cada viernes!!!

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  • el domingo, 21 de febrero de 2021 a las 9:54 am
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    Cinta, quina gran aportació la teva. No sols pel que significa d’il·lustració nouvinguda, sinó per les meravelloses estones que, be dissabte, be diumenge matí, les teves eleccions musicals ens fan passar.
    Et felicito. Ah! això de Venècia amb cinc mesos de carnaval ho haguéssim hagut de conèixer en la nostra època.
    Manel

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  • el domingo, 21 de febrero de 2021 a las 12:40 pm
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    Que bien, leer y aprender tantas cosas en 7 minutos de lectura ! Seguro que a tí te cuesta un poco más prepararlo, escribirlo y editarlo, por eso te doy las gracias, porque es un placer disfrutar de tus didácticas e interesantes aportaciones culturales.
    En este caso has juntado una vez más, música y entorno histórico, describiendo un tiempo y un lugar de forma que dan ganas de haber estado allí.
    Y ahora voy a escuchar otra vez “el invierno”, a ver si pillo lo del “pizzicato”….
    Un abrazo

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